02/05/2026
Obelisco Negro de Salmanasar III
Este es uno de los descubrimientos arqueológicos más impactantes que confirman la realidad histórica de los reyes de la Biblia. Fue descubierto en 1846 por Austen Henry Layard en las ruinas de Nimrud. Este monumento de piedra caliza negra data de alrededor del año 825 a. C. y actualmente se encuentra en el British Museum. Está cubierto de detallados relieves e inscripciones cuneiformes que registran las campañas militares y conquistas del imperio asirio. Lo que hace a este monumento tan significativo es que contiene una de las representaciones visuales más antiguas conocidas de una figura bíblica.
Entre sus paneles se encuentra una escena que muestra a un gobernante extranjero inclinándose profundamente ante el rey asirio. La inscripción identifica a este hombre como “Jehú, hijo de Omri”, refiriéndose a Jehu, el rey de Israel descrito en 2 Reyes 9–10. La expresión “hijo de Omri” era una forma común asiria de referirse a Israel, ya que el rey Omri había establecido una dinastía poderosa conocida por las naciones circundantes. En esta escena, Jehú aparece sometiéndose a Asiria y llevando tributo, que incluía plata, oro, cuencos, vasijas y otros objetos valiosos. Este momento captura un evento político real en el que Israel, bajo la presión de un imperio dominante, pagó tributo para asegurar su posición.
Este artefacto es especialmente importante porque proviene de fuera de la Biblia. No es un registro hebreo, sino asirio, escrito por un rey extranjero que documenta sus propios logros. Sin embargo, menciona al mismo rey que aparece en la Escritura y lo sitúa en el mismo contexto histórico. Ese tipo de confirmación independiente tiene gran peso. Demuestra que las personas y los acontecimientos descritos en la Biblia no son afirmaciones religiosas aisladas, sino parte del registro histórico más amplio del antiguo Cercano Oriente.
El Obelisco Negro constituye una intersección física entre la historia bíblica y la arqueología secular. Confirma que Israel fue una nación real que interactuó con potencias como Asiria, y que sus reyes, incluido Jehú, eran conocidos más allá de sus propias fronteras. Descubrimientos como este siguen mostrando que la Biblia está arraigada en la historia real, registrada no solo por sus propios autores, sino también por las naciones que la rodeaban.
Tomado de : Biblical Creation