04/10/2025
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SAN FRANCISCO DE ASIS,
Cada 4 de octubre, la Iglesia celebra al santo que más profundamente se unió a Cristo: San Francisco de Asís (1182-1226). Aquel que abrazó la pobreza con alegría, renovó la Iglesia desde dentro y descubrió a Dios en cada criatura de la naturaleza.
Su figura sigue viva, tanto que un Papa quiso honrarlo llevando su nombre. Francisco de Roma lo definió como “un hombre de armonía y de paz”, y Benedicto XVI lo llamó “un gigante de la santidad que sigue fascinando a creyentes y no creyentes por igual”.
- El camino del amor y la libertad
Francisco nació en Asís, hijo de un rico comerciante. De joven disfrutó del lujo y la diversión, hasta que una guerra cambió su destino. Fue hecho prisionero, enfermó y comenzó a escuchar dentro de sí la voz de Dios: “Sirve al amo, no al siervo”.
De regreso en casa, tras una larga convalecencia, descubrió que su corazón estaba vacío. En el silencio, en la oración y en el contacto con la naturaleza, comprendió que solo Dios podía darle sentido a su vida.
-Libre para amar más
Transformado por dentro, empezó a hacer lo que para muchos era locura: visitaba a los enfermos, abrazaba a los leprosos y les llevaba alimento y consuelo. Cuando se quedó sin dinero, regaló su ropa y todo lo que tenía. Por primera vez se sintió verdaderamente libre.
“Francisco, repara mi casa”
Orando ante el crucifijo de San Damián, escuchó la voz de Cristo que le pedía reparar su Iglesia. Creyendo que debía reconstruir el templo material, vendió los bienes de su padre. Por eso fue humillado y golpeado, pero con humildad entregó todo, incluso sus vestiduras.
Desde entonces vivió en pobreza, dedicando su vida a restaurar templos y a servir a los pobres. Su saludo se volvió su misión: “La paz del Señor sea contigo”.
- Hermana Pobreza
Su vida sencilla atrajo a muchos jóvenes que quisieron seguirlo. En 1209, el Papa Inocencio III aprobó la nueva fraternidad: la Orden de los Frailes Menores, los “franciscanos”. Su regla era simple: vivir el Evangelio en pobreza, alegría y amor.
Francisco solía decir: “Conozco a Cristo pobre y crucificado, y eso me basta”.
Nunca quiso ser sacerdote, y eligió para su familia espiritual el nombre de “menores”, para recordar que solo quien se hace pequeño puede servir con amor.
- Pobreza interior
Francisco enseñaba que la verdadera pobreza comienza en el corazón:
> “El que es verdaderamente pobre de espíritu, se aborrece a sí mismo y ama a los que le golpean en la mejilla”.
El desapego no era una renuncia amarga, sino la puerta hacia una alegría más profunda: la de pertenecer solo a Dios.
-Unido a Cristo crucificado
En su madurez, el Señor lo hizo partícipe de su Pasión. Francisco recibió en su cuerpo los estigmas de Cristo, las llagas sagradas que sellaron su unión total con el Redentor. Vivía ya casi fuera de sí, completamente transformado en amor.
- Hermana muerte
El 3 de octubre de 1226, Francisco partió a la Casa del Padre, llamando a la muerte “hermana”, con la misma ternura con que había llamado “hermanos” al sol, al agua y a los animales. Tenía apenas 44 años.
Su vida sigue inspirando al mundo entero: el amor a la creación, la defensa del medio ambiente, la sencillez, la fraternidad y la paz. Se le considera el iniciador del “pesebre” navideño, signo de su amor por el Niño Jesús.
-Un legado eterno
San Francisco es patrono de los animales, del medio ambiente y de los belenistas, y protector de muchas ciudades y comunidades en todo el mundo.
Su ejemplo sigue vivo en cada corazón que se abre a la paz, la humildad y el amor a todas las criaturas.
- “Donde hay amor y sabiduría, no hay temor ni ignorancia.
Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni perturbación.
Donde hay pobreza con alegría, no hay codicia ni avaricia.”
— San Francisco de Asís