09/10/2025
Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. La oración, dice la beata Concepción Cabrera: ‘es la voz armoniosa del alma pura que traspasa los cielos y llega hasta el trono de Dios. En ella va la flecha amorosa que traspasa el corazón del Amado’.
Es decir que la oración es lo que nos permite entrar en comunicación con Dios y colocar nuestra pequeñez en el corazón del mismo Cristo y, por Él, en el corazón del Padre. La oración nos eleva, pone nuestra mirada en Dios y así, a través de nuestra libre voluntad, abre el canal de la mutua comunicación y le permite a Dios derramar sus gracias en nosotros.
Pide, busca, toca, permite a Dios ser Dios en tu vida, abre tu corazón y tu mente a su amor, mantén siempre un vínculo con Él para crecer en la confianza, en la esperanza y el amor verdadero. El problema es que, como dice la carta a los Romanos, muchas veces nosotros no sabemos pedir como conviene o lo que conviene.
Pero la simple oración le da la libertad a Dios para actuar en favor nuestro y en favor de los que amamos. Pide, sobre todo, el Espíritu Santo para que Él te dé la luz y la sabiduría para vivir una vida plena en el conocimiento de Cristo. Pide el perdón de tus pecados y lo recibirás. Busca la verdad y las huellas del Creador en la Creación, y de Cristo en el hermano, y las encontrarás.
Toca las puertas del Cielo y el corazón de Cristo y se te abrirán. Pide, busca, toca. No te canses de dirigir tu oración, tus alabanzas y necesidades a Dios, porque siempre habrá una respuesta; probablemente no la que esperas, pero Dios siempre responderá y llenará tus necesidades más profundas y actuará de manera misteriosa en favor tuyo y de los demás.
Pues si un amigo da lo que necesita a quien se lo pide a medianoche, como dice el Evangelio de hoy, con mayor razón, tu Padre del Cielo, proveerá en lo que realmente necesitas.
Pbro. Ernesto María Caro.