25/08/2026
Tal vez a veces nos preguntamos si todo lo bueno que hacemos, debemos hacerlo en secreto para no ser como los fariseos quienes oraban en las esquinas de las calles. ¿Debemos ocultar lo bueno que hagamos? Y, de ser así, ¿cómo reconciliamos eso con el llamado de Jesús de que nuestras obras brillen delante de los hombres para que ellos glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos? ¿Debemos esconder lo bueno que hacemos o debemos mostrarnos públicamente cuando hacemos algo bueno? Thomas Manton responde:
"Debemos distinguir entre los fines de las buenas obras: principal y subordinado; adecuado e inadecuado. En primer lugar, el fin principal y primario de las buenas obras no debe ser que seamos vistos por los hombres, sino la gloria de Dios; sin embargo, que seamos vistos por los hombres puede ser un fin subordinado, o menos principal. Asimismo, este no debe ser nuestro fin adecuado, es decir, toda nuestra intención y nuestro propósito principal; pero sí puede ser un fin colateral y secundario. Una cosa es hacer buenas obras únicamente para que sean vistas, y otra es hacerlas para que no solo sean vistas, sino también imitadas, a fin de ganar a otros por medio de ellas para que den gloria a Dios. Una cosa es hacer buenas obras para la gloria de Dios, y otra hacerlas para nuestra propia gloria. Podemos hacer buenas obras para ser vistos en el primer sentido, pero no en el segundo. No podemos orar como los fariseos meramente para ser vistos por los hombres; pero sí podemos dejar que nuestra luz alumbre delante de los hombres, a fin de moverlos al cumplimiento de su deber y de que Dios reciba mayor gloria.”
—Thomas Manton, Sermón sobre Mateo 6:6-8.