21/08/2026
«Nuestras relaciones interpersonales a la luz del Evangelio Dominical» de 23 de agosto 2026: Mateo 16,13-20
Nuestra vida es una red de relaciones: con quienes viven con nosotros, con familiares y amigos que están lejos, con personas que nos inspiran y orientan, e incluso con quienes han mu**to y siguen presentes en nuestra memoria.
En tiempos de crisis, estas relaciones sólidas adquieren un valor especial. La familia puede convertirse en una Iglesia doméstica, lugar donde Jesús ocupa un espacio real.
También necesitamos personas sabias que nos ayuden a interpretar la realidad y profetas que nos despierten ante las injusticias y nos impulsen a actuar. Sin profetas, la fe corre el riesgo de quedarse sin compromiso personal, familiar y social.
El Evangelio plantea la pregunta decisiva de Jesús: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?».
-No se trata tanto de definir quién es Jesús,
+sino de revisar nuestra relación personal con Él.
Cada persona construye una determinada imagen de Jesús según su historia, formación, psicología, intereses y ambiente social. Por eso es necesario purificar continuamente nuestra imagen de Cristo: una visión parcial o deformada de Jesús conduce también a una vivencia parcial o deformada de la fe.
+La gente reconoce en Jesús sobre todo a un profeta. Esta percepción no es falsa: Jesús denuncia, anuncia, desafía y arriesga su vida por el Reino, hasta llegar a la cruz.
Pero es insuficiente.
+Pedro da un paso más y proclama: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Sin embargo, incluso Pedro debe purificar su comprensión del Mesías:
-Jesús no es un rey político que viene a satisfacer las expectativas humanas de poder, prosperidad o prestigio.
+Su mesianismo pasa por el servicio, el sufrimiento, la entrega y la cruz.
Por eso, seguir a Jesús implica una actitud profética. Quienes mejor nos recuerdan hoy a Jesús son quienes, mediante su vida y su compromiso, denuncian las injusticias, defienden a los excluidos y abren caminos nuevos.
La actuación profética del papa Francisco y ahora del papa León XIV aparecen como ejemplos de una fe que no permanece indiferente ante el sufrimiento ni ante los abusos de poder.
-La Iglesia, además, no se fundamenta en la persona de Pedro o de sus sucesores,
+sino en la fe que Pedro confiesa: Jesús es el Mesías.
El ministerio de Pedro está al servicio de la comunidad y debe expresar su camino común. De ahí la importancia de una Iglesia verdaderamente sinodal, en la que el representante no sustituya a la comunidad, sino que sepa discernir y expresar su sentir.
Finalmente, Jesús sigue siendo un misterio vivo que desconcierta, rompe nuestros esquemas y nos impulsa a comenzar de nuevo. Su entrega desenmascara nuestro egoísmo; su pasión por la justicia cuestiona nuestras comodidades; su ternura revela nuestra mezquindad; y su libertad rompe nuestras esclavitudes.
-Conocerlo no significa encerrarlo en una definición,
+sino seguirlo: abrirnos al Padre, actualizar sus gestos de amor, compartir su destino y esperar su resurrección.
Por eso la respuesta más auténtica a la pregunta «¿quién es Jesús para mí?» se da
-no solo con palabras,
+sino con una vida que se deja transformar por Él.