03/04/2026
El jueves por la noche en Getsemaní, Jesús fue arrestado, traicionado por uno de sus discípulos y abandonado por los demás. Los principales sacerdotes y el Sanedrín pidieron juicios secretos en la oscuridad de la noche, y el veredicto dictado fue que Jesús sería crucificado.
Cinco días después de que las multitudes gritaban ¡ Hosanna!, ahora enfurecidas gritaban ¡Crucificadle!
Después de una fuerte golpiza, Jesús es clavado en una cruz.
Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. (Mateo 27:27-31)
Cristo estuvo sobre esa cruz seis horas, colgado entre el cielo y la tierra, entre las nueve de la mañana y las tres de la tarde.
En las primeras tres horas el hombre hizo con Él lo peor que podía hacer; le colmó de ridículo e insultos, le escupió, le golpeó, le clavó sin misericordia en esa cruz cruel, y, luego, se sentó para ver cómo moría.
A las doce del medio día, después de tres horas de agonía, Dios puso un velo sobre el sol, y la oscuridad cubrió esa escena, ocultando del ojo humano la transacción entre el Padre y el Hijo.
Él fue tratado como pecado, porque se nos dice que Él, que no tenía pecado, fue hecho pecado por nosotros.
Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron. (Mateo 27:50-51)
Cuando Jesús dio su último aliento en la cruz, la cortina del templo se rasgó, la pared divisoria desapareció y Jesucristo hizo un camino para que nos acercáramos a Dios.
Toda la humanidad supo que algo gigantesco había sucedido aquel día que Jesús había mu**to.
Nunca antes o después se ha perdido y ganado más al mismo tiempo.
Dios nos estaba reconciliando consigo a través de su hijo, mediante su muerte nos dio vida.
El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente este era Hijo de Dios. (Mateo 27:52)