04/09/2026
Claro que en nuestras vidas siempre habrá momentos en los que recibamos golpes bajos, justo en las emociones, buscando crear raíces de amargura, rechazo, dolor o falta de perdón.
Sin embargo, la clave para destruir esa arma forjada en tu contra será presentarte delante de Dios.
Y creo que el profeta Samuel nos lo define muy bien:
1 Samuel 8:6-7 NVI
“Cuando dijeron que querían tener un rey, Samuel se disgustó. Entonces se puso a orar al Señor, pero el Señor dijo: «Hazle caso al pueblo en todo lo que te diga. En realidad, no te han rechazado a ti, sino a mí, pues no quieren que yo reine sobre ellos».”
Samuel se molestó por la actitud que el pueblo tomó ante la situación de que sus hijos estuvieran en el liderazgo.
Y aunque él sabía que sus hijos no seguían sus mismos caminos, también sabía que Dios era quien realmente reinaba en Israel y que Él haría lo que fuera mejor para sus hijos.
Pero eso no evitaba que le doliera y le molestara que el pueblo, en su cara, desechara a sus hijos. Sin embargo, Dios le escudriñó el corazón.
En cuanto Samuel va delante de Su presencia en oración y le cuenta todo, Dios le dice: “No te han desechado a ti, sino a mí.”
Y yo creo que eso desarmó al enemigo.
¿Qué hubiera pasado si Samuel hubiera masticado el dardo que el enemigo le mandó?
Quizás se hubiera llenado de enojo y se hubiera apartado del Señor, o hubiera hecho cualquier otra cosa motivado por lo que esa situación lo hizo sentir.
¿Qué dardos te está mandando el enemigo?
¿Qué emociones están queriendo bombardear tu vida justo en este momento?
Si ya los identificaste, inmediatamente corre a Dios y ora delante de Su presencia.
El enemigo es poco creativo y maximiza todo lo que detecta que pueda usar para derribarte.
Por ejemplo:
•Si te sientes solo en tus pruebas, no es que a nadie le importes; Dios está permitiendo que te des cuenta que solo Él te puede sostener y quiere que dependas de Él.
• No es rechazo; simplemente, quizás no es tu asignación ni tu tiempo.
• Puede ser que las cosas aparentemente se estén saliendo de control y sientas dolor, pero eso no quiere decir que Dios no siga obrando.
Sea cual sea tu situación, Dios está llegando justo a tiempo para alertarte.
Y la cura está en ir a derramar tu corazón delante de Dios antes de que los que sientes eche raíces y sea más difícil sacarlo de ti.
¡Escudriña tu corazón, coloca bien tu armadura y mantente alerta!
Nosotros nunca debemos ignorar las maquinaciones de aquel que Cristo venció en la cruz.
¡Cuida tu corazón!