19/11/2025
19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; 20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. 1 Pedro 1:19-21
Uno de los juicios más silenciosos y, a la vez, más severos de Dios es dejarnos cómodos en una iglesia donde la autoridad humana eclipsa la autoridad divina. Sproul decía que el corazón del pecado es reemplazar a Dios por cualquier otra voz. Cuando la iglesia se rinde ante títulos y figuras carismáticas —sea “pastora”, “profeta” o “apóstol”— corre el riesgo de perder de vista la única voz que realmente salva: la Palabra de Dios.
El peligro no es simplemente el nombre del líder, sino la tentación de buscar experiencias y emociones por encima de la verdad revelada. Y cuando Dios nos entrega a esa ilusión religiosa, la emoción puede permanecer, pero la gloria se desvanece.
Sin embargo, incluso este juicio es una invitación: volver a la Escritura, a la centralidad de Cristo, a la reverencia que nace del temor santo. Porque Dios muestra su gracia cuando nos despierta del engaño y nos devuelve al único fundamento firme: Su Palabra, y nada más.