20/11/2025
Salmo de los talentos
Señor,
si el panadero deja de amasar la madrugada,
¿quién alimentará el día?
Si el campesino abandona la tierra,
¿quién hará nacer el trigo?
Si la enfermera apaga su ternura,
¿quién tocará la fiebre del que sufre?
Si el maestro calla,
¿quién encenderá preguntas en los niños?
Si yo entierro lo que soy…
¿quién recibirá lo que tú sembraste en mí?
Tú me has dado talentos, Señor,
aunque a veces me duela reconocerlos.
Me diste esta manera de escuchar,
que abraza sin palabras.
Me diste la sensibilidad que me quiebra,
pero que me vuelve más humano.
Me diste la mirada que descubre belleza
donde otros solo ven cansancio.
Me diste heridas que, sin saber cómo,
se volvieron lugares de encuentro.
Pero yo…
yo a veces entierro lo que me regalaste.
Lo escondo en la tierra amarga del miedo,
del cansancio,
en la arena de mis inseguridades,
en las cuevas donde guardo mis “no puedo”.
Y se me olvida, Señor,
que cuando escondo mi talento
también escondo tu sueño.
Que cuando cierro mis manos
también cierro caminos.
Que cuando apago mi luz
hay alguien que se queda en sombra.
Tócame el corazón, Dios mío,
como solo Tú sabes hacerlo.
Sacude la tierra donde enterré lo que soy.
Despiértame.
Llámame por mi nombre
como se llama a quien uno ama de verdad.
Enséñame a creer en mí
porque Tú ya creíste primero.
Regálame un corazón valiente,
que no se mida por resultados,
sino por entrega.
Que no tema arriesgarse.
Que sepa que la fecundidad
no nace del brillo,
sino del amor puesto en lo pequeño.
Señor,
haz que hoy mis talentos respiren.
Haz que vuelvan a latir.
Haz que no me falte coraje
para sacar a la luz la belleza
que Tú sembraste en mí.
Y si un día me canso,
quédate,
susúrrame de nuevo:
“No entierres lo que eres.
Multiplica lo que llevas dentro.
Yo voy contigo.”
Mirza Deras, r.a