22/05/2026
Romanos 1:28-29 nos muestra el peligro de apartarnos de Dios: una mente reprobada comienza a dudar de lo que Él dijo, y poco a poco el corazón se endurece. El pecado siempre inicia en la mente; somos atraídos por nuestros propios deseos, y esa debilidad, si no se rinde a Cristo, termina dando fruto de pecado.
Por eso Santiago 1:13 enseña que Dios no tienta a nadie. El enemigo busca alimentar pensamientos incorrectos hasta llevarnos a la murmuración, el engaño, la deshonestidad, los chismes, las críticas y la soberbia. Muchas veces fingimos delante de las personas para aparentar algo espiritual, pero Dios conoce lo más profundo del corazón.
Sin embargo, Cristo vino para transformar nuestra mente y nuestro interior. Filipenses 4:8 no es una sugerencia, es una dirección para todo creyente: pensar en lo verdadero, lo honesto, lo justo, lo puro y todo lo digno de alabanza. Cuando nuestra mente permanece en Cristo, el Espíritu Santo quebranta toda dureza, limpia nuestros pensamientos y nos guía a vivir en verdad y obediencia.
La victoria no está en nuestras fuerzas, sino en permanecer cerca de Jesús, porque solo Él puede renovar una mente dañada y darnos un corazón conforme al suyo.