29/09/2026
Siempre señalamos a Judas. Siempre decimos: ‘¿Cómo pudo cambiar a Jesús por 30 monedas de plata?’ Pero si somos honestos, nosotros lo hemos cambiado por cosas mucho más baratas. Judas lo vendió por plata… nosotros lo hemos vendido por pereza, por excusas, por un placer escondido, por un ‘mañana lo hago’, por darle gloria a nuestro nombre en vez de al suyo.
Judas lo entregó una vez. Nosotros lo hemos entregado mil veces. Cada vez que elegimos comodidad en vez de obediencia, cada vez que dejamos para después lo que el Reino pide hoy, cada vez que ponemos nuestra voz por encima de la suya, lo cambiamos. Y lo peor: ni siquiera recibimos 30 monedas… lo cambiamos por migajas.
La verdad es que hemos sido peores que Judas. Porque al menos él recibió plata, y muchos de nosotros lo hemos cambiado por nada. Por orgullo. Por un deseo pasajero. Por un pensamiento de cinco segundos.
¿Cuáles son tus 30 monedas?
¿Qué es lo que todavía tiene más peso que Cristo en tu vida?
Hoy es el día de dejar de vender al Maestro.
Él te lo recuerda: ‘Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.’ (Jn 8:32). Pero la verdad duele: si no dejamos esas monedas, seguiremos traicionándolo con un beso falso de adoración, mientras nuestro corazón está en otra parte.
Ya basta. Reconócelo, ríndelo y cámbialo por Su presencia. Porque todo lo demás se queda corto. Lo único eterno es Él.
-reflexiones de un joven pastor
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