21/05/2026
ORACIÓN VOCACIONAL
Señor Jesús,
verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar,
hoy me postro ante Ti,
porque sé que me miras con amor,
porque sé que me conoces por mi nombre,
porque sé que desde toda la eternidad has pensado en mí.
Aquí estoy, Señor,
delante de tu presencia silenciosa y viva.
Aquí estoy con mis alegrías y mis heridas,
con mis sueños y mis temores,
con mis fortalezas y mis debilidades.
Te contemplo oculto en la Hostia Santa
y descubro que sigues llamando,
como llamaste a Pedro junto al lago,
como llamaste a Mateo en su mesa de impuestos,
como llamaste a María para ser la Madre del Salvador,
como llamaste a tantos santos que dejaron todo para seguirte.
Jesús Eucaristía,
haz que pueda escuchar tu voz
en medio del ruido del mundo,
en medio de mis preocupaciones,
en medio de mis dudas.
Que ninguna otra voz sea más fuerte que la tuya.
Que ninguna comodidad me aparte de tu voluntad.
Que ningún miedo me impida responder a tu llamado.
Señor,
si me llamas al sacerdocio,
dame un corazón de pastor,
capaz de amar, servir y entregar la vida por tu pueblo.
Si me llamas a la vida consagrada,
haz de mí una ofrenda viva,
alegre y generosa,
que anuncie con su existencia que Tú eres el mayor tesoro.
Si me llamas al matrimonio,
haz que pueda construir una familia santa,
fundada en la fe, la esperanza y el amor.
Si me llamas a la misión,
enciende en mi corazón el fuego de Pentecostés
para llevar tu Evangelio hasta los confines del mundo.
Y si aún no comprendo plenamente tu voluntad,
enséñame a permanecer junto a Ti,
porque quien permanece ante tu presencia
termina descubriendo el camino que Tú has preparado.
Jesús Eucaristía,
haz que muchos jóvenes escuchen tu voz.
Mira a tu Iglesia necesitada de santos sacerdotes,
de religiosas y religiosos fieles,
de matrimonios ejemplares,
de catequistas comprometidos,
de misioneros valientes.
Llama, Señor, a quienes Tú has elegido.
Despierta corazones generosos.
Suscita respuestas valientes.
Haz florecer nuevas vocaciones para tu Iglesia.
Hoy quiero decirte,
desde lo más profundo de mi corazón:
Aquí estoy, Señor.
Haz de mí lo que quieras.
Llévame donde quieras.
Pídeme lo que quieras.
Nada te niego, porque Tú nunca me has negado tu amor.
Que mi vida sea para tu gloria,
que mis palabras anuncien tu Reino,
que mis manos sirvan a mis hermanos,
y que mi corazón te pertenezca para siempre.
María, Madre de las vocaciones,
enséñame a responder como tú:
«Hágase en mí según tu palabra».
San José, custodio de Jesús,
guíame por los caminos de la fidelidad.
Santo Tomás de Aquino,
ruega por nosotros.
Y Tú, Jesús Sacramentado,
quédate siempre conmigo,
para que un día pueda contemplarte
cara a cara en la gloria eterna.
Amén.