25/08/2026
Este domingo, a través de Lucas 16:19-31, fuimos confrontados con una verdad importante: la riqueza no condena, así como la pobreza no garantiza la salvación. El evangelio no es un llamado a la pobreza, sino a tener un corazón rendido a Dios y una mirada puesta en aquello que permanece para siempre.
La historia del rico y Lázaro nos recuerda que esta vida es pasajera, pero nuestras decisiones tienen peso eterno. No vivamos únicamente para lo visible, lo temporal o lo que podemos acumular; vivamos conscientes de que nuestra verdadera esperanza está en Cristo y en la eternidad con Él.
Que nuestra mirada no se quede en lo terrenal.
Vivamos hoy pensando en la eternidad.