26/04/2026
DÍA DE REFLEXIÓN
EL LAMENTO DEL ALMA
Entonces dije: ¡Ay de mí!, que estoy mu**to; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en un pueblo de labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Isaías 6:5
Israel estaba de luto. El rey Uzias había mu**to. El Trono estaba vacío y la nación permanecía en vilo.
En ese momento de crisis nacional el profeta Isaías tubo una visión gloriosa: Vio al Dios Santo y Todopoderoso sentado en su trono. Los tronos de la tierra pueden de un momento a otro quedar vacíos, pero el Trono del Rey del universo nunca quedará vacío porque Él es el Eterno Soberano.
En Isaías 6:5 el profeta al ver la Majestad de Dios, dejó escapar una palabra que más que palabra era un gemido, un murmullo que brotaba de su boca desde el fondo de su alma y dijo: ¡Ay de mí!. Isaías había exclamado esta misma frase en seis ocasiones en: Isaías 5:8 "él Ay de los codiciosos" Que acaparan casa tras casa. En 5:11. El "Ay de los bebedores" Que madrugan para ir tras bebidas embriagantes. En 5:18 "Él Ay de los impíos" que arrastran iniquidad con cuerdas de mentira. En 5:20. "Él Ay de los que trasgreden la voluntad de Dios," que llaman a lo bueno malo y lo malo bueno. En 5:21. "Él Ay de los soberbios". De los que consideran sabios a sus propios ojos. En 5:22 "Él Ay de los juerguistas" valientes para beber vino.
Pero cuando Isaías contemplo a Dios en su Santidad, en lugar de mirar hacia afuera, el profeta tuvo que mirar dentro de su propio corazón y expresó: ¡AY DE Mí!. Esto sucede cuando somos consientes de nuestra condición de pecado cuando nos encontramos de frente ante la Santidad de Dios donde ante sus ojos quedamos "desnudos" tal cual somos.
Solo si reconocemos que nuestros labios son impuros es cuando caemos a la cuenta que hasta los serafines cubren sus rostros ante la Majestad de Dios, solo aquellos que dejan de pensar que nadie sabe lo que él cree saber, que merecemos todo lo que se tiene o si nos creemos ser más grandes que otros, o lo que es peor que los demás nos tienen que rendir pleitesía o reconocimiento, porque no merecemos nada, y que si un día nos presentamos ante ÉL debemos asegurarnos ir revestidos de la Sangre de Jesús. ¿Sabe por qué? Porque la humildad es el origen de toda virtud pues Jesús dijo bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos. Dios trabaja constantemente en nuestras vidas para que tengamos la misma conciencia que Isaías, y expresemos o apenas susurremos. ¡¡Ay de mí!! Cuando nuestros ojos puedan ver al Rey, Jehová de los ejércitos.
Adonai, Señor nuestro, cuan glorioso es tu Nombre en toda la tierra.
BENDECIDO DOMINGO