22/08/2026
*AMAR A DIOS AMANDO AL PRÓJIMO*
_Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? (1 Juan 4:20)._
Los términos griegos que destacamos en este versículo son:
*1) agapao* .- amado, amada, amar, amor.
*2) adelfós* .- hermano.
*3) miséo* .- detestar (amar menos); aborrecer, aborrecible.
*4) pseústes* .- falsificador, falsario, mentiroso.
*5) joráo* .- ver, mirar.
Hay una canción muy conocida que en una de sus estrofas expresa: _“…de mi barrio la más religiosa era doña Carlota, hablaba de amor al prójimo y me ponchó cien pelotas…”_
Aunque parezca algo cómico o gracioso, estas líneas de la canción revelan una realidad presente en la vida de muchos que dicen ser seguidores de Jesús, Cristianos o hijos de Dios.
Por un lado, expresan una gran devoción cuando se encuentran en el culto o lugar de reunión, se los mira con una sonrisa, cantando alegremente, saludando a los demás y manifestando que su amor por Dios es genuino y verdadero. Sin embargo, una vez saliendo de allí, pareciera como que el aspecto cambia, el rostro se demuda, el carácter se vuelve áspero y las manos se cierran por completo, y lamentablemente, todo aquel _“amor”_ manifestado a Dios en el templo, simplemente queda encerrado ahí o diluido al momento de interactuar con el mundo.
A Juan se le ha llamado a menudo _*«el apóstol del amor»*_ , y muchos de sus escritos expresan la profundidad del amor de Dios por la humanidad. En su Evangelio, descubrimos las maravillas que Dios ha hecho para demostrar su inmenso amor hacia nosotros: _«En que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros»_ . Al estudiarlo, llegamos a conocer y comprender el profundo amor que el Señor nos tiene y la importancia de que, a su vez, reflejemos su amor en nuestras vidas.
Este autor establece que, Cristo es nuestro ejemplo y modelo de vida, y el derramamiento práctico del amor divino sobre los demás es la demostración externa de una transformación interna. Solo los creyentes tienen el privilegio de tener el Espíritu de amor morando en sus corazones, y ese amor divino solo puede manifestarse en la vida de quien ha nacido de nuevo. Solo quien camina en espíritu y en verdad puede obedecer su mandato de _«amar a los demás como Cristo nos amó»_ .
No es congruente expresar por un lado que amamos a Dios con todo nuestro ser y, por otro lado, despreciar u odiar a nuestro prójimo, o simplemente ser indiferentes ante las situaciones adversas o de necesidad que pudieran estar viviendo. En Palabras de Juan esto nos hace ver como mentirosos o falsos. ¿Por qué razón? Porque nuestro modelo a seguir, Jesús, dejó muy claro que los dos mandamientos, de los cuales dependen toda la ley y los profetas son: amar a Dios y amar al prójimo. No son elegibles, no son opcionales, son el testimonio visible de aquellos que han aceptado el Señorío de Cristo en sus vidas.
Es tiempo de que como cristianos reflejemos el carácter de nuestro Maestro, Jesús. Él no tan solo habló de amor, sino que lo hizo realidad al mirar nuestra condición de miseria y tomar las acciones necesarias para librarnos de la condenación del pecado. Él espera de sus seguidores que extiendan su amor por todos, sirviendo con generosidad y atendiendo las necesidades de quienes nos rodean.
Prestemos atención al consejo de la Palabra, reflejemos al mundo el amor de Dios, sirvamos con alegría y buena disposición, asumamos el reto y tomemos el desafío de …
_*¡AMAR A DIOS AMANDO AL PRÓJIMO!*_
Dios te bendiga.
Con ágape.
Diác. Omar Montero Mora.