01/05/2026
A Jesús lo conocieron como el hijo del carpintero, porque en efecto, lo era. Pero también es el hijo del artesano que hizo toda la belleza del universo. A veces, no paro de maravillarme de la perfección y esmero con que fuimos hechos. Cada célula, con una función específica, hasta lo que consideramos defecto, tiene su efecto y está bien pensado.
A menudo he escuchado la frase “…es que a mí me hicieron sin ganas”, una burla que se dice refiriéndonos a nuestros defectos, que lamentablemente, de tanto decirla, esa broma se va convirtiendo en la justificación para la mediocridad.
Cuando nos damos cuenta de los dones que tenemos, de cualidades con las que fuimos dotados, de las habilidades que pocos tienen, de las capacidades especiales que tenemos en nuestra mente, ojos, piernas o manos… no podemos dejar de sentirnos comprometidos para hacer bien lo que se debe hacer. Porque fuimos hechos para continuar la creación del Creador.
Para Dios Padre, todo trabajo tiene un especial significado si antes de comenzarlo, se le ofrece como alabanza y después, al concluirlo, se le agradece por habernos permitido participar en su creación.
Somos albañiles, cocineras, sastres, médicos, artistas, …hijos del artesano que hizo este mundo, del sembrador que plantó la viña, ¡Qué más!??