Parroquia de el Sagrario Diocesano, Templo de San Francisco de Asis

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12 de Septiembre: Fiesta del Santísimo Nombre de María     El santo nombre de María, como nos lo recordaba el Papa Bened...
12/09/2026

12 de Septiembre: Fiesta del Santísimo Nombre de María

El santo nombre de María, como nos lo recordaba el Papa Benedicto XVI en 2009, “está totalmente unido a su Hijo, a Cristo, y… nos da valentía para seguir adelante”, en un mundo que anda sumido “en las tinieblas y en los sufrimientos”. En ese mundo, el nombre de María nos mueve a la contemplación del “rostro de la Madre”.

Contra lo que alguno podría pensar, no se trata de un asunto trivial, en lo absoluto. Es cierto que el nombre de María, por sus raíces etimológicas y sentido bíblico, recuerda al de Eva, la primera ‘mujer’; sin embargo, lo hace por radical contraste. A diferencia de Eva, quien pecó apartándose de Dios y condenando a sus hijos, María fue hecha ‘Puerta del Cielo’ y mediadora de todas las gracias concedidas a la humanidad.

“María”, en consecuencia, es el nombre que evoca la obra salvadora de Dios. Por eso, quien pronuncia con amor esa sencilla palabra, “María”, sabe que en ella está referido el gran misterio del amor de Dios para con sus creaturas, los hombres.

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!” (Lc 1, 42)
El nombre de María, asociado al de Jesús, aglutina todo bien y de solo pronunciarse los temores se dispersan. Por María entró la salvación al mundo y por ella la mujer es devuelta con creces al sitial que le corresponde: el lugar más alto sobre el cielo y la tierra.

Con prodigiosa sencillez, el Espíritu Santo, a través de San Lucas, proclama tamaña verdad para gozo y veneración de todo cristiano: “El nombre de la virgen era María” (Lc. 1, 27).

“Ave, María…”
En el libro El secreto admirable del Santísimo Rosario, San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716) relata cómo la Virgen se le apareció a Santa Matilde (896-968), llevando sobre el pecho la salutación angélica escrita en letras de oro. Luego le dijo a la santa: “El nombre de María, que significa Señora de la luz, indica que Dios me colmó de sabiduría y luz, como astros brillantes, para iluminar los cielos y la tierra”.

Desde antiguo, y a lo largo de la historia de la salvación, siempre hubo un respeto especial por la manera como una persona es “nombrada”. El nombre que identifica a una persona es considerado como algo lleno de significado, tal y como la Madre de Dios dejó en claro a Santa Matilde.

El Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2158-2159) señala lo siguiente: “El nombre de todo hombre es sagrado. El nombre es la imagen de la persona. Exige respeto en señal de la dignidad del que lo lleva… El nombre recibido es un nombre de eternidad. En el reino de Dios, el carácter misterioso y único de cada persona marcada con el nombre de Dios brillará a plena luz”.

En consecuencia, si el nombre de todo hombre o mujer merece respeto, con mayor razón los cristianos estamos llamados a honrar los santos nombres de Jesús y de María.

Así lo ratificaba el Papa Emérito Benedicto XVI:

«En el calendario de la Iglesia se recuerda hoy el Nombre de María. En ella, que estaba y está totalmente unida al Hijo, a Cristo, los hombres han encontrado en las tinieblas y en los sufrimientos de este mundo el rostro de la Madre, que nos da valentía para seguir adelante…

… A menudo entrevemos sólo de lejos la gran Luz, Jesucristo, que ha vencido la muerte y el mal. Pero entonces contemplamos muy próxima la luz que se encendió cuando María dijo: "He aquí la sierva del Señor". Vemos la clara luz de la bondad que emana de ella. En la bondad con la que ella acogió y siempre sale de nuevo al encuentro de las grandes y pequeñas aspiraciones de muchos hombres, reconocemos de manera muy humana la bondad de Dios mismo. Con su bondad trae siempre de nuevo a Jesucristo, y así la gran Luz de Dios, al mundo. Él nos dio a su Madre como Madre nuestra, para que aprendamos de ella a pronunciar el "sí" que nos hace ser buenos» (Homilía del Santo Padre Benedicto XVI, Fiesta litúrgica del Dulce Nombre de María, sábado 12 de septiembre de 2009).

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12/09/2026

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Natividad de la Santísima Virgen María8 de Septiembre.      La Natividad de la Virgen es una de las fiestas marianas más...
08/09/2026

Natividad de la Santísima Virgen María
8 de Septiembre.

La Natividad de la Virgen es una de las fiestas marianas más antiguas. Se cree que su origen está ligado a la fiesta de la dedicación, en el siglo IV, de una antigua basílica mariana de Jerusalén, sobre cuyas ruinas fue construida en el s. XII la actual iglesia de Santa Ana. La tradición dice que en este lugar estuvo la casa de los padres de María, Joaquín y Ana, donde nació la Virgen. La fiesta comenzó a celebrarse en Roma en el siglo VIII, con el Papa Sergio I. Es la tercera fiesta de la "natividad" en el calendario romano, que conmemora la Natividad de Jesús, el Hijo de Dios (25 de diciembre, Navidad); la de San Juan Bautista (24 de junio) y la de la Santísima Virgen María, el 8 de septiembre.
En los Evangelios no hay datos que confirmen esta fecha ni los nombres de los padres de María, que la tradición toma del Protoevangelio de Santiago, un escrito apócrifo del siglo II. En Milán, esta fiesta se remonta al siglo X; la catedral, dedicada a "María naciente", fue consagrada en 1572 por San Carlos Borromeo. Y siempre en Milán, en la calle Santa Sofía, se encuentra el santuario donde se conserva una imagen de María recién nacida, custodiada por las Hermanas de la Caridad de las Santas Bartolomea y Vicenta.
En su historia encontramos un milagro sucedido el 9 de septiembre de 1884: la curación de la postulante Giulia Macario, que llevaba varios días muy enferma. La devoción popular a esta imagen se extendió como resultado de las numerosas gracias obtenidas.

Del Evangelio según Mateo
“Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel", que traducido significa: «Dios con nosotros»” (Mt 1,18-23).

El acontecimiento fundamental en la vida de María sigue siendo la Anunciación. La Iglesia la mira como Madre de Dios, pero aún más como la discípula que mejor puede ofrecer el ejemplo y el modelo de vida cristiana con su fe, su obediencia a su Hijo, su servicio a los demás -a su prima Isabel y en las bodas de Caná, por ejemplo-. María es una mujer a imitar también por su confianza en los momentos más oscuros de la historia de su Hijo Jesús. Esto, y mucho más, explica por qué el pueblo de Dios sabe que en ella puede encontrar refugio y consuelo, ayuda y protección.

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Hoy celebramos a Santa Regina, virgen y mártir.     Santa Regina (237-253), virgen y mártir, conocida también como Santa...
07/09/2026

Hoy celebramos a Santa Regina, virgen y mártir.

Santa Regina (237-253), virgen y mártir, conocida también como Santa Regina de Alesia, por la ciudad donde nació, capital del reino de los mandubios, territorio que albergaba la confederación de tribus galas que habitaron Borgoña y Jura.

Regina nació en Grignon (Francia) en el siglo III y perteneció al pueblo eudo. Pese a que se dispone de poca información sobre su vida, su veneración permanece viva en la Iglesia, especialmente entre los católicos franceses.

Regina fue hija de un ciudadano pagano de Alise (Alesia) de nombre Clemente, natural de Borgoña. De acuerdo a la tradición, la madre de Regina falleció durante el trabajo de parto y, como consecuencia, la pequeña fue entregada a una nodriza para ser amamantada. Aquella mujer no la nutrió únicamente con la leche de sus pechos sino que, por ser cristiana, sembró en el corazón de Regina la semilla de la fe; y, como la cuidó como si fuera su propia hija, llegado el momento, pidió para Regina el Bautismo.

Años después, según cuenta la tradición, cuando Regina era ya una jovencita, un prefecto romano de nombre Olibrio se fijó en ella; y, al enterarse del origen noble de la joven, decidió pretenderla de inmediato. Regina se negó rotundamente a contraer nupcias, pese a las insistencias de su padre para que lo hiciera.

Olibrio, al enterarse de que Regina era cristiana, se le ocurrió que podía doblegar su voluntad con amenazas. Complotó para encerrarla en un calabozo con el propósito de chantajearla. La mandó interrogar, la hostigó y la maltrató, esperando que la joven cambie de parecer.

Sin embargo, a pesar de la cruel estrategia, al innoble prefecto le falló el cálculo. Regina no se doblegaría en ningún momento; solo quería ser fiel a la promesa que le hizo a Cristo de permanecer virgen -solo a Él amaba y por Él dejaría de casarse.

Dios, fuente de todo consuelo
En una de las terribles noches que pasó en cautiverio, Regina recibió el consuelo divino a través de una visión de la cruz, de la que venía una voz que anunciaba que su liberación estaba próxima. Y así fue.

Al día siguiente, Olibrio ordenó que Regina fuera sacada de su celda y fuese torturada.

De acuerdo a las Actas de los mártires, Regina fue ejecutada por decapitación el 7 de septiembre, probablemente del año 251 (el año es incierto, y algunas fuentes señalan el 253 como el año de su muerte). Se señala además que durante su ejecución apareció una paloma blanquísima que se posó sobre ella. Los testigos del hecho consideraron esto como un signo de la presencia del Espíritu Santo.

Posteriormente, la muerte de Regina suscitó innumerables conversiones entre quienes estuvieron cerca en los días de su cautiverio y sacrificio. Sucedería algo semejante entre quienes tuvieron noticia de su martirio.

Santa Regina ha quedado inmortalizada en numerosas representaciones artísticas a lo largo de la historia.

Suele ser representada con la palma del triunfo entre las manos (la palma del martirio) y con un hacha o espada al costado, representación del arma con la que fue ejecutada.

Aparecen también las cadenas con que la ataron (a veces sostenidas en una de sus manos), hoy veneradas en la comuna de Flavigny-sur-Ozerain, en Borgoña. Sobre la cabeza de la santa suele pintarse una paloma suspendida en el aire, en alusión a la presencia del Espíritu Santo durante su martirio. A su lado aparece una oveja, como referencia al oficio de pastora, que Regina desempeñó cuando era niña.

Santa Regina es patrona y protectora de las víctimas de la tortura, de los pastores y los carpinteros.

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Santa Teresa de Calcuta, 5 de septiembre.       Santa Teresa de Calcuta (1910-1997), figura protagónica del siglo XX -ll...
05/09/2026

Santa Teresa de Calcuta, 5 de septiembre.

Santa Teresa de Calcuta (1910-1997), figura protagónica del siglo XX -llegó a ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz-, y ejemplo preclaro de liderazgo femenino desde la Iglesia. Ella, impregnada de los valores del Evangelio, se convirtió en servidora de “los más pobres entre los pobres” -según sus propias palabras- haciendo frente de manera efectiva a la indiferencia y el abandono que sufren los más débiles en el mundo moderno.

La Madre Teresa fue una inagotable defensora de la dignidad del pobre y de la vida humana en todos sus estadíos -desde la concepción hasta la muerte natural-, así como una trabajadora incansable por la paz entre los pueblos. Su mayor ambición no fue, ni remotamente, alcanzar premios o reconocimientos, sino compartir el amor de Cristo a través de la caridad y el sacrificio por los que sufren: “Amad hasta que duela. Si duele es buena señal” (Sta. Teresa de Calcuta).

Fue fundadora de las Misioneras de la Caridad -orden religiosa nacida en la India- fue canonizada el 4 de septiembre de 2016 por el Papa Francisco en una Misa celebrada en la Plaza de San Pedro.

Santa Teresa de Calcuta nació en Albania murió y murió el 5 de septiembre de 1997, en la ciudad de Calcuta (India), a los 87 años de edad.

Santa Teresa de Calcuta dio una lección a la humanidad de cómo entender la pobreza y cuál debe ser la forma de enfrentarla si se quiere acabar con esta: con caridad y solidaridad; tal y como Cristo lo hizo en su paso por la tierra. Teresa, por su entusiasmo y constancia, puede ser considerada como un auténtico don para la Iglesia de hoy: ella nos recuerda que el cristiano está obligado a amar Cristo en el que sufre (ver: Mt 25), es decir, en los pobres, los tristes, los abandonados, los enfermos, los que son marginados o desechados por la sociedad.

Para ella, la pobreza más grande no fue necesariamente la que se encuentra en los barrios o zonas signadas por la precariedad -como, por ejemplo, la Calcuta en la que vivió-, sino más bien es esa que caracteriza a todos aquellos lugares donde el amor está ausente, donde la miseria moral corroe a las comunidades humanas, aún habiendo comodidades u opulencia.

La Madre Teresa nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, en ese entonces parte de Albania y hoy territorio de Macedonia. Su nombre era Gonxha Agnes Bojaxhiu, pero adoptó el de ‘Teresa’ al ingresar al Instituto de la Bienaventurada Virgen María, su primera familia espiritual.

Se formo en un hogar católico: bautizada un día después de nacer, recibió la Primera Comunión a los cinco años y la Confirmación un año más tarde.

Teresa ingresó a la Congregación de las Hermanas de Loreto en 1928; y al año siguiente se embarcó hacia la India, donde hizo sus primeros votos en 1937. Permaneció 20 años como miembro de dicha congregación, hasta que Dios le mostró que su camino debía ser otro . Así, el 7 de octubre de 1950 Teresa fundaría a las Misioneras de la Caridad, congregación poseedora de un carisma muy especial: entregarse a “los más pobres entre los pobres” con una radicalidad sin precedentes.

En 1963, la Madre fundó la rama masculina de la congregación, los Hermanos Misioneros de la Caridad; en 1973 a las Hermanas Contemplativas y en 1979 a los Hermanos Contemplativos. En 1984 fundó a los Padres Misioneros de la Caridad y el movimiento Corpus Christi para sacerdotes.

En 1979, la Madre Teresa recibió el Premio Nobel de la Paz por su labor tendiendo puentes para acercar a pueblos y culturas. Ella, una mujer católica residente en un país de mayoría hindú y musulmana, había logrado unir a los pobladores de la India en torno a una causa común: la defensa del ser humano y su dignidad incondicional. La Madre impulsaba esta tarea con tal fuerza que logró conmover al mundo entero. Hizo visible al desamparado, al desprotegido, olvidado o rechazado, pero al mismo tiempo generó cadenas de solidaridad de dimensiones globales. Demostró que el discurso pierde valor si no se pasa a la acción, y que esa acción solo es posible si está sustentada en la oración, porque solo esta mantiene encendido el fuego del amor.

Teresa de Calcuta se entregó de manera particular a ayudar al buen morir de muchas personas que habían quedado a su suerte en las calles, no solo carentes de los mínimos recursos materiales, sino abandonados en todo sentido. La muerte es un hecho inevitable y doloroso, pero duele más si se está en soledad, sin Dios, sin trascendencia, sin alguien que te recuerde que los seres humanos no estamos hechos para la muerte sino para la vida -la vida eterna-.

Santa Teresa de Calcuta tenía bien en claro estas cosas y no se intimidó frente al horror que veían sus ojos. El amor de esta pequeña mujer cristiana logró remecer corazones y conciencias.

Sobre eso de lo que todos hablan: la paz
“... El mayor destructor de la paz hoy en día es el llanto de un niño inocente no nacido. Si una madre puede matar a su propio hijo en su seno, ¿qué peor crimen puede haber que matarse el uno al otro?”

“Para mí, esas naciones que han legalizado el ab**to son las naciones más pobres de todas. Tienen miedo de los más pequeños, tienen miedo de los niños no nacidos. Y el niño tiene que morir, porque no quieren a este hijo –ni a uno más-, no lo quieren educar, no le quieren dar de comer, y el niño debe morir. Les suplico en nombre de los más pequeños: salven a los que van a nacer, ¡reconozcan la presencia de Jesús en ellos!”

“Nunca me olvido de la oportunidad que tuve cuando visité un hogar de ancianos en el que habían sido dejados por sus hijos e hijas, y tal vez olvidados… en ese hogar tenían de todo, cosas hermosas, pero todos miraban hacia la puerta. Y no vi una pobre sonrisa en sus rostros. Y me di la vuelta hacia la hermana y le pregunté ¿cómo puede ser?, ¿cómo puede ser que estas personas que tienen todo, miran hacia la puerta?, ¿por qué no sonríen? … incluso los moribundos sonríen, y ella [la hermana] me contestó: Ellos están a la espera de que un hijo o hija vengan a visitarlos… Esa pobreza es la que se vive en nuestros propios hogares, es ahí donde se da la negligencia del amor”.

Cuando fue llamada a la Casa del Padre el 5 de septiembre de 1997, la congregación que fundó contaba con 3,842 religiosas en 594 casas repartidas en todo el globo.

La Madre Teresa fue beatificada por su gran amigo San Juan Pablo II el 19 de octubre de 2003, quién la recordó de la siguiente manera: “Saciar la sed de amor y de almas de Jesús en unión con María, la Madre de Jesús, se convirtió en el único objetivo de la existencia de la Madre Teresa, y en la fuerza interior que la impulsaba y la hacía superarse a sí misma e ‘ir deprisa’ a través del mundo para trabajar por la salvación y la santificación de los más pobres de entre los pobres”.

La canonización llegó 13 años después, y fue realizada por el Papa Francisco con ocasión de la celebración del “Jubileo de los voluntarios y operarios de la misericordia”. En esa oportunidad el Pontífice señaló que la "Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que el ‘no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre’".

En una célebre entrevista, concedida poco tiempo antes de morir, Santa Teresa de Calcuta dejó este mensaje 1997: “Ámense los unos a los otros, como Jesús los ama. No tengo nada que añadir al mensaje que Jesús nos dejó. Para poder amar hay que tener un corazón puro y rezar. El fruto de la oración es la profundización en la fe. El fruto de la fe es el amor. Y el fruto del amor es el servicio al prójimo: Esto nos trae la paz”.

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Santa Rosa de Lima, 30 de agosto       Isabel nació en Lima, en 1586, décima de los trece hijos de los Flores de Oliva, ...
30/08/2026

Santa Rosa de Lima, 30 de agosto

Isabel nació en Lima, en 1586, décima de los trece hijos de los Flores de Oliva, de origen noble español afincados en Perú. El nombre de Rosa se debe a su belleza desde pequeña - según algunas fuentes fue su mamá la que empezó a llamarla así y según otras, una criada india-. Con el nombre de Rosa recibió la confirmación y a los veinte años vistió el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo, como Santa Catalina de Siena, su modelo de vida. A Rosa se añadió entonces el nombre de ‘Santa María’, expresando el tierno amor que siempre la unió a la Virgen, a la que acudía en cada instante, rogando su amparo.

Santa Rosa conoció la pobreza cuando su padre fracasó en sus negocios. Trabajó duramente como empleada, en el huerto y como bordadora, hasta bien entrada la noche, llevando a las casas de los compradores la Palabra de Cristo y su anhelo de bien y justicia en la sociedad peruana de entonces. En casa de sus padres creó como un albergue para los necesitados, donde asistía a niños y ancianos abandonados, sobre todo a los indios y mestizos. Ya desde pequeña anhelaba consagrarse a Dios en la vida de clausura, pero permaneció «virgen en el mundo» y como terciaria dominica se encerró a vivir en una celda o ermita de pocos metros cuadrados, en el jardín de su hogar paterno, de la que salía sólo para las celebraciones religiosas, y en la que transcurría gran parte de sus días rezando en estrecha unión con el Señor.

Mientras rezaba ante una imagen de la Virgen María con Jesús en los brazos, un día, Rosa escuchó que el Niño le dijo: «Rosa dedícame todo tu amor…». No lo dudó: desde entonces, Jesús fue su amor exclusivo hasta su muerte, un amor cultivado en la virginidad, en la oración y en la penitencia. Solía repetir: «Mi Dios, puedes aumentar mis sufrimientos, con tal de que aumentes mi amor a ti». Es el significado redentor de la Pasión de Cristo, que percibió claramente: el dolor vivido con fe redime, salva. Y el dolor del hombre puede asociarse al dolor salvífico de Cristo. Es un cambio interior que coincidió con la lectura de Santa Catalina, de la que aprendió el amor a la sangre de Cristo y el amor a la Iglesia.

Y fue precisamente en su ermita en el jardín donde Santa Rosa revivió en su carne la pasión de Jesús, con dos intenciones: la conversión de los españoles y la evangelización de los indios.

Se le atribuyen mortificaciones y castigos corporales de todo tipo, pero también tantas conversiones y milagros. Uno, entre ellos, la fallida invasión de piratas holandeses en Lima, en 1615. Cuando estaba viva aún, Rosa fue examinada por una comisión mixta de religiosos y científicos que juzgaron sus experiencias místicas como verdaderos «dones de gracia». Cuando murió, debido a su fama de santidad, una gran multitud de personas acudió a su funeral, Rosa ya era santa. Murió sólo después de haber renovado sus votos religiosos, repitiendo varias veces: «¡Jesús, que estés siempre conmigo!». Era la noche del 23 de agosto de 1617. Después de su muerte, cuando su cuerpo fue trasladado a la Capilla del Rosario, la Virgen de la estatua ante la cual la Santa había rezado tantas veces, le sonrió por última vez. La multitud de personas que estaba presente gritó al milagro. En 1668, Rosa fue beatificada por el Papa Clemente IX y canonizada tres años más tarde. Es la primera Santa canonizada del Nuevo Mundo y es la patrona del Perú, de América, de las Indias y de Filipinas. Es invocada como patrona de los floristas y jardineros, contra las erupciones volcánicas y en caso de heridas o para solucionar conflictos familiares.

Martirio de San Juan Bautista, 29 agosto.     La memoria litúrgica del martirio de San Juan Bautista completa la solemni...
29/08/2026

Martirio de San Juan Bautista, 29 agosto.

La memoria litúrgica del martirio de San Juan Bautista completa la solemnidad de su natividad, que se celebra el 24 de junio. Juan es primo de Jesús, concebido tardíamente por Isabel de su esposo Zacarías; ambos eran descendientes de familias sacerdotales. Su nacimiento se sitúa unos seis meses antes del de Cristo, según el episodio evangélico de la Visitación de María a Isabel. La fecha de su muerte se coloca entre el 31 y el 32 d.C. La memoria de hoy tiene orígenes antiguos: se remonta a la dedicación de una cripta en Sebaste (Samaría), donde ya a mediados del siglo IV se veneraba la cabeza del Bautista; en el s. XII, el papa Inocencio II hizo trasladar la reliquia a la iglesia de San Silvestre in Capite de Roma. La celebración del martirio de San Juan ya estaba presente en Francia en el s. V, y en Roma en el siglo siguiente.

Del Evangelio según san Marcos:
«En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre. Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron». (Mc 6, 27-29)

Herodes hizo arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano, con la que se había casado. “Porque Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano». Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía” (Mc 6, 18-19). El Bautista es detenido por denunciar este matrimonio ilegal.
Con motivo del cumpleaños de Herodes y durante la fiesta, la hija de Herodías, Salomé, salió a bailar en honor del rey; agradó tanto a Herodes y a sus convidados que el monarca juró darle cualquier cosa que le pidiese, incluso la mitad de su reino. Y ella, tras consultar con su madre, le pidió la cabeza de Juan. Herodes se entristeció, pero a causa de su juramento no pudo negarse.

El 8 de febrero de 2019, el Papa Francisco explica la actitud de los principales personajes de este drama: el rey Herodes, "corrupto e indeciso"; Herodías, la esposa del hermano del rey, que "sólo sabía odiar"; Salomé, "la vana bailarina"; y Juan, “el profeta solo en su celda".

El rey "creía que Juan era un profeta", "lo escuchaba de buen grado", en un momento dado "lo protegió", pero al final lo metió en la cárcel. Estaba indeciso, porque Juan "le reprochaba su pecado", el adulterio. En el profeta, Herodes "escuchaba la voz de Dios que le decía: ‘Cambia de vida’, pero no conseguía hacerlo: el rey era corrupto, y es muy difícil salir de la corrupción ". Era un hombre corrupto que "trataba de hacer equilibrios diplomáticos" entre su propia vida -no sólo adúltera, sino también “llena de muchas injusticias que llevó a cabo"- y la conciencia de "la santidad del profeta que tenía delante". Y no consiguió resolver este conflicto.

De Herodías, la esposa del hermano del rey, el Evangelio sólo dice que odiaba a Juan porque hablaba con claridad. "Y sabemos que el odio es capaz de todo -comenta el Papa Francisco-, es una gran fuerza. El odio es el aliento de Satanás: pensemos que no sabe amar, que no puede amar. Su ‘amor’ es el odio. Y esta mujer tenía el espíritu satánico del odio" que destruye.

El tercer personaje es la hija de Herodías, Salomé, buena bailarina, "que agradó mucho a los comensales y al rey". Herodes, en su entusiasmo, le prometió: "Te lo daré todo". El Papa Francisco explica que el rey “utiliza las mismas palabras que usó Satanás para tentar a Jesús: 'Si me adoras te daré todo, todo el reino'. Y ni siquiera sabe que usa las mismas palabras. Porque “detrás de estos personajes está Satanás, sembrador de odio en la mujer, sembrador de vanidad en la hija, sembrador de corrupción en el rey”.

Juan el Bautista, el Santo
Conocido como el "hombre más grande nacido de mujer" acabó solo en una oscura celda a causa “del capricho de una bailarina vanidosa, el odio de una mujer diabólica y la corrupción de un rey indeciso”. El Bautista muere como un mártir. No es un mártir de la fe -porque no se le pide que reniegue de ella- sino un mártir de la verdad. Es un hombre "justo y santo" condenado a muerte por su libertad de palabra y por ser fiel a su mandato.
San Juan dejó que su vida fuera disminuyendo para dejar espacio al Mesías. El más grande terminó así. Pero Juan sabía que debía empequeñecerse: "Es necesario que Él crezca y que yo disminuya", dijo (Jn 3, 30). Juan mostró a Jesús a los primeros discípulos, señalándolo como la Luz del mundo, y luego se desvaneció lentamente en la oscuridad de una celda en la prisión. Donó su vida disminuyendo hasta la muerte.
La vida sólo tiene valor al donarla en el amor, en la verdad, al donarla a los demás en lo cotidiano, en la familia. Hay que donarla siempre. Si alguien toma su vida para sí, para conservarla como el rey en su corrupción, la reina en su odio o la joven en su vanidad, la vida muere, se marchita, no sirve.

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San Agustín, obispo de Hipona y doctor de la Iglesia, 28 agosto.     San Agustín nace el 13 de noviembre del 354 en Taga...
28/08/2026

San Agustín, obispo de Hipona y doctor de la Iglesia, 28 agosto.

San Agustín nace el 13 de noviembre del 354 en Tagaste, África. Es educado en la fe católica por su madre Mónica, pero no sigue su ejemplo. Adolescente vivaz, agudo y exuberante, acomete el estudio de la retórica y su rendimiento es excelente. Ama la vida y sus placeres, cultiva amistades, experimenta las pasiones amorosas, adora el teatro, busca diversiones y entretenimientos. En Cartago, donde sigue con sus estudios, se enamora de una joven; como es de rango inferior al suyo, puede convertirla sólo en su concubina. Fruto de esta relación nace Adeodato. Agustín, padre con tan sólo 19 años, es fiel a su mujer, y asume la responsabilidad de la familia. Pero la lectura del Hortensio de Cicerón, cambia su modo de ver las cosas. La felicidad, escribe el gran orador, consiste en los bienes que no terminan: la sabiduría, la verdad, la virtud. Agustín decide así tornar en su búsqueda.

Comienza con la Biblia, pero, habituado como está, a textos altisonantes, la encuentra ramplona e ilógica. Se interesa entonces por el maniqueísmo. De vuelta a Tagaste abre una escuela de gramática y retórica con la ayuda de un benefactor, pero la vida que lleva no le satisface y vuelve a Cartago, anhelando un futuro mejor. Sin embargo sigue estando insatisfecho. Su sed de Verdad no se apaga con la doctrina maniquea. El joven y prometedor rector busca entonces nuevas lides, y en el 382 se muda a Roma con su compañera y su hijo, a escondidas de la madre, que en tanto, lo había ido a buscar a Cartago. En la capital, Agustín mantiene el contacto con los maniqueos, de los cuales recibe sustento y apoyo. Comprenderá después, que la Providencia actúa incluso en las decisiones equivocadas. Su carrera va a toda vela, en el 384 obtiene la cátedra de Retórica en Milán, pero a pesar de todo, la inquietud interior todavía lo atormenta.

La ambición se sacia, pero no el corazón. Para afinar su “ars oratoria” escucha los sermones del obispo Ambrosio. Quiere observar su capacidad dialéctica y sin embargo las palabras le tocan en lo más profundo. Mientras está en Milán, la madre Mónica permanece a su lado y en las oraciones. Acercándose cada vez más a la Iglesia católica, Agustín se define en este momento como catecúmeno: ahora le hace falta una esposa cristiana más que una concubina. La mujer que ha convivido con él durante años, vuelve a África. Todavía inquieto, Agustín devora textos de filosofía y se sumerge en la Sagrada Escritura. Es tentado por la experiencia de los pensadores griegos, atraído por el estilo de vida de los ascetas cristianos, pero no se decide. Un día de agosto del 386, desorientado y confuso, dejándose ir en un llanto roto y desesperado, siente una voz que dice: “¡Toma y lee!”. Lo considera una invitación a volverse hacia las Cartas de San Pablo, que reposan sobre una mesa y abrirlas. “Comportémonos honestamente, como a plena luz del día,: no como si estuviéramos en medio de orgías y borracheras, ni entre lujuria e impureza, ni tampoco en litigios y envidias. Revestíos del Señor Jesucristo y no os dejéis tomar por los deseos de la carne” (Rm 13, 13-14). Esta lectura lo fulgura. Decide cambiar de vida y dedicar todo su ser a Dios. Es bautizado por Ambrosio en la noche entre el 24 y el 25 de abril del 387 y ya deseando volver a África, parte de vuelta a Roma para embarcarse en Ostia. Aquí muere la madre Mónica.

Es en Tagaste dónde Agustín funda su primera comunidad. Entre finales del 390 y el inicio del 391 se encuentra casualmente en Hipona, en la basílica dónde el obispo Valerio está hablando a sus fieles de la necesidad de un presbítero para su diócesis. Entre aclamaciones del pueblo, Agustín es presentado delante del prelado y ordenado sacerdote. Convencido de vivir entregado a Dios, estudiando y meditando las Escrituras, comprende que ha sido llamado para otra cosa. Es nombrado Obispo de Hipona, sucediendo a Valerio, y deja numerosos escritos en los que consigue conciliar fe y razón. Entre estos, El libre arbitrio, La Trinidad, La ciudad de Dios. Mención especial merecen Las confesiones, en las que Agustín se cuenta a sí mismo, dejando emerger de forma magistral su interioridad, la historia de su corazón.

Nos has hecho para ti Oh Señor, y nuestro corazón no descansa hasta que no reposa en ti. (Confesiones 1, 1, 1)

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