17/05/2026
Domingo; La Ascensión del Señor
Hech 1, 1-11; Sal 45; Ef 1, 17-23; Mt 28, 16-28
El Evangelio de hoy nos recuerda que los apóstoles van al monte donde los ha citado el Señor, “al ver a Jesúes, se postraron, aunque algunos titubeaban”. Estamos invitados a reconocer al Señor, a postrarnos en su presencia, a reconocer su acción en la vida concreta. Por ello Jesús les recuerda “me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos”. Nuestro mandato, a ir a proclamar por todas partes el Evangelio, no es una tarea fácil, pero si nos confiamos en él, seremos capaces de compartir y enseñar; “a cumplir cuanto el Señor nos ha mandado, y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. El Señor está con nosotros continuamente, no nos abandona, por el contrario, camina junto a nosotros, nos sostiene, y nos lleva a la vida concreta, donde se hace presente él para compartir y enseñar desde el amor que nos tiene, desde su persona.
En la primera lectura del libro de los Hechos, nos recuerda que Jesús después de presentarse de diversas maneras a los suyos, a los suyos dejándose ver y hablándoles del Reino de los Cielos. Nos recuerda también que al despedirse se fue alejando de ellos hasta que una nube lo cubrió. Al igual que a sus discípulos nos dicen “que hacen ahí parados”. Pongamos en camino, anunciando lo que hemos visto y oído. Piamos al mismo tiempo el Espíritu de sabiduría como nos recuerda el apóstol Pablo, “le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento”. Redescubramos nuestro ser concreto de enviados, mostrando la extraordinaria fuerza de su poder, manifestada en cada uno de nosotros.
Feliz domingo de la Ascensión del Señor. Abundantes bendiciones.
P. Jorge, ssp.