30/08/2026
EL MEJOR DE LOS DÍAS…
MVR
“Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá".
Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".
Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
"El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.”
En el orden que hemos venido leyendo, Jesús ha dejado que El Padre, a través de la confesión de fe de Pedro, deje afirmado que Él es el Señor, El Hijo Único de Dios, y el Mesías.
Dejando esto dicho sobre su Persona, ahora Él empieza a hablar sobre su misión y la parte de sufrimiento que implicaba eso para salvarnos.
Es cosa de párrafos y renglones para que Pedro pase de ser La Piedra de los Apóstoles, a ser un obstáculo. O sea, se coloca como alguien que impide o dificulta el paso, el avance o el cumplimiento de un propósito. (cosa en la que el mal espíritu se especializa)
El desconcierto de los discípulos y la cara de susto de Pedro, se sumaban frente a la fuerte reacción de Jesús al “consejo” de Pedro.
Más adelante Pablo nos pediría que tuviéramos los mismos sentimientos de Jesús (Filipenses 2,5). Ahora Jesús grita a los cuatro vientos que los pensamientos en ese momento de Pedro no son los de Dios, sino de los hombres.
Y esa es nuestra petición al Espíritu Santo hoy, que nos dé los pensamientos de Jesús, que nos ayude y nos enseñe a pensar como Dios lo hace y lo quiere. Como lo escribió Pablo: “Todo pensamiento humano lo sometemos a Cristo, para que le obedezca” 2 Corintios 10,5 Por lo que también le pedimos el Don y la Sabiduría de obedecer, que son los que nos ponen en la frecuencia exacta de la la Voluntad de Dios. Y que eso nos permita descubrir y amar nuestra Cruz, o sea El Amor en cada día de nuestra vida, más allá de personas y circunstancias, así sea.