29/04/2026
Del santo Evangelio según san Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo. El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho”. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN: El pasaje pertenece al final de la primera mitad del Evangelio de san Juan o “libro de los signos”, que concluye constatando la absoluta incredulidad de los judíos. Este porfiado repudio ya nos había sido descrito en su muy elaborado prólogo (Cfr. Jn 1, 11-12), del que se retoman aquí dos temas que están en mutua relación: la «luz» y la «palabra». Creer en Cristo es más que una declaración externa e incluso más que una simple disposición interna. Es una adhesión incondicional a su persona y una entrega total a su causa, fruto de un encuentro personal con Él.