03/09/2026
| Una a una, seis Hermanas Misioneras de los Pobres, dieron su vida en 1995 en un hospital de Kikwit (entonces Zaire) al insistir en el cuidado de los pacientes de Ébola Bundibugyo que nadie más quería tocar, amando al Cristo sufriente, obedecieron al fundador de su orden, san Luigui Maria Palazzolo, haciendo exactamente lo que les había heredado: no soltarse de la mano del enfermo, incluso en tiempos de enfermedades contagiosas: "estar allí donde nadie más se atreve a estar".
Las 6 monjas italianas son:
Sor Floralba (Luigia Rosina) Rondi, nacida en Pedrengo en 1924, estuvo en el Congo desde 1952: cuarenta y tres años entregados a Cristo, veinticinco en Kikwit. Al tener conocimientos médicos, participó en una intervención quirúrgica de un hombre llamado Kimfumu. Los cirujanos pensaron que el hombre tenía una úlcera perforada, pero cuando lo abrieron, descubrieron que sus intestinos se estaban disolviendo. Dos días después, el hombre murió. Pronto, la hermana Floralba desarrolló fiebre alta y fue hospitalizada. Al principio, pensó que tal vez había contraído fiebre tifoidea. Sin embargo, su condición empeoró y sus tres buenas amigas, la Hermana Dinarosa Belleri, la Hermana Clarangela Ghilardi y la Hermana Danielangela Sorti la subieron a la parte trasera de su vehículo de cuatro ruedas y la llevaron 50 millas hasta la clínica en Mosango. Cuando llegaron a la clínica, la hermana Floralba estaba inconsciente. Su deceso, el 25 de abril de 1995, no desalentó a las demás hermanas de su comunidad, que, con valor, perseveraron hasta el final.
Sor Clarangela (Sandra Alessandra) Ghilardi, enfermera y comadrona originaria de Trescore Balneario y nacida en 1931, era conocida como la "monja de la motocicleta" ya que con una recorría la zona atendiendo los partos cuando el camino se hacia imposible para un vehículo estándar. Murió el 6 de mayo.
Sor Danielangela (Ana) Sorti, nacida en Bérgamo en 1947, llegó en 1978 sin haber elegido el camino ya que, buscando la quietud contemplativa, aprendió que en misiones, el verdadero claustro es la habitación del enfermo. Recibió preparación profesional como enfermera en Milán y fue ella la que cuidó de sus hermanas contagiadas, su muerte ocurrió el 11 de mayo.
Sor Dinarosa (Teresina) Belleri, nacida en 1936 en Brescia, se encontraba en el Congo desde 1966. Asistió a la Escuela de Enfermeras Profesionales y su primer servicio fue en Cagliari, un hospital especializado en tratar tuberculosis. Fue ella quien, en cada permiso con el que viajaba a Italia, regresaba abastecida de medicinas y dinero que conseguía para asistir la misión. En enero de 1995, cuando se produjo un aumento del número de muertes en Kikwit y sus alrededores, continúo plenamente dedicada como siempre, más aún, intensifica su trabajo. A quien le pregunta: “¿Pero no tiene miedo…?” responde: “… Estoy aquí para servir a los pobres…”. Contagiada ella también, muere después de otras tres hermanas, el 14 de mayo de 1995.
Sor Annelvira (Celestina) Ossoli, Superiora Provincial de África desde 1992, enfermera profesional y comadrona que recibió formación en la Escuela de obstetricia en la Universidad de los Estudios en Roma, nacida en 1936 en Orzivecchi. En cuanto se enteró de lo que estaba sucediendo, viajó desde Kinshasa a Kikwit sabiendo exactamente cuál sería el drama y el destino que encontraría, al contagiarse fue llevada en aislamiento donde moriría el 23 de mayo, asistida solo por los médicos de Atlanta, lejos de sus hermanas.
Sor Vitarosa (María Rosa) Zorza, nacida en Bérgamo en 1943. Recibió formación en la Escuela para enfermeras profesionales y se especializa en geriatría. Al inicio de todo se encontraba a salvo, lejos, en Kingasani, un barrio de la capital. Al recibir las noticias y consciente de la imperiosa necesidad de asistencia para con los enfermos, viajó conscientemente hacia Kikwit, hacia el virus, como quien responde sin condiciones a una llamada que ya conocía. Sor Vitarosa dijo, al ponerse en marcha: “¿Por qué debo tener miedo? Las demás están ahí y en este momento me necesitan”. Fue la última en morir, el 28 de mayor.
Durante 33 días, después del primer contagio ocurrido el 25 de abril, las hermanas religiosas perseveraron hasta que el 28 de mayo de 1995, su prueba había terminado.
La OMS elevó a emergencia internacional el brote en el Congo el 17 de mayo de 1995.
Desde 2021, el Vaticano promulgó el decreto sobre las virtudes heroicas de estas religiosas lo que las convierte en Venerables, primer paso formal hacia la beatificación, que la postuladora general del instituto, sor Linadele Canclini, sigue impulsando.