08/05/2026
“Una vez fui líder de jóvenes, una vez serví en alabanza, una vez serví con niños, una vez vivía para la iglesia pero ya no voy.”
He visto mucho ese trend últimamente.
Y siendo sincera, entiendo el dolor detrás de esas palabras.
Tengo años en la iglesia, he visto gente alejarse, he visto gente lastimada, he visto personas volver al catolicismo, otras dejar completamente a Dios, porque pusieron sus ojos en hombres imperfectos y no en Cristo.
Y sí, congregarse es necesario, la iglesia es hermosa, servir a Dios es hermoso, pero también hay heridas dentro de la iglesia que son reales.
Recuerdo cuando servíamos en el ministerio infantil amábamos el servicio a los niños, hacíamos actividades creativas, especiales, diferentes.
Lo hacíamos con pasión genuina y mientras el ministerio “no era importante”, nadie peleaba por él, pero cuando empezó a crecer, cuando empezó a llamar la atención y a ser “relevante" , entonces apareció el ego, el deseo de control.
Las peleas por liderazgo, la necesidad de tener el puesto.
Y lo más triste es que dejó de tratarse de los niños.
En aquel entonces recuerdo llorar delante de Dios en oración preguntándole:
“Por qué, Señor? Por qué son así?
Si son líderes, por qué actúan de esta manera? Porque el pastor lo permite ???
Y en medio de ese dolor, sentí a Dios decirme: "Entrégalo todo, entrégales los juguetes, los materiales, toma tu cruz y sígueme.”
Y dolió mucho, dolió entregar algo que habíamos construido con amor, dolió ver cómo aquello por lo que habíamos trabajado terminó desapareciendo, porque al final, las personas que tanto pelearon por el control ni siquiera mantuvieron vivo el ministerio.
Y ahí entendí algo, si no aprendemos a cuidar el corazón de las personas, vamos a seguir llenando iglesias de gente herida o vaciandola.
Y qué triste que muchas veces esperamos encontrar el mayor amor dentro de la iglesia pero terminamos siendo los cristianos los que más lastimamos.
Por eso entiendo a quienes hoy dicen:
“Ya no quiero servir.”
“No quiero problemas.”
“No quiero entrar en show ni en luchas de ego.”"Estoy mejor sirviendo por fuera"
Pero también he aprendido algo con los años y es que mi fe no puede depender de personas. Mi fe tiene que estar aferrada a Cristo, pues los hombres fallan, los líderes fallan, las iglesias fallan pero Jesús no.
Y aunque hubo temporadas donde quise soltar todo, aquí sigo aferrada a Cristo con uñas y dientes jaja.
Ojalá como iglesia y personas aprendiéramos a sanar
más corazones de los que herimos.
Y si te alejaste por algo que viviste dentro de una congregación te pido perdón.
Perdón por las heridas, por los malos liderazgos, por las veces que en lugar de abrazarte, te señalaron.
Perdón si esperabas amor y encontraste ego, control o indiferencia.
Pero por favor no confundas a Jesús con las personas que lo representaron mal.
No pongas tus ojos en hombres imperfectos.
Ponlos en Cristo.
Y aunque ninguna iglesia será perfecta, porque está llena de personas imperfectas, sí existen lugares donde puedes sanar, crecer y volver a sentirte en casa.
No dejes que una herida te aleje de Aquel que nunca quiso herirte.
Vuelve y no por religión, no por obligación, vuelve porque Dios sigue esperándote con los brazos abiertos.