01/02/2026
Son mucho más felices los que saben esperar e intentan llevar el ritmo de Dios, no el propio…Es feliz entonces el que busca y busca, con la certeza de que solo el que «busca, encuentra».
Es feliz el que no baja los brazos y lucha día a día por la santidad, por hacer la voluntad del Padre, aun en medio de sus pecados, aun cuando no comprenda. Es feliz el que sabe que la santidad viene de Dios y no es un trofeo a alcanzar, solo él puede hacernos santos.
La felicidad la vamos a encontrar en el perdón y en la misericordia, en vivir la experiencia de sentirse perdonado siempre y de jamás retener el perdón a otros que nos ha ofendido a nosotros o a la humanidad. La felicidad es la alegría de no guardar rencor en el corazón por tener la certeza de que Dios no lo guarda jamás con nosotros. La felicidad que proviene de la misericordia no puede compararse con ninguna, porque quita el peso del alma que solo Dios puede quitar.
Siempre será feliz el que mira con el corazón, con un corazón puro que jamás distorsiona la imagen de los demás. Siempre será feliz, aun en medio de un mundo bastante turbio, aquel que no se deja ensuciar el alma con las impurezas que no nos dejan en paz. Siempre será feliz el que no juzga, el que no critica, el que no mira a los demás con los anteojos del orgullo personal.
Los felices de este mundo son los que trabajan por la paz del corazón y de su entorno. Los felices de este mundo son los que buscan la paz luchando interiormente por amar y salir de sí mismos. Son los que viven como hijos de Dios sin pretender grandezas humanas.
Se puede ser feliz aun en medio de la prueba y la persecución, no porque sea linda, sino porque se sufre con amor y por amor. Se puede ser feliz siendo perseguido y calumniado como le pasó al mismo Jesús, aunque nos dejen solos, porque en el fondo nunca está solo quien se siente amado y ama a su Padre del cielo. Podremos ser felices si esa persecución y crítica se convierte en oración y perdón para los que nos persiguen.
¿Todavía crees que la felicidad puede venir de un papel, de un decreto, o que la felicidad se compra en cuotas? Jesús nos invita a una felicidad mucho más grande y duradera. Y en este domingo intenté contarte de alguna manera lo que Jesús nos enseña con las Bienaventuranzas.
Tomado del Padre Rodrigo Aguilar