Caminar con fe en Santa Cruz Tlaxcala

Caminar con fe en Santa Cruz Tlaxcala Redescubriendo nuestra fe a través de la historia, la cultura y la vida diaria en Santa Cruz Tlaxcala. Menos ritos, más coherencia. ;)

Hoy, Santa Cruz Tlaxcala es testigo de una transición que quedará grabada con letras de oro en la memoria de nuestra fe:...
07/08/2026

Hoy, Santa Cruz Tlaxcala es testigo de una transición que quedará grabada con letras de oro en la memoria de nuestra fe: EL RELEVO DE LA MAYORDOMÍA DE SEMANA SANTA.

Mirar hacia atrás a lo que ha sido el ciclo 2025-2026 es sentir un n**o apretado en la garganta y una gratitud que difícilmente cabe en palabras.

A LA MAYORDOMÍA SALIENTE (2025-2026)

GRACIAS. De todo corazón, en nombre de este pueblo que los vio cansarse, desvelarse y entregarlo absolutamente todo.

Sin demeritar jamás el camino trazado por quienes estuvieron antes, porque la fe de esta tierra se ha construido piso a piso por generaciones, hoy es justo y necesario RECONOCERLO ABIERTAMENTE: lo que ustedes hicieron no tiene precedente. Nadie afuera ve las madrugadas en vela, los pies cansados, las preocupaciones por que todo saliera con dignidad y la entrega silenciosa que le robaron a sus propias familias para dárselo a la iglesia. Vimos su amor volcado en cada detalle de la Semana Mayor, pero sobre todo, fuimos testigos del trabajo histórico, devoto y dedicado en la Capilla del Calvario. Cada rincón restaurado, cada acción en favor de la comunidad católica y cada esfuerzo no fue para el lucimiento personal, sino para la gloria de Dios y el cobijo de nuestra gente.

Hoy entregan el cargo con las manos desgastadas por el trabajo, pero con el alma limpia y la frente en alto. Santa Cruz no olvida a quienes le sirven con tanta pureza. Dios les pague cada gota de sudor que derramaron por Su templo.

A LA MAYORDOMÍA ENTRANTE (2026-2027)

A ustedes, que hoy reciben este sagrado compromiso: los acompañamos con la oración y el corazón abierto.

No podemos ocultarlo: reciben una sombra enorme por cubrir. La vara ha quedado en lo más alto y la huella que les antecede es profunda. El reto que hoy asumen en sus manos es monumental, pero no deben sentir miedo. Esta no es una competencia, es una carrera de relevos en la fe.

No se les pide que sean iguales, les pide que entreguen el mismo amor. La encomienda requerirá de ustedes trabajo duro, unidad, humildad en las decisiones y un corazón dispuesto a sacrificarse por la misma causa divina. Tienen en sus espaldas la fe de todo un pueblo que confía en ustedes, que los respaldará en cada paso y que rezará para que el Señor del Calvario les dé la sabiduría y la fuerza necesaria en los días difíciles.

A los que se van: Nuestra gratitud eterna y el aplauso de todo un pueblo.
A los que llegan: Nuestra oración, nuestro apoyo y la bendición de Dios en este nuevo caminar.

¡Sigan caminando con fe y que el Señor Jesús del Calvario siga guiando los pasos de Santa Cruz Tlaxcala!

en

Quién no ha pasado por la sala de la casa de nuestros padres o de los abuelos y vemos ahí, sobre una mesita o en un mueb...
29/07/2026

Quién no ha pasado por la sala de la casa de nuestros padres o de los abuelos y vemos ahí, sobre una mesita o en un mueble especial, esa Biblia enorme y pesada. Casi siempre abierta en el Salmo 91 o el Salmo 23, como si fuera un escudo protector, un amuleto contra los males del mundo o un adorno venerado que se llena de polvo con el paso de los años.

La miramos con respeto, pero con una distancia helada. Creemos que respetarla es dejarla intacta, que siempre siga bonita y bien cuidadita. Y no nos damos cuenta de que tenerla así es como guardar un sobre que contiene una carta de amor sin abrirlo jamás.

Durante mucho tiempo a todos nos han dicho cómo "deberíamos leerla". Llega alguien con un tono experto y te dice que el único camino lógico es empezar desde el Génesis, página por página, para entender la historia desde el origen. Luego llega otro más expermientado y te asegura que no, que estás equivocado, que hay que arrancar directo en los Salmos para calmar el espíritu. Y no falta quien insista en que si no empiezas por el Evangelio de San Juan, simplemente no vas a comprender nada.

Tantas reglas, tantas instrucciones y tantas miradas juzgadoras al final logran todo lo contrario: nos acobardan. Sentimos que no sabemos lo suficiente, que nos vamos a equivocar, o que ese libro no es para personas comunes con días difíciles, con errores a cuestas y con el alma llena de dudas.

Y así, la Palabra se queda ahí... muda, encerrada entre pastas gruesas, mientras nosotros seguimos caminando por la vida cargando vacíos que no sabemos cómo llenar. Pero la verdad es que la voz de Dios no es una materia de la escuela, ni un examen con instrucciones estrictas.

A Dios no le importa en qué página abras su libro, él solo quiere que lo abras. No importa si un día por pura curiosidad la abres a la mitad, si lees solo dos renglones antes de dormir, o si te detienes en un versículo al azar que parece que fue escrito exactamente para la herida que hoy te está haciendo llorar.

Hay días en que esa lectura es un abrazo que seca lágrimas en el silencio de la noche; otros días es un jalón de orejas que nos despierta del orgullo, y otros, es simplemente esa pequeña luz que evita que nos rindamos cuando sentimos que ya no podemos más. Es una necesidad del alma que, cuando la dejas de alimentar, deja un hueco helado en el pecho que nada del mundo logra llenar.

Tal vez si hoy te atreves a tomarla y hojearla, alguien en tu propia casa o en la calle te mire raro. Tal vez te hagan burla, o piensen que te estás volviendo "demasiado religioso". No les hagas caso. La gente suele juzgar lo que no entiende y critican la sed que ellos mismos no han aprendido a saciar.

No esperes a tener la vida resuelta, ni a comprender teología, ni a que te digan por dónde empezar. Si hoy sientes ese n**o en la garganta, si el cansancio te pesa o simplemente necesitas escuchar una voz que no te juzgue y te recuerde quién eres, acércate.

Desempolva esa Biblia. No la uses para adornar la casa, sino para sanar tu corazón. Ábrela donde caiga si así lo quieres, lee tres líneas con humildad... y deja que La Palabra de quien te dio la vida vuelva a hablarle despacito a tu alma.

en

Hace medio siglo, en el silencio de un corazón dispuesto, resonó una voz divina que decía: "Sígueme". Y la respuesta no ...
19/07/2026

Hace medio siglo, en el silencio de un corazón dispuesto, resonó una voz divina que decía: "Sígueme". Y la respuesta no se hizo esperar. Un "Sí" generoso y valiente que hoy, al mirar el camino recorrido, se ha transformado en cincuenta años de gracia, de entrega absoluta y de un servicio incansable a los pies del altar.

​Celebrar el Jubileo de Oro Sacerdotal de nuestro querido Obispo, Mons. Julio César Salcedo Aquino, es contemplar la fidelidad de Dios reflejada en la vida de un hombre que decidió darlo todo por su rebaño. Cincuenta años no se dicen fácil; representan una vida entera siendo el bálsamo en el dolor de los afligidos, la palabra de esperanza en medio de la tormenta y las manos benditas que, día con día, nos regalan el milagro de la Eucaristía. Es el desgaste hermoso de un pastor que huele a sus ovejas, que camina con ellas y que ha hecho del amor al prójimo su bandera más alta.

​La comunidad católica de Caminar con fe en Santa Cruz Tlaxcala, se arrodilla espiritualmente en profunda acción de gracias. Nos unimos con el corazón latiendo de júbilo a esta fiesta de toda nuestra Iglesia diocesana. Porque ver a un sacerdote cumplir cincuenta años de ministerio es la prueba más viva de que el amor de Dios nunca nos abandona y de que vale la pena consagrar la vida por entero a las cosas del Cielo.

​Pedimos con fervor que el Buen Pastor siga bendiciendo, fortaleciendo y llenando de salud su ministerio. Que cada paso que dé siga siendo guiado por el Espíritu Santo, y que Nuestra Madre Santísima de Ocotlán, con su manto lleno de estrellas y su mirada llena de ternura, lo abrace fuertemente, lo cuide en sus momentos de cansancio y lo acompañe siempre, para que siga derramando ese amor y servicio generoso sobre el rebaño de la Diócesis de Tlaxcala que tanto lo ama.

​¡Gracias, Monseñor, por cincuenta años de ser luz, por enseñarnos a caminar con fe y por recordarnos, con su propia vida, que el amor a Dios es el sentido de nuestra existencia!

Diócesis de Tlaxcala

A veces la vida nos da los golpes más duros en el absoluto silencio. Entramos a la casa, vemos la sala vacía, la mesa de...
18/07/2026

A veces la vida nos da los golpes más duros en el absoluto silencio. Entramos a la casa, vemos la sala vacía, la mesa de la cocina, las plantas del patio que alguien regaba con tanta paciencia… y el vacío que se siente en el pecho es tan inmenso que parece que nos va a arrancar el aire.

Es una nostalgia que quema, un dolor sordo que nos acompaña al caminar por las calles de nuestro pueblo, cargando con el peso desgarrador de todo lo que pudimos haber dicho y no dijimos.

Se nos va la vida pensando que el mañana está asegurado. Nos envolvemos en nuestras prisas cotidianas, en el trabajo, en los pequeños rencores o en el orgullo, asumiendo que esa persona que nos dio el ser, siempre estará ahí para recibirnos con los brazos abiertos.

Hasta que un día, Dios decide llamarla a su lado.

Y entonces daríamos todo lo que tenemos, hasta el último centavo y el último suspiro, por escuchar una sola vez más su voz llamándonos por nuestro nombre, por sentir sus manos curtidas y sabias acariciando nuestra frente, por verla sentada en su sillón en una tarde de sol, por escuchar sus planes para la siguiente semana.. Y lloramos con el alma rota ante el misterio eterno, recordando los días difíciles, las noches de hospital, la fragilidad de su cuerpo ya desgastado... y nos damos cuenta de lo pequeños que somos.

Si tienes que llorar, llora. Que las lágrimas corran libremente, porque no son signo de debilidad, sino el reflejo de un amor que se quedó sin palabras en la tierra.

Pero que este dolor profundo no se quede en un llanto estéril. Si sientes que las lágrimas no te alcanzan para llenar este vacío, deja que ese n**o en la garganta se convierta en una sacudida para tu vida.

Que la partida de los seres que más amamos nos despierte del letargo. No permitamos que el orgullo o la indiferencia sigan robándonos los días con nuestra esposa, con nuestros hijos, con nuestros padres que aún caminan con nosotros, con nuestros hermanos y más fieles amigos.

La vida es un suspiro que se desvanece en el aire. No hay que irnos a la cama con un perdón atorado en el pecho; no dejemos pasar un solo día sin abrazar con sinceridad y decirle a los nuestros cuánto los amamos.

Si tenemos un ser querido que ha partido a la presencia de Nuestro Creador, es nuestra fe la que nos da la certeza absoluta de que ella ya no sufre, de que su cuerpo ha sido sanado y descansa en la plenitud de la gloria de Dios, hoy convertida en nuestra intercesora más amorosa desde el Cielo.

Nuestro ser más querido, ya está en paz. Ahora nos toca a nosotros cambiar el rumbo, sanar el corazón y aprender a amar de verdad, sin condiciones y sin límite, antes de que el silencio de la tarde nos recuerde que el tiempo se nos ha terminado.

Este final terrenal no es el fin de la historia. Hoy, más que nunca, la verdad de la Resurrección debe ser nuestra luz. Debemos creer con cada lágrima y con cada suspiro, que ellos nos esperan. Y por esa dulce esperanza, el llamado hoy es a ser el mejor esposo, la mejor esposa, el mejor padre, y el hijo que aún necesita a sus padres que caminan con ellos.

Debemos, necesitamos y lucharemos cada día por tener la oportunidad de volver a ver su rostro radiante y decirle con un fuerte abrazo, en la plenitud de la vida eterna: "Perdóname por todo, aquí estoy"... y ella nos responda con todo su amor: "No hay nada que perdonar, bienvenido a casa, hijo mio".

Es muy fácil poner un emoticón de manos juntas o escribir un "oremos por Venezuela" y seguir deslizando la pantalla para...
30/06/2026

Es muy fácil poner un emoticón de manos juntas o escribir un "oremos por Venezuela" y seguir deslizando la pantalla para ver el siguiente video.

Es cómodo. Nos hace sentir buenas personas. Pero hoy, después de leer esto, te invito a que dejes el celular un momento sobre la mesa, cierres los ojos y respires hondo. Siente el aire fresco entrando a tus pulmones. Admira el techo firme que tienes sobre la cabeza.

Y siempre decimos, aquí en Santa Cruz, estamos en la gloria, aquí no pasa nada de eso. Pero por un instante imagina que este suelo que pisas, la tierra que tanto amas y que crees segura, se empieza a sacudir con la furia del mismísimo in****no. Imagina que en solo treinta segundos, todo lo que construiste con el sudor de tu frente, la casa donde duermen tus hijos, la mesa donde cenas con tu esposa, se convierte en polvo y silencio.

​Eso no es una película, esta realidad están viviendo desde hace días en Venezuela.

​Mientras tú y yo nos quejamos porque el despertador sonó tarde, porque el trabajo está pesado o porque el vecino nos miró mal, allá hay un padre buscando entre los escombros el cuerpo de su hijo. Hay una madre en shock, sentada en la banqueta, abrazando una cobija vacía porque la vida se le fue en un suspiro.

​El dolor de un hijo de Dios no se mide en kilómetros. Si ver a nuestros hermanos aplastados por el peso de la desgracia no nos desgarra el alma, si no nos hace sentir un n**o amargo en la garganta, es que estamos espiritualmente mu***os. Nos hemos vuelto de piedra. Pensamos que por estar aquí, en nuestro rincón del mundo, estamos a salvo de la fragilidad de la vida. Y no es así... la vida es un soplo para todos. Hoy son ellos, mañana podemos ser nosotros.

​Por eso hoy no "compartas" por compromiso. Si vas a orar, que te duela. Ponte en los zapatos de ese hermano que se quedó sin nada. Si tienes a tu esposa a tu lado, mírala, abrazala y agradece que respira. Si tus hijos están sanos, abrázalos con un amor enorme y sincero, porque la vida se nos va sin avisar. Bendice en vida a tus padres hoy mismo, abrazalos y disfrutalos todo lo que puedas, no mañana, porque quizas no lo haya.

​Señor, perdónanos por ser tan indiferentes a las llagas de tus hijos. Hoy así como se abrieron el suelo y los edificios en Venezuela, así también abre nuestros corazones de piedra. Dale fuerza a los que lloran entre los escombros y a nosotros concédenos la gracia de temblar de dolor por el sufrimiento ajeno.

Que nuestra oración no sea un eco vacío, sino un grito sincero que suba hasta donde está Dios.

A veces la vida nos hace sentir como el leproso del Evangelio (Mateo 8, 1-4). No me refiero a la enfermedad física, sino...
26/06/2026

A veces la vida nos hace sentir como el leproso del Evangelio (Mateo 8, 1-4). No me refiero a la enfermedad física, sino de esa "lepra" del alma que nos aísla, que nos llena de vergüenza y nos hace sentir que ya no merecemos ser amados por nadie, ni siquiera por Dios. Nos sentimos sucios, cansados de luchar contra nuestros errores, con el corazón roto y la fe flaqueando.

Imagina la escena: Jesús viene bajando de la montaña, rodeado de multitudes. Y de pronto, entre la gente, aparece él. Un hombre que, según la ley de su tiempo, debía gritar "¡Inmundo! ¡Inmundo!" para que nadie se le acercara. Un hombre al que nadie había tocado en años, que solo conocía el rechazo y la soledad más absoluta.

Él no se acerca exigiendo, no grita para llamar la atención. Él se postra, se rinde por completo. Y desde el suelo, con la voz entrecortada por el dolor acumulado, pronuncia las palabras más humildes y conmovedoras:

"Señor, SI QUIERES, puedes limpiarme".

Al decir "puedes limpiarme" No duda del poder de Jesús , pero somete su sanación por completo a la voluntad divina con el "si quieres". Es un total acto de confianza, que nos deja sin aliento. Es como decirle: "Mi dolor es inmenso, mi soledad es insoportable, pero prefiero tu voluntad antes que mi propia necesidad. Confío en ti, aunque decidas no sanarme hoy".

Y entonces, ocurre el milagro más grande. Antes de la palabra, viene el gesto. Jesús pudo haberlo sanado con solo decirlo, pero el Evangelio dice: "Jesús extendió la mano y lo tocó".

¡Lo tocó! Rompió todas las reglas, arriesgó su propia reputación. Ese toque de Jesús fue el primer abrazo que ese hombre recibió en años. Antes de limpiar su piel, Jesús sanó su corazón al recordarle que seguía siendo una persona, un hijo amado.

Si tu sientes que tu "lepra", tu angustia por no encontrar trabajo, tu culpa o tu soledad te está consumiendo por aquel accidente, y tiene a tu ser más querido postrado en la cama de un hospital... acércate a Jesús. No tengas miedo. No necesitas palabras elegantes. Postrate ante Él en el silencio de tu cuarto o frente al Santísimo en nuestra parroquia y dile con el corazón en la mano: "Señor, si quieres, puedes sanar este dolor que me quita el sueño, si quieres, puedes limpiar mi alma, si quieres, puedes sanar a mi madre, si quieres, puedes devolverme la paz... SI QUIERES"

Él está ahí. Y aunque la respuesta no sea inmediata, te aseguro que Su mano ya se extendió para tocarte. No estás solo. Él te mira a los ojos y te dice, como al leproso: "Quiero. Sé limpio".

Permítele que te toque hoy. Déjate abrazar por Su misericordia infinita.

Caminemos con fe, incluso cuando nuestro cuerpo ya no aguanta y el alma nos duele.

Dirección

Santa Cruz Tlaxcala Centro
90640

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Caminar con fe en Santa Cruz Tlaxcala publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Atajos

Compartir