20/08/2026
Muy buenos días
Del Amanecer al Atardecer
Cierra los ojos por un momento. Y mientras lo haces, imagina este planeta maravillosamente diverso al que llamamos hogar. (Sí, de verdad).
Todo lo que acabas de imaginar, Dios lo creó. Y Dios nos creó a todos para que le adoremos.
De norte a sur y de este a oeste. De ciudades bulliciosas a pueblos tranquilos. De desiertos áridos a bosques rebosantes de vida. De las montañas más altas a los océanos más remotos.
«Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor.» Salmo 113:3 NVI
El sol “sale” y se “pone” para todos nosotros. Para todas las personas, de todos los idiomas, de todas las naciones. Para todos los colores de piel, ojos y cabellos. Para todas las formas, tamaños y personalidades. Ricos y pobres. Corazones dolidos y sonrisas contagiosas.
Una mezcla ecléctica de personas de diversas partes del mundo siempre ha alabado a Dios de generación en generación, y esto continúa ocurriendo hoy en día. Y sabemos que nunca cesará.
En Apocalipsis 7, Juan tiene una visión de “una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que estaban de pie delante del trono y delante del Cordero”, que es Cristo. Le servían y adoraban día y noche.
El pueblo de Dios —pasado, presente y futuro— es un pueblo que adora.
Podemos adorar con nuestras canciones. Podemos adorar con nuestro dinero. Podemos adorar con nuestras vidas.
Y un día, cuando finalmente veamos las cosas con claridad, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor. Pero hoy no tenemos que esperar para adorar.
Cuando la luz del sol entra por tu ventana, puedes adorar. Cuando el cielo vespertino se tiñe de un rosa anaranjado, puedes adorar. Cuando estás en un tiempo de espera, puedes adorar. Cuando estás en un tiempo de recibir, puedes adorar. Cuando tu corazón está roto, puedes adorar. Cuando tu corazón está lleno, puedes adorar.
Desde el amanecer hasta el anochecer, sea alabado el nombre del Señor.
Hoy, reflexiona sobre este versículo y considera qué te impulsa a adorar a Dios. Luego, dirige tu corazón hacia Él y no olvides adorarlo.
Pastor Yamil Flores