Iglesia Adventista Del Séptimo Día Juquila

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Domingo 17 de junio“EL VINO DE LA IRA DE DIOS”Lee Apocalipsis 14:8; 16:19; 17:5; y 18:2, 10 y 21: las seis referencias a...
17/06/2018

Domingo 17 de junio
“EL VINO DE LA IRA DE DIOS”
Lee Apocalipsis 14:8; 16:19; 17:5; y 18:2, 10 y 21: las seis referencias a Babilonia en el libro de Apocalipsis. Teniendo en cuenta la historia de Babilonia según se registra en el Antiguo Testamento, ¿qué nos enseñan estos versículos acerca de Babilonia en el contexto de los acontecimientos de los últimos días?

Apo 14:8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.
Apo 16:19 Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira.
Apo 17:5 y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.
Apo 18:2 Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.
Apo 18:10 parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!
Apo 18:21 Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada.

Se ha dicho que la Biblia es una historia de dos ciudades, Jerusalén y Babilonia. Mientras que Jerusalén representaba a la ciudad de Dios y al pueblo del Pacto en toda la Biblia (Sal. 102:21; Isa. 52:9; 65:19; Apoc. 3:12), Babilonia simbolizaba la opresión, la violencia, la religión falsa y la rebelión abierta contra Dios.

Piensa, por ejemplo, en la torre de Babel (Gén. 11:9). La palabra hebrea para “Babel” es la misma palabra para el reino de “Babilonia”. En 1 Pedro 5:13, Pedro envía saludos desde la iglesia de “Babilonia”, que generalmente se entiende como la misma Roma, que pronto oprimiría a la iglesia, no como las ruinas del antiguo reino situado en Irak actualmente. Este es un apelativo interesante en función del libro de Apocalipsis, y el papel de Roma según se presenta allí.

Lee Apocalipsis 14:8 y 18:3. ¿Qué revelan estos versículos sobre la influencia malévola de Babilonia sobre el mundo y sobre el pueblo de Dios?

Apo 14:8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.
Apo 18:3 Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.

No cabe duda de que el poder que Babilonia representa, según se describe en el libro de Apocalipsis, es sumamente corrupto, y esta influencia corruptora se extiende por todo el mundo en mayor o menor grado. La frase “el vino del furor de su fornicación” (Apoc. 14:8) evidentemente es una referencia a la falsa doctrina, a la falsa enseñanza, a las prácticas corruptas y a sus resultados finales. Babilonia es una fuerza para el mal que se ha extendido a “todas las naciones” (Apoc. 18:3). Por lo tanto, todos tienen que tener cuidado de no corromperse también.

Mira a tu alrededor al mundo actual: la corrupción, la confusión, la opresión. ¿Qué debería enseñarnos esto sobre nuestra necesidad de estar arraigados en Jesús y en su Palabra?

04/03/2018

Domingo 4 de marzo | Lección 10

CRISTO COMO EL CENTRO

Jesús es la figura central en toda la Biblia (Juan 5:39), y necesitamos vernos a nosotros mismos en relación con él. Él pagó el castigo por el pecado y dio “su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45). Jesús tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18), y todas las cosas están en sus manos (Juan 13:3). Su nombre es más sublime que todos los demás y, un día, toda rodilla se inclinará ante él (Fil. 2:9-11).

“Jesús es el centro viviente de todas las cosas” (Ev 140).
Cristo es el corazón de nuestra mayordomía y la fuente de nuestro poder. Gracias a él, tenemos una vida digna de ser vivida, y demostramos ante todos que él es el eje central de nuestra vida. Pablo pudo haber experimentado muchas pruebas pero, sin importar dónde estuviera o lo que le sucediera, tenía una prioridad en su vida: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).

Lee Colosenses 1:16 al 18; Romanos 8:21; y 2 Corintios 5:17. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de cuán importante es Jesús en todo aquello que se relaciona con nosotros?

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Col 1:16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
Col 1:17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;
Col 1:18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los mu***os, para que en todo tenga la preeminencia;

Rom 8:21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

2Co 5:17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

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No existe una mayordomía auténtica sin que Cristo sea nuestro núcleo principal (Gál. 2:20). Él es el centro de “la esperanza bienaventurada” (Tito 2:13), y “él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Col. 1:17). Así como el eje es el centro de la rueda y, por lo tanto, lleva el peso de un carro, Cristo es el centro de la vida del mayordomo. Así como un eje sólido proporciona estabilidad, y permite que las ruedas giren, Jesús es también el centro fijo y estable de nuestra existencia cristiana (Heb. 13:8). Su influencia debe afectar todo lo que pensamos y hacemos. Todos los aspectos de la mayordomía giran alrededor de Cristo y encuentran su centro en él.

“Porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). El centro de la mayordomía no es un hueco vacío, sino la realidad del Cristo vivo, que obra en nosotros para moldear nuestros caracteres ahora y para la eternidad.

Una cosa es decir que Jesús es el centro de nuestra vida, y otra cosa es vivirlo. ¿De qué manera puedes estar seguro de que Jesús verdaderamente vive en ti, como promete que lo hará si tan solo le permitimos entrar?

13/02/2018

UNA DECLARACIÓN DE FE

Como vimos ayer, la fe es un proceso, una experiencia dinámica que, idealmente, crece y madura. Y una manera en la que Dios “consuma” nuestra fe y la lleva a su plenitud es a través del acto de diezmar. Bien entendido, el diezmo que se le devuelve a Dios no es legalismo; cuando diezmamos no estamos trabajando ni tratando de abrirnos paso al cielo. Por el contrario, el diezmo es una declaración de fe. Es una expresión externa, visible y personal de la realidad de nuestra fe.

Al fin y al cabo, cualquiera puede decir que tiene fe y que cree en Dios, e incluso que cree en Jesús. Como sabemos, “también los demonios creen” en Dios (Sant. 2:19). Pero, ¿tomar el diez por ciento de tu ingreso y devolverlo a Dios? Eso es un acto de fe.

Lee Lucas 11:42. ¿Qué significa cuando Jesús da a entender que el diezmo no debe eludirse? ¿Cómo se relaciona el diezmo con los asuntos de mayor peso de la ley?

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Luc 11:42 Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello.
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El diezmo es una humilde expresión de dependencia de Dios y un acto de confianza de que Cristo es

nuestro Redentor. Es el reconocimiento de que ya hemos sido bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efe. 1:3) y con la promesa de más.

Lee Génesis 28:14 al 22. ¿Cuál fue la respuesta de Jacob a la promesa de Dios?

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Gén 28:14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.
Gén 28:15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.
Gén 28:16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.
Gén 28:17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.
Gén 28:18 Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella.
Gén 28:19 Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero.
Gén 28:20 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir,
Gén 28:21 y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios.
Gén 28:22 Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.
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“El plan de Dios en el sistema del diezmo es hermoso por su sencillez e igualdad. Todos pueden practicarlo con fe y valor porque es de origen divino. En él se combinan la sencillez y la utilidad, y no requiere profundidad de conocimiento para comprenderlo y ejecutarlo. Todos pueden sentir que son capaces de hacer una parte para llevar a cabo la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede llegar a ser un tesorero del Señor, un agente para satisfacer las demandas de la tesorería” (CMC 78).

¿Cómo descubriste las verdaderas bendiciones espirituales que resultan de diezmar? El hecho de devolver el diezmo ¿cómo te ayudó a aumentar tu fe?

23/01/2018

Martes 23 de enero | Lección 04

LA VIDA DE ORACIÓN

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). No es de extrañar que los cristianos a menudo digan que su fe gira en torno a una relación con Dios. Si conocer a Dios es “vida eterna”, entonces podemos hallar esa vida a través de una relación con él. Y, por supuesto, lo primordial de esa relación es la comunicación. Ayer vimos que Dios se comunica con nosotros mediante su Palabra divina. Nosotros, a su vez, comulgamos con él mediante la oración.

Si, como hemos visto, debemos poner nuestra mente y corazón en las cosas celestiales y no en las cosas de este mundo, entonces la oración es fundamental. Esto es así porque, por su misma
naturaleza, la oración nos señala un Reino más elevado que el del mundo mismo.

Sin embargo, incluso aquí debemos tener cuidado porque a veces nuestras oraciones pueden ser meramente una expresión de nuestra propia naturaleza egoísta. Por eso necesitamos orar en sumisión a la voluntad de Dios.

Hace años, una mujer entonaba estas palabras: “Oh, Señor, ¿me compra- rías un Mercedes-Benz?” Era su forma de atacar el materialismo de quienes profesan tener fe en Dios. También nosotros debemos estar seguros de que cuando oramos, que es en sí mismo un acto de sumisión a Dios y de muerte al mundo, estamos buscando la voluntad de Dios, no solo la nuestra.

Lee Hebreos 11:1 al 6. ¿Cuál es el componente fundamental que debe mezclarse con todas nuestras oraciones? Además, ¿qué significa acercarse a Dios con fe y orar con fe?

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Heb 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Heb 11:2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.
Heb 11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.
Heb 11:4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y mu**to, aún habla por ella.
Heb 11:5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.
Heb 11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

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Si nuestras oraciones no van unidas a la fe, habrá presunción, la fe falsa de Satanás. “La oración y la fe están íntimamente ligadas y necesitan ser estudiadas juntas. En la oración de fe hay una ciencia divina; es una ciencia que debe comprender todo el que quiera tener éxito en la obra de su vida. Cristo dice: ‘Todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá’ (Mar. 11:24). Él explica claramente que nuestra petición debe estar de acuerdo con la voluntad de Dios; debemos pedir cosas que él haya prometido y todo lo que recibamos debe ser usado para hacer su voluntad. Cuando se satisfacen las condiciones, la promesa es indubitable” (LO 318).

Revisa tu vida de oración. ¿Por qué oras? ¿Qué dicen tus oraciones acerca de tus prioridades? ¿Por qué otras cosas necesitarías orar?

07/01/2018

Domingo 7 de enero | Lección 02
EL EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD

Un popular predicador televisivo tiene un mensaje sencillo: Dios quiere bendecirte, y la prueba de su bendición es la abundancia de bienes materiales que posees. En otras palabras, si eres fiel,
Dios te hará rico.

Esta idea, o sus variantes, se ha dado en llamar el evangelio de la prosperidad: Sigue a Dios, y él te hará rico en bienes mundanos. Esta idea no es más que una falsa justificación teológica para el materialismo, porque lo que realmente está diciendo es: ¿Quieres ser materialista y sentirte bien? Bueno, tenemos el “evangelio” para ti.

Sin embargo, relacionar el evangelio con la garantía de riquezas es una distracción mal encauzada. Esta creencia genera una disonancia con las Escrituras y refleja una teología egocéntrica que no es más que la verdad a medias y enfundada en lenguaje bíblico. En la base de esta mentira está el problema de la esencia de todo pecado, que es el yo y el deseo de agradar al yo por sobre todo lo demás.

La teología del evangelio de la prosperidad enseña que si le damos a Dios obtenemos, a cambio, la garantía de que tendremos riquezas materiales. Pero, esto hace que Dios parezca una máquina expendedora y convierte nuestra relación con él en un mero trato: Si yo hago esto, tú prometes hacer aquello. Damos, no porque es lo que hay que hacer, sino por lo que obtenemos a cambio.

Ese es el evangelio de la prosperidad.

Lee 2 Corintios 8:1 al 7. ¿Qué ocurre aquí? ¿Qué principios vemos en estos versículos que contradicen esta idea del evangelio de la prosperidad? ¿Qué quiere decir Pablo cuando habla de la “gracia de dar” (2 Cor. 8:7, NVI)?

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2Co 8:1 Ahora, hermanos, queremos que se enteren de la gracia que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia.
2Co 8:2 En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad.
2Co 8:3 Soy testigo de que dieron espontáneamente tanto como podían, y aún más de lo que podían,
2Co 8:4 rogándonos con insistencia que les concediéramos el privilegio de tomar parte en esta ayuda para los santos.
2Co 8:5 Incluso hicieron más de lo que esperábamos, ya que se entregaron a sí mismos, primeramente al Señor y después a nosotros, conforme a la voluntad de Dios.
2Co 8:6 De modo que rogamos a Tito que llevara a feliz término esta obra de gracia entre ustedes, puesto que ya la había comenzado.
2Co 8:7 Pero ustedes, así como sobresalen en todo —en fe, en palabras, en conocimiento, en dedicación y en su amor hacia nosotros —, procuren también sobresalir en esta gracia de dar.

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Estas personas, aunque en “profunda pobreza” (2 Cor. 8:2), eran muy generosas y daban aún más de lo que podían permitirse. Textos como estos, y muchos otros, ayudan a refutar la falsa teología del evangelio de la prosperidad, que enseña que, si vivimos bien con Dios, tendremos muchas posesiones materiales como resultado de ello.

¿Qué ejemplos puedes encontrar de personas que son fieles a Dios, pero no son ricos en posesiones mundanales, y de quienes no son fieles a Dios, pero son ricos en ? ¿Qué debería decirnos esto sobre el uso de la riqueza como ? ¿Qué debería
indicador de las bendiciones de Dios?

12/12/2017

Lección 11 // Martes 12 de diciembre
LAS RAMAS NATURALES

Lee Romanos 11:11 al 15. ¿Qué gran esperanza presenta Pablo en este pasaje?

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Rom 11:11 Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.
Rom 11:12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?
Rom 11:13 Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio,
Rom 11:14 por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.
Rom 11:15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los mu***os?

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En este pasaje, encontramos dos expresiones paralelas: 1) “su [de los israelitas] plena restauración” (Rom. 11:12), y 2) “su [de los israelitas] restitución” (Rom. 11:15). Pablo concebía que el detrimento y el rechazo solo serían temporales, y que les seguirían la plenitud y la restitución. Esta es la segunda respuesta de Pablo a la pregunta planteada al principio del
capítulo: “¿Acaso rechazó Dios a su pueblo?” Lo que parece ser un rechazo, dice, es solo una situación temporal.

Lee Romanos 11:16 al 24. ¿Qué nos está diciendo Pablo aquí?

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om 11:16 Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.
Rom 11:17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo,
Rom 11:18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.
Rom 11:19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado.
Rom 11:20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.
Rom 11:21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.
Rom 11:22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.
Rom 11:23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.
Rom 11:24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

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Pablo compara al remanente fiel de Israel con un olivo noble, cuyas ramas han sido desgajadas (los incrédulos); esta es una ilustración que usa para probar que “Dios no rechazó a su pueblo” (Rom. 11:2). La raíz y el tronco todavía están allí.
En este árbol se han injertado los gentiles creyentes. Ellos obtienen su savia y su vitalidad de la raíz y del tronco, que representan al Israel creyente.

Lo que les sucedió a quienes rechazaron a Jesús podría sucederles también a los creyentes gentiles. La Biblia no enseña ninguna doctrina de “una vez salvo, siempre salvo”. Así como la salvación se ofrece libremente, también se la puede rechazar libremente. Aunque debemos tener cuidado de no pensar que cada vez que caemos quedamos fuera de la salvación, o que no somos salvos a menos que seamos perfectos, también debemos evitar el otro extremo: la idea de que una vez que la gracia de Dios nos cubre no hay nada que podamos hacer, ninguna decisión que podamos tomar, que nos
quite la provisión de la salvación. En definitiva, solo aquellos que se “mantiene[n] en su bondad” (Rom. 11:22) serán salvos.

Ningún creyente debería jactarse de su bondad ni sentirse superior a sus semejantes. No merecemos nuestra salvación; es un regalo. Delante de la Cruz, delante del estandarte de la santidad de Dios, todos somos iguales: pecadores que necesitamos la gracia divina, pecadores que necesitamos una
santidad que solo puede ser nuestra mediante la gracia. No tenemos nada en nosotros mismos de lo cual alardear; nuestra jactancia debe ser solo en Jesús y en lo que él hizo por nosotros al venir a este mundo en carne humana, al sufrir nuestras aflicciones, al morir por nuestros pecados, al ofrecernos un modelo de cómo debemos vivir y al prometernos poder para llevar adelante esa vida. En todo somos completamente dependientes de él, porque sin él no tendríamos esperanza más allá de lo que este mundo ofrece.

29/11/2017

Miércoles 29 de noviembre // Lección 9

CRISTO EN TI

Pablo prosigue con su tema, contrastando las dos posibilidades que la gente enfrenta en su vida: vivir según el Espíritu, es decir, el Espíritu Santo de Dios, que se nos promete; o vivir según su
naturaleza pecaminosa y carnal. Una lleva a la vida eterna; la otra, a la muerte eterna. No hay término medio. O como Jesús mismo dijo: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mat. 12:30). No se puede ser más claro, o más negro y blanco, que eso.

Lee Romanos 8:9 al 14. ¿Qué se les promete a quienes se entregan plenamente a Cristo?

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Rom 8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
Rom 8:10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está mu**to a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.
Rom 8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los mu***os a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los mu***os a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Rom 8:12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;
Rom 8:13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
Rom 8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

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La vida “según la carne” se contrasta con la vida “según el Espíritu”. El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, controla la vida “según el Espíritu”. En este capítulo, se lo llama el Espíritu de
Cristo, quizás en el sentido de que es el representante de Cristo y, por medio de él, Cristo habita en el creyente (Rom. 8:9, 10).

En estos versículos, Pablo retoma una ilustración que usó en Romanos 6:1 al 11. Figurativamente, en el bautismo se destruye “el cuerpo del pecado” (es decir, el cuerpo que sirvió al pecado). El “viejo hombre fue crucificado juntamente con él” (Rom. 6:6). Pero, como en el bautismo, no solo hay un entierro, sino también una resurrección, por lo que la persona bautizada
resucita para andar en vida nueva. Esto implica ajusticiar al viejo yo, una decisión que debemos tomar personalmente cada día, a cada momento. Dios no destruye la libertad humana. Incluso después de destruir al viejo hombre de pecado, todavía es posible pecar. Pablo les escribió a los Colosenses: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros [...]” (Col. 3:5).

Por consiguiente, después de la conversión, todavía habrá que lidiar con el pecado. La diferencia es que la persona en quien el Espíritu habita cuenta ahora con poder divino para vencer. Además, como la persona ha sido liberada tan milagrosamente de la esclavitud del pecado, se ve obligada a no volver a servir al pecado de nuevo.

Medita en esta idea de que el Espíritu de Dios, que resucitó a Jesús de la muerte, es el mismo que habita en nosotros si se lo permitimos. ¡Piensa en el poder que hay para nosotros! ¿Qué nos impide aprovecharlo como debemos?

23/11/2017

Jueves 23 de noviembre
// Lección 8
SALVOS DE LA MUERTE

Lee Romanos 7:21 al 23. ¿Has tenido esta misma lucha en tu propia vida, incluso como cristiano?

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Rom 7:21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
Rom 7:22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;
Rom 7:23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
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En este pasaje, Pablo compara la ley de sus miembros (su cuerpo) con la ley del pecado. “Con la carne”, dice Pablo, servía a “la ley del pecado” (Rom. 7:25). Pero servir al pecado y obedecer su ley implica la muerte (ver Rom. 7:10, 11, 13). Por lo tanto, su cuerpo (cuando funcionaba en obediencia al pecado) se lo podría describir apropiadamente como “este cuerpo de muerte”.

La ley de la mente es la Ley de Dios, la revelación que Dios hace de su voluntad. Bajo la convicción del Espíritu Santo, Pablo aceptó esta ley. Su mente decidió guardarla, pero cuando lo intentó no pudo porque su cuerpo quería pecar. ¿Quién no ha sentido esa misma lucha? En tu mente sabes lo que quieres hacer, pero tu cuerpo clama por algo más.

¿De qué modo podemos ser rescatados de esta difícil situación en la que nos encontramos? Rom. 7:24, 25.

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Rom 7:24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?
Rom 7:25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
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Algunos se han preguntado por qué, después de alcanzar el apogeo glorioso en la expresión: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”, Pablo debe referirse una vez más a las luchas del alma de las que al parecer ha sido liberado. Algunos interpretan que la expresión de acción de gracias
es una exclamación entre paréntesis. Creen que esa exclamación viene naturalmente después del grito: “¿Quién me librará?” Sostienen que antes de proceder con un amplio análisis de la gloriosa liberación (Rom. 8), Pablo resume lo que ha dicho en los versículos anteriores y reconoce una vez
más el conflicto contra las fuerzas del pecado.

Otros sugieren que, con “yo mismo”, Pablo quiere decir: “por mi cuenta, dejando a Cristo fuera de escena”. Cualquiera que sea la interpretación de Romanos 7:24 y 25, hay algo que debe quedar en claro: por nosotros mismos, sin Cristo, somos indefensos contra el pecado. Con Cristo, tenemos vida nueva en él, en la que (si bien el ego aparecerá constantemente) las promesas de victoria son nuestras si decidimos reclamarlas. Así como nadie puede respirar, toser ni estornudar por ti, nadie
puede decidir entregarse a Cristo por ti. Solo tú puedes tomar esa decisión. No hay otra manera de obtener para ti las victorias que se nos han prometido en Jesús.

09/11/2017

Jueves 9 de noviembre // Lección 6

JESÚS, EL SEGUNDO ADÁN

“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Rom. 5:18, 19).
¿Qué contraste se presenta aquí? ¿Qué esperanza se nos ofrece en Cristo?

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Podemos perder la vida eterna si seguimos los pasos de Adán, podemos recibir la corona de vida si aceptamos a Jesús como nuestro Salvador.

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Como seres humanos, de Adán no recibimos nada más que la sentencia de muerte. No obstante, Cristo intervino y recorrió el terreno donde Adán cayó, soportando todas las pruebas en nombre de los seres humanos. Él redimió el desgraciado fracaso de Adán y su caída y, por consiguiente, como
nuestro Sustituto, nos puso en un lugar privilegiado delante de Dios. Por lo tanto, Jesús es el “segundo Adán”. “El segundo Adán era un ser moral libre, responsable por su conducta. Rodeado por influencias intensamente sutiles y engañosas, estuvo en una condición mucho menos favorable que el
primer Adán para vivir una vida sin pecado; sin embargo, en medio de los pecadores, resistió toda tentación a pecar y mantuvo su inocencia. Siempre estuvo sin pecado” (CBA 6:1.074).

¿De qué manera se contrastan los actos de Adán y de Cristo en Romanos 5:15 al 19?

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Rom 5:15 Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.
Rom 5:16 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación.
Rom 5:17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.
Rom 5:18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.
Rom 5:19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

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Considera estos conceptos opuestos: muerte, vida; desobediencia, obediencia; condenación, justificación; pecado, justicia. ¡Jesús vino y deshizo todo lo que Adán había hecho!
También es fascinante que la palabra don aparezca cinco veces en Romanos 5:15 al 17. ¡Cinco veces! La razón es sencilla: Pablo enfatiza que la justificación no se gana; llega como regalo. Es algo que no merecemos. Como con todo regalo, tenemos que extender la mano y aceptarlo; y en este caso,
reclamamos este don por la fe.

¿Cuál fue el mejor regalo que recibiste? ¿Qué lo hacía tan bueno, tan especial? ¿Por qué el hecho de que fuese un regalo, en vez de algo que obtuviste, hace que lo aprecies mucho
más? Con todo, ¿cómo se podría comenzar a comparar este
regalo con lo que tenemos en Jesús?

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