05/06/2026
El llamado de Dios a la santidad
Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan,
como también es santo quien los llamó; pues está
escrito: “sean Santos porque yo soy santo.”
1 PEDRO 1: 15 – 16
El llamado de Dios es la manifestación en el tiempo del
propósito de la eternidad: “A los que predestino, también los
llamó” (Romanos 8:30). Los creyentes son llamados “de
acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28). En su llamado Él
nos revela cuáles son sus pensamientos y su voluntad para
nosotros, y la vida que nos invita a vivir. Nos hace ver con
claridad cuál es la esperanza a la cual somos llamados, y a
medida que comprendemos y entramos en ella, nuestra vida
en la tierra se convierte en un reflejo de su propósito eterno.
La sagrada Escritura utiliza más de un término para indicar
el objetivo o la meta de nuestro llamamiento, pero ningún
otro se usa con mayor frecuencia que el que el apóstol Pedro
menciona aquí: Dios nos ha llamado a ser santos, así como Él
es santo (Romanos 1:7;1 Corintios 1:2;1 Tesalonicenses 4:7).
Cuando nos llama, el Padre descubre el propósito que desde
la eternidad tenía en su corazón: que seamos santos.
Este llamamiento de Dios nos muestra el verdadero motivo
para la santidad. “sed santos porque yo soy santo.” Es como
si Dios dijera: “la santidad es mi bendición y mi gloria, sin ella
ustedes no pueden verme disfrutar de mí, teniendo en cuenta
la naturaleza de las cosas, no hay nada superior que pueda
concebirse. Te invito a compartir conmigo a través de ella, te
invito a ser como yo. ¿No te conmueve la idea, la esperanza
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de ser participante conmigo de mi santidad? No tengo nada
mejor que ofrecerte, yo mismo me ofrezco a ti.” ¿No
clamaremos al Señor que nos muestre la gloria de santidad,
y que nos ayude a estar dispuestos a entregarlo todo en
respuesta a su maravilloso llamado?
Cuando nos lama el Padre devela el propósito que
desde la eternidad tenía en su corazón: que seamos
santos.
Cuando escuchamos su llamamiento también nos muestra la
naturaleza de la verdadera santidad. “ser santo” es ser como
Dios es, es tener una disposición, una voluntad, un carácter
como el de Dios. La sola idea parece incluso blasfemia hasta
que escuchamos con atención la siguiente declaración: “Dios
nos escogió en Él desde antes de la creación del mundo, para
que seamos santos y sin mancha” (Efesios 1:4). En Cristo, la
santidad de Dios apareció en un ser humano. En su ejemplo,
en su mente y su Espíritu tenemos la santidad del Dios
invisible, expresada en la vida y la conducta humana. Ser
como Cristo es ser como Dios; y ser como Cristo es ser Santo
como Dios es Santo.
Padre. Tú me has llamado a la santidad, pero ¿Cómo
puedo ser santo como Tú? Espíritu Santo, muéstrame lo
que es la santidad. Tu santidad primero y luego la mía.
Muéstrame la indecible bendición y gloria de ser
partícipe de Cristo y su santidad. Amén. Ver menos
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