13/12/2022
“Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. … Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. CUANDO OYÓ, PUES, QUE ESTABA ENFERMO, SE QUEDÓ DOS DÍAS MÁS EN EL LUGAR DONDE ESTABA.” (Juan 11: 1-6).
Esta demora era un misterio para los discípulos. Qué consuelo sería Su presencia para la familia en la severa aflicción por la que están pasando, pensaron.
Cristo ama a toda la familia humana, pero a algunos está ligado por recuerdos particularmente tiernos. Su corazón estaba unido por un fuerte lazo de afecto a la familia de Betania; y sabiendo esto, los discípulos se sorprendieron de que no respondiera al triste mensaje: “He aquí el que amas está enfermo.”
¿Había cambiado el amor de Cristo? ¡No, no! y si María y Marta hubieran pensado que sí, habrían juzgado mal aquel tierno y compasivo corazón de amor humano y divino. Fue por ellas y por sus discípulos por lo que “se quedó dos días más en el lugar donde estaba”, dejando, aparentemente, a las afligidas que soportaran solas su carga.
El hecho de que Cristo se haya demorado dos días después de oír que Lázaro estaba enfermo, no era un descuido o una negación de su parte. Era su propósito permanecer donde estaba hasta que ocurriera la muerte de Lázaro, para que pudiera dar a la gente una prueba de su divinidad, no restaurando a un moribundo, sino resucitando a un hombre que había sido sepultado.
Esto debería animarnos. A veces estamos tentados a pensar que la promesa, “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 11: 9) no se cumple a menos que la respuesta llegue inmediatamente. Es nuestro privilegio pedir bendiciones especiales y creer que nos serán dadas. Pero si las bendiciones que se piden no se conceden de inmediato, no debemos pensar que nuestras oraciones no son escuchadas. Recibiremos, aunque la respuesta se demore por un tiempo.
Al llevar a cabo el plan de redención, Cristo ve lo suficiente en la humanidad para desanimarlo. Pero no se desanima. Con misericordia y amor continúa ofreciéndonos oportunidades y privilegios. Así que descansemos en el Señor, y esperemos pacientemente en él.
Puede ser que la respuesta a nuestras oraciones no llegue tan rápido como deseamos, y puede que no sea exactamente lo que hemos pedido; pero él, que sabe lo que es mejor para el bien de sus hijos, concederá una mayor bendición que la que hemos pedido, si no somos infieles ni nos desanimamos.
La gracia de Dios sea con nosotros.