22/08/2026
Hoy, 22 de agosto, la Iglesia celebra a Santa María, Reina. Ocho días después de contemplarla asunta al cielo, la contemplamos coronada.
No es una devoción ornamental. Es una afirmación profundamente cristológica: María es Reina porque su Hijo es Rey.
María no reina al margen de Cristo ni junto a Él como si existieran dos soberanías. Toda su grandeza procede de su Hijo.
Jesucristo es el Rey de reyes y Señor de señores. María es la Madre del Rey. Su realeza es recibida, maternal y enteramente dependiente de Cristo.
Ya la Escritura nos permite comprenderlo.
El ángel anuncia a María que su Hijo recibirá "el trono de David, su padre", reinará sobre la casa de Jacob y "su reino no tendrá fin".
La maternidad divina coloca a María en una relación única con el Rey mesiánico. En la monarquía davídica tenía especial importancia la madre del rey.
No es extraño, por tanto, que la tradición cristiana haya visto en María, Madre del Mesías, a la verdadera Reina Madre del Reino definitivo inaugurado por Cristo.
Su dignidad procede de su maternidad.
También contemplamos en el Apocalipsis a la Mujer "vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza". La tradición de la Iglesia ha leído esta imagen referida a la vez al Pueblo de Dios y a María, figura y Madre de la Iglesia.
La Iglesia llamó Reina a María desde muy antiguo. Por eso rezamos desde hace siglos:
"Salve, Reina y Madre de misericordia".
Y en las letanías lauretanas la invocamos como Reina de los Ángeles, de los Patriarcas, de los Apóstoles, de los Mártires, de los Santos y Reina de la paz.
Pío XII instituyó para toda la Iglesia la fiesta litúrgica de María Reina en 1954 mediante la encíclica Ad caeli Reginam. No pretendía introducir una doctrina nueva, sino reconocer solemnemente algo presente desde antiguo en la fe, la liturgia y la piedad del pueblo cristiano.
La reforma del calendario colocó esta memoria el 22 de agosto, dentro de la octava tradicional de la Asunción.
La sucesión es bellísima: el 15 de agosto contemplamos a María llevada en cuerpo y alma a la gloria; ocho días después, la contemplamos como Reina.
Asunción y Realeza se iluminan mutuamente.
El Concilio Vaticano II lo expresó magníficamente: María fue "ensalzada por el Señor como Reina universal" para asemejarse más plenamente a su Hijo, vencedor del pecado y de la muerte.
Por eso su corona no habla de poder mundano, sino de la victoria de la gracia.
¿Y cómo reina María?
Como reinó Cristo: sirviendo.
Su cetro es maternal. Su poder es intercesión. Su trono permanece junto a su Hijo. Y su deseo continúa siendo el mismo de Caná:
"Haced lo que Él os diga".
Celebrar a María Reina es reconocer que Dios ha llevado hasta la gloria la humildad de aquella que se llamó a sí misma "la esclava del Señor".
La esclava es coronada.
La humilde es ensalzada.
La Madre del Rey reina junto a su Hijo.
🙏🏻 Santa María, Reina del cielo y de la tierra, Reina de la Iglesia y Reina de la paz, ruega por nosotros y condúcenos siempre a Cristo, nuestro único Señor y Rey.