20/09/2020
El octavo mandamiento dado por Dios es No Hurtarás o No Robarás, en esencia se refiere a no apropiarnos de nada que sea de nuestro prójimo ya sea con o sin uso de fuerza. Generalmente cuando se habla de robar, muchas personas se indignarían de ser llamados ladrones y pensarían que no han quebrantado este mandamiento, sin embargo es necesario entender a la luz de La Palabra de Dios que Robar no es solamente arrebatar las posesiones de otra persona, entre otras cosas es: prestar y no devolver (Salmo 37:21); retener el salario de nuestros trabajadores (Jeremías 22:13; Deuteronomio 24:15); usar pesas y balanzas deficientes, es decir vender o negociar con engaño (Levítico 19:36); No pagar impuestos o hacer trampa en el pago de impuestos para pagar menos (Romanos 13:7); No cumplir con nuestra obligación de proveer por nuestra familia (1ª.Timoteo 5:8); traspasar los límites de la propiedad (Deuteronomio 19:14); también robamos al trabajar menos de lo que corresponde al pago que recibimos, al plagiar ideas o propiedad intelectual de otros (tomarlas y hacerlas pasar por nuestras, y esto incluye predicas o estudios Bíblicos), etc. Es importante notar que al robar lo importante NO es el valor, sino la intención del corazón.
Aunque muchos pastores llamarían robarle a Dios cuando una persona no ofrenda o no diezma, realmente esto NO es robo, el modelo Bíblico para la Iglesia lo encontramos en 2ª. Corintios 9:7 y es la OFRENDA VOLUNTARIA, no por obligación ni por necesidad porque Dios ama al dador alegre. El texto de Malaquías 3 que se utiliza frecuentemente para exhortar y en algunos casos exigir a las personas que diezmen no se refiere a la Iglesia, se refiere al pueblo de Israel. Israel tenía un gobierno Teocrático, y al diezmar los israelitas estaban realmente pagando sus impuestos y esto no era solamente el diez por ciento, sino más del veinte por ciento de sus ingresos anuales, que cubría el diezmo para el templo, diezmo para las festividades, y el dos por ciento destinado a los pobres (Levítico 27:30-33; Deuteronomio 14:22-29; Levítico 19:9-10; Éxodo 23:10-11). El diezmo para los israelitas más que una ofrenda era un impuesto sobre la renta. Cualquier otro tipo de ofrenda era puramente VOLUNTARIA y no tenía un porcentaje establecido (Éxodo 25:2; 1ª. Crónicas 29:9).
¿Podemos hablar de robarle a Dios? Sí, pero solamente cuando hablamos de los encargados de administrar el dinero que se recibe como ofrendas y ellos lo utilizan en beneficio propio, ya sean pastores o tesoreros que al igual que lo hizo Judas están en el ministerio por ambición y al igual que Judas sustraen para ellos del dinero que recibe la Iglesia. El obrero, de acuerdo a Lucas Capítulo 10, es digno de su SOSTÉN, no de una vida de lujos que sobrepasa por mucho el estilo de vida de las personas de su congregación.
En ningún momento estoy negando que los creyentes deban ofrendar para sostener a los pastores y maestros que trabajan FIELMENTE y a tiempo completo en la obra de Dios, a los misioneros, gastos de administración de la congregación, distribución de material evangelístico, etc. Es muy diferente afirmar que los pastores y líderes religiosos NO deben enriquecerse a costa de las ovejas a decir que no deben cobrar un sueldo como cualquier otra persona que trabaja honestamente para ganarlo.
Dios por medio de Pablo en Efesios 4:28 nos dice “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”. Esto es la evidencia de una vida transformada y de que somos verdaderamente creyentes. La vida de todo cristiano verdadero debe estar marcada por la OBEDIENCIA a la Palabra de Dios. Como hemos visto antes, obediencia no significa santidad y perfección impecable, sino el anhelo y la determinación de obedecer a Dios a pesar de nuestras fallas, errores y debilidades. Un verdadero creyente puede caer en pecado, pero no planifica el pecado, ni hace del pecado su forma habitual de vida.
Aunque habrá casos en que las personas roben alimentos movidos por hambre, en la gran mayoría de los casos, robar o hurtar tiene mucho que ver con el amor a nosotros mismos y principalmente el amor al dinero y las posesiones materiales.
Hay cinco formas en que manifestamos que amamos el dinero, 1.- Si nuestra motivación principal al trabajar es obtener dinero y no para darle gloria a Dios ni nos preocupamos por trabajar diligentemente para ser merecedores del salario que cobramos; 2.- Cuando no importando cuanto tengamos, nunca es suficiente esto nos lleva a codiciar y desear lo que otros tienen; 3.- Cuando obtenemos placer en jactarnos o alardear de lo que poseemos y usamos nuestras redes sociales para mostrar nuestras posesiones en lugar de usarlas para comunicar el Evangelio; 4.- Cuando nos molesta o nos duele compartir, una persona que ama el dinero puede gastar mucho en satisfacerse a sí mismo, pero le es doloroso compartir; 5.- Sabemos que amamos el dinero cuando estamos dispuestos a pecar para conseguirlo, y eso nos lleva a las diferentes formas de robar, robar tiempo en el trabajo, trabajando menos de lo que debemos, a prestar y no devolver lo prestado, a hacer trampa en los impuestos pagando menos o evadiéndolos, a querer aprovecharnos de los demás pagándoles menos por el trabajo que hacen para nosotros o solicitando descuento a personas que viven del poco margen de ganancia en los productos o servicios que venden, a descargar música o libros “gratuitamente” de internet sin que nadie pague realmente a los autores por su propiedad intelectual, etc. Este pequeño estudio NO es para atacar a otros, sino para examinarnos a nosotros mismos, es bueno y es necesario advertir a otros de falsos hermanos y falsos pastores y maestros, eso es ejercer discernimiento y Dios nos manda hacerlo, pero principalmente debemos examinar nuestra vida y arrepentirnos si hemos vivido en la práctica continua de este pecado. Bendiciones.