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Reina Valera 1909 Prov.23:7Porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él. Come y bebe, te dirá; Mas su corazón no ...
30/04/2026

Reina Valera 1909 Prov.23:7
Porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él. Come y bebe, te dirá; Mas su corazón no está contigo.

Cuando entregamos nuestros pensamientos a Dios y ya no son nuestros pensamientos sino los suyos. TODO!!! A nuestro alrededor CAMBIA!! Vemos cómo Él quiere que veamos.

Entonces se hace realidad lo que dice en Jeremías 29:11
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

Bendecida tarde 🤗

¿SABÍAS QUE EL ÁNGEL NO LE DISLOCÓ LA CADERA A JACOB PORQUE ESTUVIERA PERDIENDO LA PELEA? EL MISTERIO DEL "GID HANASHEH"...
27/04/2026

¿SABÍAS QUE EL ÁNGEL NO LE DISLOCÓ LA CADERA A JACOB PORQUE ESTUVIERA PERDIENDO LA PELEA? EL MISTERIO DEL "GID HANASHEH"....

En Génesis 32, Jacob se queda solo en el desierto y pelea cuerpo a cuerpo contra un Ángel (una manifestación de Dios) durante toda la madrugada. Jacob, desesperado, lo agarra y le dice: "No te dejaré ir, si no me bendices".
El texto dice que el Ángel, al ver que no podía vencerlo, tocó el sitio del encaje de su muslo, y se lo descoyuntó (se lo dislocó). Jacob ganó la bendición y un nombre nuevo (Israel), pero se fue caminando con una cojera para el resto de su vida.

¿Por qué el Creador del universo lastimaría físicamente a un hombre justo antes de bendecirlo?

EL CÓDIGO: EL GID HANASHEH (גִּיד הַנָּשֶׁה) Y LA FUERZA HUMANA

El músculo exacto que el Ángel tocó fue el Gid Hanasheh (el nervio ciático / la articulación de la cadera). Anatómica y biomecánicamente, la cadera y el muslo son el centro de equilibrio y el grupo muscular más fuerte de todo el cuerpo humano.

Jacob era un hombre acostumbrado a sobrevivir usando su propia fuerza. Era un manipulador brillante; siempre tenía un plan B, dinero para comprar favores y trucos para salir ileso de los problemas. Él confiaba en sí mismo.
Dios sabía que no podía darle el destino de una nación a un hombre orgulloso. Por eso, el Ángel no le tocó un brazo o la cabeza; ¡fue directamente al pilar central de su fuerza física y lo rompió! El mensaje del cielo fue: "Te voy a dar la bendición más grande de la historia, pero voy a quebrar tu autosuficiencia para asegurarme de que nunca más vuelvas a apoyarte en ti mismo".

MENSAJE PARA TI

Le exiges a Dios que te bendiga, que te prospere y que te use. Pero en el fondo, sigues intentando controlar todo con tus propias fuerzas, con tu intelecto y con tu dinero. Eres el "salvador" de todos y no dependes de nadie.

A veces, para entregarte tu mayor propósito, Dios va a tener que "dislocar" aquello en lo que más te apoyas. Quizás permita que tu cuenta bancaria tiemble, que tu plan maestro fracase o que tu orgullo se rompa. No te enojes por la herida. Esa "cojera" no es un castigo; es una medalla de honor. ¡Las personas que han sido tocadas por Dios nunca vuelven a caminar igual! Es mil veces mejor caminar cojeando apoyado en la gracia de Dios, que caminar erguido directo hacia tu propia destrucción.

27/04/2026

Nunca te contaron esta parte de la historia… y cuando la entiendes, ya no vuelves a confundir obediencia con dignidad.

Esta historia está en Ester 1.

Un rey: Asuero.
Un imperio enorme.
Una fiesta que duró días… exceso, poder, orgullo.

Y en medio de ese ambiente…

una orden.

El rey manda llamar a la reina Vasti.

Pero no para dialogar…
no para gobernar…
no para honrarla.

La manda llamar para exhibirla.

El texto hebreo deja ver la intención:

Mostrar su belleza ante hombres embriagados.

No era presencia…
era exposición.

No era honra…
era uso.

Y entonces sucede algo que cambia toda la historia:

Vasti dice no.

Y ese “no”…

le cuesta todo.

Pierde su corona.
Pierde su posición.
Desaparece del relato.

Y aquí es donde la mayoría de lecturas se quedan cortas:

Se le ve como rebelde…
como desobediente…
como problema.

Pero si profundizas…

ves algo completamente distinto:

Vasti no está desobedeciendo autoridad justa…

está resistiendo una orden que atenta contra su dignidad.

Y aquí está la exégesis que cambia la perspectiva:

No toda obediencia es correcta.

Hay momentos donde decir “sí” te rompe…

y decir “no” te cuesta…

pero te mantiene íntegro.

Y eso…

es lo que hizo Vasti.

Y aquí empieza lo profundo, lo humano, lo actual:

Porque hoy también hay momentos así.

Momentos donde alguien con poder…

espera que hagas algo que sabes que no está bien.

No necesariamente algo extremo…

pero sí algo que te incomoda por dentro.

Una presión.
Una expectativa.
Un ambiente.

Donde sabes que si dices que no…

puedes perder.

Y ahí es donde muchos ceden.

Por miedo.
Por necesidad.
Por no quedarse solos.

Pero Vasti no cedió.

Y no porque fuera fácil…

sino porque entendió algo que pocos entienden:

Hay cosas que no valen el precio de perderte a ti mismo.

Y aquí viene lo que toca fibras profundas:

Porque decir “no” en la vida real…

no es romántico.

Cuesta.

Cuesta oportunidades.
Cuesta relaciones.
Cuesta estabilidad.

Y a veces…

cuesta ser entendido.

Porque desde afuera…

la gente no ve el peso de la decisión.

Solo ve el resultado.

Y juzga.

Y aquí está lo más honesto de esta historia:

Dios no interviene para salvar a Vasti de las consecuencias.

No hay milagro visible.
No hay restauración inmediata.
No hay final bonito para ella en el texto.

Y eso rompe otra idea falsa:

Hacer lo correcto no siempre te deja en una mejor posición inmediata.

A veces…

te deja solo.

Y aquí es donde esta historia se vuelve incómodamente real…

porque hoy hay personas que han hecho lo correcto…

y han perdido.

Perdieron un trabajo por no ceder.
Perdieron una relación por poner límites.
Perdieron una oportunidad por mantenerse firmes.

Y entonces se preguntan:

“¿Valió la pena?”

Y la respuesta no es emocional…

es profunda:

Sí.

Porque aunque perdiste algo externo…

no perdiste lo más importante:

Tu identidad.

Tu integridad.

Tu valor.

Y eso…

nadie te lo puede devolver si lo entregas.

Y aquí entra una capa aún más profunda:

El contraste con la historia que sigue.

Después de Vasti…

viene Esther.

Y muchos ven reemplazo…

pero en realidad hay propósito en ambos.

Vasti enseña límites.
Esther enseña intervención.

Vasti dice “no” cuando debe decirlo.
Esther dice “sí” cuando debe arriesgarse.

Y ambas cosas son necesarias en la vida.

Saber cuándo retirarte…
y saber cuándo avanzar.

Y aquí es donde esto aterriza al hoy:

Hay momentos donde Dios no te está pidiendo que pelees…

te está pidiendo que te apartes.

Que no entres en dinámicas que te dañan.
Que no aceptes lo que te degrada.
Que no normalices lo que te rompe.

Y eso también es fe.

No todo es avanzar…

a veces es saber decir “hasta aquí”.

Y aquí viene lo más importante:

Aunque la historia de Vasti parece terminar en pérdida…

no termina en fracaso.

Porque su decisión abre espacio para algo mayor en la historia de Dios.

Y eso es algo que tú necesitas entender hoy:

Hay decisiones correctas…

que no entiendes en el momento…

pero forman parte de algo más grande.

Y aquí entra el centro de todo:

Porque así como Vasti decidió no exponerse ante un sistema que la usaba…

hubo alguien que también enfrentó presión…

pero no cedió.

Ese es Jesucristo.

A Él también le ofrecieron caminos más fáciles.
También lo presionaron.
También lo llevaron a lugares de exposición.

Pero no negoció su propósito.

Y gracias a eso…

hay salvación.

Hay identidad.
Hay restauración.

Y aquí queda la pregunta que no puedes evitar:

¿Qué estás aceptando hoy…

que en el fondo sabes que te está costando tu dignidad?

¿Dónde necesitas decir “no”…

aunque eso signifique perder algo?

Porque al final…

no todo lo que se te ofrece…

te conviene.

Y no todo lo que pierdes…

es derrota.

A veces…

es la única forma de no perderte a ti mismo.

¿Y si aquello que más te dolió perder fuera precisamente lo que estaba impidiendo que dieras fruto?Nada en la poda parec...
27/04/2026

¿Y si aquello que más te dolió perder fuera precisamente lo que estaba impidiendo que dieras fruto?

Nada en la poda parece amable al principio. La tijera llega donde había crecimiento, contacto, costumbre. Corta. Separa. Interrumpe. Por eso esta imagen conmueve tanto: una mano luminosa corta una rama oscura mientras el árbol principal resplandece en oro, como si la vida verdadera no estuviera muriendo, sino siendo protegida. Jesús usó exactamente esa figura cuando dijo: “Todo pámpano que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:2). El jardinero no hiere por crueldad; hiere para salvar la cosecha.

La rama oscura representa todo lo que puede adherirse al alma y robarle vigor: orgullo, relaciones que asfixian, hábitos que enturbian, pensamientos que secan la confianza en Dios. A veces uno pide crecimiento, pero no quiere cirugía. Pide propósito, pero se aferra a lo que lo enferma. Entonces el Señor, en Su misericordia, interviene. Y la chispa azul del corte recuerda que la disciplina divina no es ausencia del Espíritu Santo, sino una de Sus formas más profundas de amor. Él no solo consuela al creyente; también lo corrige, lo forma y lo hace santo.

Muchos interpretan la pérdida inmediata como señal de abandono. Sin embargo, Hebreos enseña que el Padre disciplina al que ama, para hacernos participantes de Su santidad (Hebreos 12:6,10). Eso significa que no todo lo que se cae de tu vida es derrota. En ocasiones, es liberación. No todo final es castigo. A veces es preparación. El Espíritu Santo trabaja precisamente en ese proceso invisible: arranca lo que impide, fortalece lo que permanece, y enseña a dar fruto que no depende de la emoción del momento, sino de permanecer unido a Cristo.

La imagen deja una verdad difícil, pero limpia: hay cortes que duelen como pérdida, hasta que el tiempo revela que en realidad eran una forma secreta de salvación.

26/04/2026
💔Las divisiones dentro de la iglesia rara vez comienzan con herejías abiertas; casi siempre nacen en diferencias de pens...
22/04/2026

💔Las divisiones dentro de la iglesia rara vez comienzan con herejías abiertas; casi siempre nacen en diferencias de pensamiento que no se someten a Cristo.

En Filipenses 4:2, Pablo no confronta un escándalo moral ni una falsa doctrina, sino algo que muchos hoy minimizan: dos hermanas en Cristo que no tenían el mismo sentir en el Señor.

Aquí hay un detalle clave en el idioma original: la palabra “sentir” viene del griego "phroneō", que no se refiere solo a una opinión, sino a una disposición interna, una mentalidad, una actitud del corazón alineada con Cristo. Es decir, el problema no era simplemente pensar distinto, sino la actitud espiritual que tenían estás hermanas ante sus diferencias. Y eso fue suficiente para afectar la comunión de toda la iglesia.

El problema no es la diferencia, sino el orgullo que la gobierna. Cuando cada uno defiende su postura más que la unidad en Cristo, el cuerpo se resiente. La iglesia no se destruye primero desde afuera, sino desde adentro, cuando dejamos de tener “un mismo sentir” (Filipenses 2:2).

Somos un solo cuerpo, llamados a una misma mente en Cristo (1 Corintios 1:10). Pero cuando el “yo creo”, “yo pienso” y “yo opino” pesan más que la humildad y el amor, la comunión se fractura en silencio.

No todo desacuerdo es pecado, pero sí lo es cuando rompe la unidad que Cristo compró con su sangre. No se trata de ganar discusiones, sino de preservar el evangelio visible en la iglesia.

Hoy no necesitas tener la razón… necesitas tener el corazón rendido a Dios. Porque una iglesia unida no es la que piensa igual en todo, sino la que se somete a Cristo por encima de toda diferencia.

22/04/2026

Nunca te contaron esta parte de la historia… y cuando la entiendes, ya no la lees igual.

Esta historia aparece en 2 Samuel 20.

El rey sigue siendo David.

Pero ahora el problema ya no es solo familiar…

es nacional.

Un hombre llamado Seba se levanta en rebelión.
Divide al pueblo.
Crea caos.

Y el general de David, Joab, sale a perseguirlo.

Seba huye…

y se esconde en una ciudad llamada Abel.

Una ciudad tranquila.
Una ciudad que no tenía nada que ver con la rebelión…

pero que ahora está a punto de ser destruida por algo que empezó afuera.

Joab llega.

Rodea la ciudad.

Y comienza a levantar un muro de asedio para derribarla.

Y aquí está la imagen fuerte:

Toda una ciudad…

a punto de caer…

por culpa de un solo hombre.

Y en medio de ese momento de tensión…

cuando todos están en silencio…
cuando nadie sabe qué hacer…

aparece una mujer.

No tiene nombre.

No tiene título.

Pero tiene algo que pocos tienen en momentos de crisis:

claridad.

Ella grita desde la muralla:

“¡Escuchen!”

Y pide hablar con Joab.

Y cuando lo tiene enfrente…

no grita desesperada…

no entra en pánico…

habla con sabiduría.

Le dice en otras palabras:

“Esta ciudad siempre ha sido conocida por traer paz, por resolver conflictos…
¿por qué quieres destruir algo que no tiene la culpa?”

Y Joab responde:

“No quiero destruir la ciudad…
solo quiero a ese hombre.”

Y entonces todo cambia.

Porque el problema no era la ciudad…

era lo que la ciudad estaba permitiendo dentro.

Y la mujer lo entiende al instante.

No discute.
No se justifica.
No dice “no es nuestro problema”.

Actúa.

Habla con la gente.

Y toman una decisión difícil:

eliminar lo que estaba poniendo en riesgo a todos.

Y así…

la ciudad se salva.

Y aquí está lo profundo:

Una sola decisión correcta…

puede salvarlo todo.

Pero también…

una sola cosa mal tolerada…

puede destruirlo todo.

Y ahora tráelo a lo cotidiano…

porque aquí es donde esta historia deja de ser antigua y se vuelve incómodamente real:

Hay “Seba” hoy…

no como personas solamente…

sino como cosas que se meten en tu vida…

y empiezan a destruir desde adentro.

Actitudes.
Relaciones.
Hábitos.
Decisiones.

Cosas que al principio parecen pequeñas…

pero que con el tiempo…

ponen en riesgo todo.

Y aquí está lo delicado:

Muchas veces sabes que algo no está bien…

pero lo toleras.

Lo justificas.
Lo dejas.
Lo ignoras.

Y mientras tanto…

lo que amas empieza a estar en peligro.

Tu paz.
Tu familia.
Tu estabilidad.
Tu futuro.

Y aquí viene lo más fuerte:

La ciudad no iba a caer por falta de murallas…

iba a caer por lo que estaba dentro.

Y eso pasa hoy.

Hay gente que por fuera parece firme…

pero por dentro está permitiendo cosas…

que poco a poco lo están destruyendo.

Y aquí aparece la mujer de Abel…

representando algo que hoy hace mucha falta:

personas que enfrentan lo necesario…

aunque sea difícil.

Porque lo más fácil es decir:

“Así déjalo.”
“No pasa nada.”
“Después lo arreglo.”

Pero lo sabio…

actúa a tiempo.

Y aquí viene lo más personal:

Hay decisiones que duelen…

pero salvan.

Conversaciones incómodas…
límites que tienes que poner…
cosas que tienes que cortar…

aunque te cueste.

Porque no todo lo que está en tu vida…

debe quedarse.

Y aquí entra la frase que atraviesa el corazón:

No todo lo que amas…

está ayudando a que tu vida se mantenga en pie.

Y la mujer lo entendió.

No protegió lo incorrecto…

protegió lo importante.

Y eso hizo la diferencia.

Y aquí entra la esperanza, porque siempre Dios es la solución:

Dios siempre te da claridad…

antes de que algo se rompa por completo.

Te muestra.
Te inquieta.
Te hace ver.

Como esa mujer.

El problema no es no saber…

es no actuar.

Y aquí queda la pregunta que no puedes ignorar:

¿Qué estás permitiendo en tu vida…

que en realidad está poniendo en riesgo todo lo demás?

Porque al final…

no es el problema de afuera…

lo que más destruye…

sino lo que decides dejar adentro.

EL VELO SE ROMPIÓ…(Mateo 27:51)No fue un accidente.No fue simbólico.Fue una declaración violenta del cielo.Ese velo no e...
21/04/2026

EL VELO SE ROMPIÓ…
(Mateo 27:51)

No fue un accidente.
No fue simbólico.
Fue una declaración violenta del cielo.

Ese velo no era decoración…
era una barrera.
Un muro entre lo santo y lo imperfecto.
Entre Dios… y tú.

Grueso. Pesado. Intocable.
Imposible de atravesar.
Nadie podía cruzarlo sin morir.

Pero en el momento en que Cristo entregó su espíritu…
algo se rompió en lo invisible
que rasgó lo visible.

De arriba hacia abajo.

No fue el hombre buscando a Dios…
fue Dios rompiendo todo lo que te separaba de Él.

No fue religión…
fue acceso.

No fue esfuerzo humano…
fue gracia divina.

Ese velo representaba todo lo que te decían que necesitabas para llegar a Dios:
reglas, sacrificios, perfección, méritos…

Y en un segundo…
Dios lo hizo pedazos.

Para que entiendas algo:
ya no hay distancia.
ya no hay barrera.
ya no hay excusa.

El camino está abierto.
La presencia está disponible.
La puerta no está cerrada… está desgarrada.

UN MENSAJE PARA TI

Deja de intentar ganarte lo que ya fue entregado.
Deja de vivir como si aún hubiera un velo… cuando ya fue roto.

No tienes que escalar, ni sangrar, ni demostrar nada.
Cristo ya lo hizo todo.

Entra.
Sin miedo.
Sin culpa.
Sin religión.

Porque cuando el velo se rompió…
no solo se abrió el cielo…

se te devolvió el acceso al Padre.

¿Por qué la Biblia llama a Jesús el León de Judá, si vino al mundo con mansedumbre y no con violencia?A primera vista, e...
18/04/2026

¿Por qué la Biblia llama a Jesús el León de Judá, si vino al mundo con mansedumbre y no con violencia?

A primera vista, el león parece una contradicción. Jesús abrazó a los niños, lavó pies, lloró por Jerusalén y se dejó clavar en una cruz. Sin embargo, Apocalipsis revela una verdad más profunda: “He aquí que el León de la tribu de Judá ha vencido” (Apocalipsis 5:5). El título no habla de ferocidad caprichosa, sino de autoridad legítima, realeza incontestable y victoria absoluta. Cristo no es león porque destruya por impulso, sino porque reina sin rival.

Esta escena lo sugiere con fuerza. El hombre vestido de blanco camina sin ansiedad, mientras el león a su lado no ruge por hambre, sino por dignidad. No corre, no persigue, no teme. Esa es una de las claves espirituales más poderosas del evangelio: el verdadero poder de Cristo no necesita exhibirse con desesperación. Su autoridad nace de su obediencia al Padre, de su entrega y de su resurrección. Es el león que venció como cordero.

En la Biblia, Judá fue la tribu de la promesa real. De allí debía venir el gobernante definitivo (Génesis 49:9-10). Por eso llamar a Jesús León de Judá es reconocer que en Él convergen la promesa antigua, el trono de David y el juicio final. Pero hay algo aún más asombroso: este León protege a los suyos. No reina para aplastar al débil, sino para defenderlo. Su fuerza no inspira terror a los que le pertenecen, sino descanso.

Muchos imaginan a Dios como distante o imprevisible. El evangelio revela otra cosa: detrás de la ternura de Cristo hay una majestad invencible. Y detrás de su sacrificio hay un Reino que nadie podrá derribar.

“Talita cumi” aparece en Marcos 5:41.Jesús llega a la casa de Jairo, un principal de la sinagoga, cuya hija había mu**to...
15/04/2026

“Talita cumi” aparece en Marcos 5:41.
Jesús llega a la casa de Jairo, un principal de la sinagoga, cuya hija había mu**to.
La gente ya estaba llorando… ya habían decretado el final… ya no había esperanza.
Pero Jesús dijo algo que rompió todo ambiente de muerte:
“La niña no está mu**ta, sino duerme.”
Y aunque se burlaban… Él entró, tomó su mano y dijo:
“Talita cumi” (Niña, a ti te digo, levántate).
Y la Biblia dice algo impresionante:
“Luego la niña se levantó y andaba…”

Jesús no solo habló…
- Jesús llamó a lo que estaba mu**to como si viviera.
Donde todos veían un final…
Dios veía un proceso detenido.
Donde otros lloraban…
Dios estaba a punto de restaurar.
“Talita cumi” no es solo una frase… es una orden divina.
Es la voz de Dios diciendo:
- “Esto no termina aquí.”
- “Esto no se quedó así.”
- “Yo tengo la última palabra.”

Hoy hay muchas “niñas” simbólicas:
- Sueños apagados
- Corazones heridos
- Fe debilitada
- Matrimonios fríos
- Personas que ya se dieron por vencidas
Y el mundo ya dijo:
“Ya no hay nada que hacer…”
Pero Dios no habla como el mundo.
Hoy el Señor entra a ese lugar donde tú pensaste que todo terminó…
y te dice:
“Levántate.”
No importa cuánto tiempo lleves así…
No importa quién ya te dio por perdido…
Cuando Dios habla… lo mu**to responde.

Tal vez tú estás como esa niña…
sin fuerzas… sin ánimo… sin vida espiritual…
Pero Jesús no necesita que tú tengas fuerzas…
Él solo necesita tomar tu mano.
Hoy Él te está llamando:
“Talita cumi…”
No es religión…
No es emoción…
Es vida nueva.
Si hoy escuchas su voz…
no la ignores.
Entrégale tu vida
Permítele entrar a tu “habitación”
Déjalo tocar lo que otros ya dieron por mu**to
Porque lo que Dios levanta…
nadie lo vuelve a enterrar.

¿SABÍAS QUE PASAR AL “ALTAR” NO ES PASAR AL FRENTE A LLORAR? EL ENGAÑO DEL ESCENARIO…En la cultura de iglesia contemporá...
13/04/2026

¿SABÍAS QUE PASAR AL “ALTAR” NO ES PASAR AL FRENTE A LLORAR?
EL ENGAÑO DEL ESCENARIO…

En la cultura de iglesia contemporánea, el "altar" es un lugar muy específico.
Es la plataforma de madera alfombrada que está al frente, donde el pastor predica y la banda toca. Al final del servicio, se hace el "llamado al altar". La gente pasa al frente, llora, recibe una oración, siente un alivio emocional, y vuelve a su asiento sintiéndose bendecida.

Hemos convertido el altar en un lugar terapéutico para buscar consuelo y recibir aplausos.

Pero para un hebreo antiguo, acercarse a un altar no era una experiencia relajante ni emocional. Era aterrador, sangriento y definitivo.

La palabra hebrea para altar destruye nuestra imagen moderna.

Y altar viene de la raíz זָבַח (Zavaj), que significa literalmente: DEGOLLAR, MATAR, SACRIFICAR.

AL ALTAR NO SE VA A CANTAR... SE VA A MORIR

Para los patriarcas y los sacerdotes, el altar no era un escenario con luces.
Era el lugar de la muerte. Era el lugar donde la carne se cortaba, la sangre se derramaba y todo se consumía por el fuego.

Cuando Abraham construyó un altar en el monte Moriah (Génesis 22), no fue para cantar una canción de adoración ni para pedir un ministerio exitoso.
Fue para acostar allí su orgullo, su lógica, su futuro y a su propio hijo Isaac.

El altar es el lugar donde tu voluntad y tu ego son degollados para que la voluntad del Padre pueda vivir.

EL PROBLEMA DE LOS "ALTARES" MODERNOS

Hoy tenemos congregaciones llenas de personas buscando el altar para que Dios les dé cosas.
Queremos el milagro, la prosperidad y la paz emocional, pero sin sacrificio.
Queremos el fuego, pero no queremos poner la carne sobre la leña.

El apóstol Pablo (Shaúl) entendía perfectamente esto cuando escribió Romanos 12:1:
"Que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios".
Él no dijo: "Pasen al frente a llorar".
Dijo: "Acuéstense todos los días sobre el altar y Mueran a sus deseos desordenados".

TU LLAMADO AL VERDADERO ALTAR

Si tu paso por el altar de tu iglesia no te cuesta nada, si no mueres a tu orgullo, si no perdonas al que te ofendió, si no abandonas el pecado que amas en secreto... entonces nunca estuviste en un altar. Solo fuiste a un escenario a tener un momento catártico.

Dios no está buscando estrellas para un escenario.
Está buscando sacrificios vivos para Su altar.
La próxima vez que vayas a orar, no vayas solo a pedir.
Ve al altar, Presenta tu voluntad como ofrenda y deja que el fuego de Su instrucción consuma lo que no sirve. ¡Solo después de la muerte viene la verdadera resurrección!

Dirección

Miguel Hidalgo #302, Provivienda Del Poniente
Santa Catarina
66129

Horario de Apertura

11am - 2pm

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