24/08/2026
Dios es quien añade a su Iglesia a aquellos que van siendo salvos. Cada persona que llega a ella tiene un propósito y forma parte de la obra que Él está realizando. Por eso, nosotros no debemos restar, despreciar ni obstaculizar lo que Dios está haciendo dentro de su Iglesia.
A veces podemos encontrar personas con diferentes maneras de pensar, diferentes procesos, personalidades o debilidades. Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña a soportarnos unos a otros con amor, teniendo paciencia y mostrando gracia, así como Dios la ha tenido con nosotros.
No estamos llamados a decidir quién merece estar en la Iglesia, sino a amar, recibir, ayudar y edificar a nuestros hermanos. Si Dios está añadiendo personas a su pueblo, nuestra responsabilidad es colaborar con lo que Él hace y no convertirnos en una razón para que alguien se aleje.
Que nuestra actitud nunca sea restar, dividir o señalar, sino sumar, unir y edificar. Que podamos aprender a soportarnos unos a otros con amor, entendiendo que todos estamos en un proceso y que Dios sigue transformando nuestras vidas.
“Soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.” — Efesios 4:2
Que la Iglesia sea un lugar donde las personas puedan encontrar a Cristo, crecer en Él y experimentar el amor de Dios a través de nosotros.