Parroquia de San Matías Apóstol Tlalancaleca Puebla

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Somos una comunidad Cristiana en comunión con el Papa sucesor del Apóstol Pedro.

Somos una comunidad cristiano-católica.

Evangelio según san Mateo 15,21-28«¡Mujer, qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.»Hay una frase que atraviesa...
05/08/2026

Evangelio según san Mateo 15,21-28

«¡Mujer, qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.»

Hay una frase que atraviesa todo este Evangelio y que no deja de conmoverme: aquella mujer no se acerca a Jesús para pedir algo para ella. Lleva en el corazón el dolor de otra persona. Su oración tiene el rostro de su hija. Su súplica nace del amor.

¡Qué misterio tan hermoso es la intercesión! Dios ha querido que muchas gracias lleguen al mundo a través de la oración de quienes aman. Antes de que nosotros aprendiéramos a pronunciar el nombre de Jesús, probablemente ya había una madre, un padre, una abuela o alguna persona sencilla doblando las rodillas por nosotros. Cuántas lágrimas escondidas. Cuántos rosarios ofrecidos en silencio. Cuántas noches pidiendo que Dios nos cuidara, nos levantara de nuestras caídas o nos devolviera al camino cuando nos alejábamos.

Tal vez hoy somos fruto de esas oraciones que nunca vimos.

La mujer cananea nos recuerda que el amor verdadero nunca deja de llamar a la puerta de Dios. Aunque encuentre silencios, aunque parezca que nada cambia, sigue creyendo. Porque quien ama de verdad no se cansa fácilmente de esperar.

Vivimos en una cultura que nos ha ido convenciendo de que cada uno debe preocuparse únicamente por sí mismo. Nos dicen que lo importante es realizar nuestros proyectos, cuidar nuestro bienestar, proteger nuestro espacio. Poco a poco el corazón puede volverse indiferente al dolor ajeno. Incluso nuestra oración corre el riesgo de girar siempre alrededor de nuestras necesidades, mientras olvidamos cargar ante Jesús la vida de quienes sufren.

Sin embargo, el Evangelio nos muestra otra lógica: la de una mujer cuya fe se hace inmensa porque aprendió a amar más allá de sí misma. Jesús no alaba únicamente su insistencia; alaba una fe capaz de mover el corazón por otro. Una fe que no se resigna mientras alguien amado permanece herido.

¿Cuántas personas esperan hoy que alguien rece por ellas? Quizá ese hijo que se ha alejado de Dios. Ese matrimonio que está al borde de romperse. Ese joven esclavo de una adicción. Ese enfermo que ha perdido la esperanza. Ese sacerdote cansado. Esa religiosa que lucha en silencio por permanecer fiel. Tal vez nunca sepan que alguien intercedió por ellas. Pero Dios sí lo sabe.

Quizá hoy Jesús quiera preguntarnos algo muy sencillo: ¿por quién estás orando? ¿Quién ocupa un lugar en tu oración cotidiana? ¿Qué nombre llevas con perseverancia delante del Sagrario?

La mujer cananea nos recuerda que nadie llega solo al Corazón de Cristo. Todos hemos sido sostenidos alguna vez por la oración silenciosa de otros. Y también nosotros estamos llamados a convertirnos en esa presencia para alguien más.

Qué consuelo saber que, en la Iglesia, nadie camina solo. Dios ha querido que nuestras súplicas, unidas a la oración de Cristo, se conviertan en cauces de gracia para nuestros hermanos. La fe de unos sostiene el camino de muchos.

Quizá el milagro que hoy esperas para esa persona que amas todavía no ha llegado. No dejes de llamar a la puerta del Corazón de Jesús. Él nunca permanece indiferente ante una fe que ama. En sus tiempos, que siempre son perfectos, hará fecunda cada oración ofrecida con confianza.

Preguntas para el corazón

— ¿Por quién estoy intercediendo con perseverancia delante de Jesús?

— ¿He dejado de creer que Dios puede obrar en la vida de esa persona que amo?

— ¿Mi oración abraza también el sufrimiento de los demás o gira solamente alrededor de mis propias necesidades?

Oración

Señor Jesús, enséñame a tener un corazón que no viva solo para sí mismo. Hazme llevar delante de Ti el dolor, las heridas y las esperanzas de quienes has puesto en mi camino.

Bendice a todas las madres, padres, abuelos y personas que nunca dejaron de interceder por nosotros. Recompensa cada lágrima escondida y cada oración pronunciada con amor.

Y cuando mi fe se debilite, recuérdame que una oración hecha con confianza puede cambiar una vida, porque nada es imposible para Ti.


Mirza Deras, r.a.

05/08/2026

🔔 Hola, qué alegría tenerte aquíEste es el canal del Padre Pedro J...

Te invitamos a vivir el Taller de Oración y Vida (TOV).No es solo un curso; es un método práctico para aprender a comuni...
04/08/2026

Te invitamos a vivir el Taller de Oración y Vida (TOV).

No es solo un curso; es un método práctico para aprender a comunicarte con Dios y, al mismo tiempo, recuperar la paz, sanar heridas del pasado y aprender a vivir con alegría.

📌 ¿Qué vas a lograr en este taller?
Aprender diferentes formas de orar de manera sencilla.
Superar la ansiedad, el miedo y la tristeza.
Recuperar la paz interior y la armonía familiar.
Convertirte en un amigo/a profundo de Dios.

"El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús."— San Juan María VianneyLa parroquia de San Matías Apóstol felicita a to...
04/08/2026

"El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús."
— San Juan María Vianney

La parroquia de San Matías Apóstol felicita a todos los sacerdotes parrocos ,de manera especial por nuestro párroco José Huerta Espinoza pedimos a Dios le siga bendiciendo siempre!!!

El mejor regalo orar por el 🙏

¡Feliz día a todos los sacerdotes!

Hoy la Iglesia da gracias por el don inmenso de cada sacerdote. No porque sean perfectos, sino porque un día Dios pronunció su nombre y ellos respondieron con la pobreza de su humanidad y la grandeza de su confianza.

Cuando pienso en san Juan María Vianney, no veo primero al gran confesor de Ars. Veo a un hombre profundamente enamorado de Jesucristo. Un hombre que comprendió que el sacerdote no existe para hablar de sí mismo, sino para transparentar el rostro del Buen Pastor. Su fuerza no estaba en una inteligencia extraordinaria, sino en las horas interminables que pasaba de rodillas ante el Sagrario. Allí aprendió a mirar como Cristo, a amar como Cristo y a gastar la vida como Cristo.

Vivimos en un mundo que aplaude el éxito, la eficiencia y la popularidad. Sin embargo, Dios sigue transformando el mundo a través de hombres que, muchas veces en silencio, celebran la Eucaristía cada amanecer, escuchan confesiones durante horas, acompañan a los enfermos, consuelan a quienes lloran y permanecen fieles incluso cuando nadie los ve. Esa fidelidad escondida sostiene a la Iglesia mucho más de lo que imaginamos.

Quizá el mayor regalo que podemos hacer hoy a un sacerdote no sea una felicitación, sino nuestra oración. Porque ellos también conocen el cansancio, la soledad, las luchas interiores y las noches oscuras de la fe. También necesitan que alguien los lleve en el corazón y los presente delante del Señor.

Y este día tiene también un profundo sabor vocacional. San Juan María Vianney nos recuerda que Dios sigue llamando. Sigue pasando por la vida de muchos jóvenes con la misma pregunta que un día dirigió a los apóstoles: «¿Vendrás conmigo?» Pero una vocación solo puede nacer en un corazón que ha descubierto que nada en este mundo se compara con la alegría de pertenecer completamente a Cristo.

Necesitamos sacerdotes santos. No sacerdotes famosos. No sacerdotes que busquen protagonismo. Necesitamos hombres cuyo corazón haya sido conquistado por Jesús; hombres capaces de llorar con su pueblo, de anunciar la verdad con caridad, de permanecer junto al Sagrario cuando todos se han ido y de entregar la vida sin reservas.

Hoy, al contemplar la vida del Cura de Ars, nace una súplica sencilla: Señor, no dejes de llamar. Y danos el valor de responder.

A todos los sacerdotes, gracias por cada Eucaristía celebrada, por cada absolución pronunciada, por cada palabra de esperanza, por cada noche de desvelo y por cada sí renovado, incluso cuando ha costado lágrimas.

Que san Juan María Vianney interceda por ustedes y les alcance la gracia de vivir siempre con un corazón enamorado de Cristo, para que quienes los encuentren no se queden admirando al sacerdote, sino que descubran, a través de él, la ternura infinita del Buen Pastor.


Mirza Deras, r.a.

Evangelio según san Mateo 15, 1-2.10-14«Lo que sale de la boca brota del corazón.» (cf. Mt 15,11)Hay palabras de Jesús q...
04/08/2026

Evangelio según san Mateo 15, 1-2.10-14

«Lo que sale de la boca brota del corazón.» (cf. Mt 15,11)

Hay palabras de Jesús que no solo iluminan; también desenmascaran. Este Evangelio es una de ellas. Los fariseos estaban preocupados por las manos que no habían sido lavadas según la tradición. Jesús, en cambio, dirige la mirada hacia un lugar mucho más profundo: el corazón. Porque Dios nunca se ha conformado con una apariencia de santidad. Él busca un corazón que le pertenezca por completo.

Qué fácil resulta cuidar lo que los demás ven y descuidar aquello que solo Dios conoce. Podemos acostumbrarnos a cumplir deberes religiosos, a rezar, a servir, a hablar de Dios e incluso a evangelizar, mientras en el interior se van instalando pequeñas durezas, juicios, orgullos escondidos o afectos desordenados que lentamente van apagando el amor. Nadie los ve. Tal vez nosotros mismos dejamos de percibirlos. Pero Jesús sí. Y no los señala para humillarnos, sino para sanarnos.

Hay una verdad que hoy toca con delicadeza el alma: el corazón siempre termina hablando. Tarde o temprano, lo que habita dentro de nosotros encuentra una salida. Las palabras, las reacciones, la manera de mirar al hermano, las decisiones que tomamos... todo revela aquello que hemos permitido crecer en el silencio del corazón. Por eso la vida espiritual no consiste en controlar solamente las acciones, sino en dejar que el Espíritu Santo transforme la raíz de donde nacen.

San Ignacio enseñaba que es en los movimientos interiores donde Dios nos habla y donde también el enemigo intenta sembrar confusión. Por eso conviene preguntarnos qué sentimientos alimento cada día, qué pensamientos acaricio, qué heridas sigo abrazando y qué lugar ocupa realmente Jesús en el centro de mi vida. Porque un corazón habitado por Cristo aprende poco a poco a parecerse a Él. Y cuando Él reina dentro, la paz, la misericordia y la verdad comienzan a brotar con naturalidad.

Jesús también pronuncia una advertencia fuerte: «Dejadlos; son ciegos que guían a otros ciegos». No habla desde el desprecio, sino desde el dolor. La peor ceguera no es no conocer a Dios; es creer que ya no necesitamos convertirnos. Cuando dejamos de permitir que el Evangelio nos cuestione, cuando justificamos nuestras incoherencias o vivimos tranquilos con una fe tibia, el corazón empieza a endurecerse sin darse cuenta.

Hoy el Señor no nos pide perfección. Nos pide verdad. Un corazón que no tenga miedo de abrir sus puertas para que Él entre con su luz. Porque solo quien acepta ser purificado puede experimentar la libertad de los hijos de Dios. La santidad no consiste en parecer impecables, sino en dejarnos amar y transformar cada día por Jesús.

Y en este día en que la Iglesia recuerda a San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, resuena con fuerza el testimonio de un hombre que pasó largas horas delante del Señor, permitiendo que Cristo modelara su corazón. Él comprendió que la fecundidad de una vida no nace del reconocimiento humano, sino de una intimidad profunda con Dios. Solo un corazón habitado por Cristo puede conducir a otros hasta Él.

Que hoy no nos preocupe tanto la imagen que damos. Que nos preocupe, sobre todo, el estado de nuestro corazón. Porque allí, en ese lugar donde nadie entra sino Dios, comienza verdaderamente la santidad.

Preguntas para el corazón

— ¿Qué está brotando verdaderamente de mi corazón cuando nadie me ve?

— ¿Estoy cuidando más las apariencias de mi vida espiritual que mi amistad con Jesús?

— ¿Qué rincón de mi corazón necesita hoy ser purificado por el amor de Cristo?

Oración

Señor Jesús, Tú conoces mi corazón mucho mejor que yo. Entra con tu luz allí donde todavía hay orgullo, dureza, miedo o falsedad. No permitas que viva de apariencias ni que me conforme con una fe superficial.

Espíritu Santo, regálame un corazón sencillo, transparente y dócil. Haz que mis palabras, mis decisiones y toda mi vida nazcan de un corazón profundamente unido al de Cristo. Que cada día me deje transformar por Ti hasta reflejar tu rostro en todo lo que soy.


Mirza Deras, r.a

04/08/2026

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Evangelio según san Mateo 14,22-36«¡Ánimo, soy yo; no tengan miedo!» (Mt 14,27)Hay momentos en los que Jesús parece alej...
03/08/2026

Evangelio según san Mateo 14,22-36

«¡Ánimo, soy yo; no tengan miedo!» (Mt 14,27)

Hay momentos en los que Jesús parece alejarnos de la orilla conocida. El Evangelio comienza diciendo que obligó a los discípulos a subir a la barca mientras Él se retiraba a orar. No fue un abandono. Fue una pedagogía de amor. Jesús sabía que el viento sería contrario, que la noche sería larga y que el miedo tocaría la puerta de sus corazones. Y, aun así, permitió que atravesaran la oscuridad. Porque hay lecciones que solo se aprenden cuando ya no podemos sostenernos con nuestras propias fuerzas.

Cuántas veces también nosotros sentimos que el Señor nos ha enviado a un mar agitado. Todo parecía tranquilo y, de pronto, llegan las enfermedades, las incertidumbres, los fracasos, las decepciones o esos silencios de Dios que tanto desconciertan el alma. Entonces nace la tentación de pensar que Él no está, que se olvidó de nosotros o que nuestra oración no fue escuchada. Pero este Evangelio nos revela un secreto del corazón de Jesús: mientras nosotros luchamos con las olas, Él no deja de mirarnos. Nunca pierde de vista a quienes ama.

Cuando Jesús llega caminando sobre el agua, los discípulos creen ver un fantasma. Qué fácil es confundir la presencia de Dios cuando el miedo gobierna el corazón. El temor deforma la mirada. Nos hace sospechar de Aquel que viene precisamente a salvarnos. Y quizá esta sea una de las luchas más profundas de la vida espiritual: aprender a reconocer la voz de Jesús incluso cuando todo alrededor parece una tormenta.

Pedro representa el corazón que ama, pero que todavía está aprendiendo a confiar. Tiene la valentía de salir de la barca, pero mientras fija los ojos en Jesús camina; cuando fija los ojos en el viento, comienza a hundirse. Así actúa también el enemigo de nuestra alma: intenta desplazar nuestra mirada del Señor hacia el tamaño de los problemas, para convencernos de que todo está perdido. Sin embargo, Jesús no espera a que Pedro llegue al fondo del mar. Extiende inmediatamente la mano. Esa palabra, "inmediatamente", es un consuelo inmenso. Dios nunca disfruta viendo nuestras caídas. Siempre está más cerca de lo que imaginamos, dispuesto a levantarnos cuando, con humildad, volvemos a gritar: «¡Señor, sálvame!».

Tal vez el mayor milagro de este Evangelio no sea que Jesús camine sobre el agua, sino que entre en nuestra barca. Porque cuando Él ocupa el centro de la vida, el corazón encuentra una paz que las circunstancias no pueden dar ni quitar. Las tormentas quizá no desaparezcan de inmediato, pero dejan de tener la última palabra. La presencia de Cristo cambia el modo de atravesarlas.

Hoy el Señor vuelve a repetirnos con infinita ternura: «Soy yo». No dice primero que desaparecerá el viento. No promete una vida sin pruebas. Se ofrece a sí mismo. Porque quien descubre verdaderamente a Jesús comprende que Él basta. Y cuando el alma aprende a descansar en su presencia, incluso la noche más oscura comienza a llenarse de esperanza.

No tengas miedo de las tormentas que estás viviendo. Ten miedo solamente de dejar de mirar a Jesús. La santidad no consiste en no hundirse nunca, sino en volver una y otra vez a la mano que siempre permanece extendida.

Preguntas para el corazón

— Cuando llegan las tormentas, ¿mi primera reacción es buscar a Jesús o dejarme dominar por el miedo?

— ¿Qué "vientos" están robando hoy mi mirada de Cristo y haciéndome perder la paz?

— Si hoy Jesús me dijera: «Ven», ¿estaría dispuesto a salir de la seguridad de mi barca para confiar únicamente en Él?

Oración

Señor Jesús, en las noches de mi vida, cuando el miedo quiere convencerme de que estoy solo, hazme reconocer tu voz que me dice: «¡Ánimo, soy yo!».

Toma mi mano cuando mi fe vacile y enséñame a mantener siempre los ojos fijos en Ti. Que ninguna tormenta sea más grande que tu presencia en mi corazón. Haz de mi vida una barca donde Tú seas siempre el centro y el descanso de mi alma.


Mirza Deras, r.a.

03/08/2026

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02/08/2026

Dirección

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San Matías Tlalancaleca
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