23/05/2026
*DE LA AVARICIA AL AGRADECIMIENTO*
_El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad. (Eclesiastés 5:10)._
Los términos hebreos que destacamos en este versículo son:
*1) ajáb* .- tener afecto, amar, gustar, querer.
*2) késef* .- dinero, plata, precio.
*3) sabá* .- saciar, llenarse, satisfecho.
*4) jamón* .- riqueza, abundancia, multiplicar.
*5) tebuá* .- abundancia, abundante, cosecha, crecer, fruto, ganancia.
*6) jébel* .- vanidad, vano, (v***r que se disipa).
Cuenta una leyenda griega que, como muestra de gratitud, Dionisio le ofreció a un Rey llamado Midas, concederle cualquier deseo que éste pidiera. Cegado por la avaricia, Midas pidió que todo lo que tocara se convirtiera en oro. Al principio, Midas estaba fascinado, transformando ramas, muebles y hasta las paredes de su palacio en oro puro. Sin embargo, la alegría se convirtió en horror rápidamente: al intentar comer o beber, los alimentos y líquidos se volvían metales pesados e incomestibles. La tragedia alcanzó su punto máximo cuando, al intentar consolarlo, su propia hija lo abrazó y se transformó en una estatua dorada.
Desesperado, Midas rogó a Dionisio que lo liberara de su maldición. Éste se compadeció y una vez más le concedió su petición, y tras esta lección, Midas vivió el resto de sus días alejado de la riqueza material.
El autor de Eclesiastés reflexiona en este pasaje sobre el peligro de las riquezas. No es una crítica en sí al dinero o a las riquezas como si esto fuera algo contrario a la voluntad de Dios, o peor aún, como si deseara que el ser humano no progresara y viviera siempre en escasez; el problema que el Predicador ve es el excesivo amor o afán por acumular y atesorar riquezas, creando la falsa ilusión de que con ello se asegura la vida, el éxito y la trascendencia humana.
El verdadero problema radica en que, detenerse mucho en hacer riquezas, lleva al ser humano a la ambición, a la avaricia, a nunca saciarse o sentir que no es suficiente con lo que posee y que debe esforzarse aún más para lograr todo lo que anhela. Lo negativo no está en la posesión en sí, sino en la falsa expectativa de que el dinero pueda llenar el vacío y la necesidad de su corazón.
Paradójicamente el autor establece que, entre más se posee, lejos de incrementar el disfrute y la tranquilidad, lo que realmente aumenta son las preocupaciones, las responsabilidades y los costos, dando a entender con ello que la riqueza puede convertirse en una carga emocional.
Este mensaje es tan actual hoy como lo fue en el tiempo del autor. También en nuestros días observamos una preocupación excesiva por _*“asegurar el patrimonio económico”*_ . Y no que esto sea malo en sí, el detalle es que se puede convertir en un hilo muy delgado que nos conduzca a la avaricia, a trabajar para lograr esa _*“estabilidad”*_ aun a costa de sacrificar, hogar, familia e incluso la fe en Jesús.
Es tiempo de que, como hijos de Dios tomemos la firme decisión de desactivar la falsa ilusión del control económico; reconocer que la riqueza, por más atractiva que pueda parecernos, no ofrece seguridad, descanso ni mucho menos sentido a nuestra vida.
Es momento de abrazar una vida marcada por la confianza y el agradecimiento a Dios por los dones recibidos, renunciemos al deseo insano por lo material y aprendamos a vivir con libertad, gratitud, generosidad y discernimiento. Confiemos plenamente en el único que tiene el control y el que sostiene nuestra vida con su amor, y sobre todo seamos testimonio al mundo que nuestro Dios nos ha llevado…
_*“DE LA AVARICIA AL AGRADECIMIENTO”*_
Dios te bendiga.
Con ágape.
Diác. Omar Montero Mora.