15/08/2026
𝙎𝙊𝙇𝙀𝙈𝙉𝙄𝘿𝘼𝘿 𝘿𝙀 𝙇𝘼 𝘼𝙎𝙐𝙉𝘾𝙄𝙊́𝙉 𝘿𝙀 𝙇𝘼 𝙎𝘼𝙉𝙏𝙄́𝙎𝙄𝙈𝘼 𝙑𝙄𝙍𝙂𝙀𝙉 𝙈𝘼𝙍𝙄́𝘼
Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, la cual fue fijada en el 15 de agosto ya en el siglo V, con el sentido de "Nacimiento al Cielo" o, en la tradición bizantina, "Dormición" de Nuestra Señora.
En el Credo Apostólico profesamos nuestra fe en la "Resurrección de la carne" y en la "vida eterna", fin y sentido último del camino de la vida. Esta promesa de fe se cumple ya en María, como "signo de consuelo y esperanza segura" (Prefacio). Este privilegio de María está estrechamente ligado al hecho de ser la Madre de Jesús: dado que la muerte y la corrupción del cuerpo humano son una consecuencia del pecado, no era conveniente que la Virgen María -libre de pecado- se viera afectada por ellos. De ahí el misterio de la "Dormición" o "Asunción al Cielo". El hecho de que María esté ya en el cielo en cuerpo y alma es para nosotros un motivo de alegría, de felicidad, de esperanza. Una criatura de Dios -María- ya está en el cielo: con ella y como ella estaremos también nosotros, criaturas de Dios, un día.
En nuestro decanato tenemos la gran dicha de ser devotos a este dogma donde cada 15 de agosto se celebra esta solemnidad en nuestra parroquia hermana de la 𝙑𝙞𝙧𝙜𝙚𝙣𝙘𝙞𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖𝙨 𝙏𝙧𝙚𝙨 𝘼𝙫𝙚 𝙈𝙖𝙧𝙞́𝙖𝙨 bajo el patronazgo de la Asunción de María Santísima, pero comúnmente llamada con mucho cariño: la Virgecita.
𝙊𝙍𝘼𝘾𝙄𝙊́𝙉:
Oh María Inmaculada Asunta al cielo,
tú que vives bienaventurada en la visión de Dios:
de Dios Padre que te hizo alta criatura, de Dios Hijo que quiso
ser generado como hombre por ti y tenerte como madre,
de Dios Espíritu Santo que en ti realizó la concepción humana del Salvador.
Oh María purísima,
Oh María dulcísima y bellísima,
Oh María, mujer fuerte y reflexiva.
Oh María, pobre y dolorosa,
María, virgen y madre,
mujer humanísima como Eva, más que Eva;
cercana a Dios en tu gracia, en tus privilegios,
en tus misterios,
en tu misión, en tu gloria.
Oh María asunta a la gloria de Cristo en la perfección completa
y transfigurada de nuestra naturaleza humana.
Oh María, puerta del cielo,
espejo de la Luz divina,
santuario de la Alianza entre Dios y los hombres,
deja que nuestras almas vuelen tras de ti
deja que se eleven tras tu radiante camino
transportadas por una esperanza que el mundo no tiene, la de la dicha eterna.
Consuélanos desde el cielo, oh Madre misericordiosa,
y por tus caminos de pureza y esperanza guíanos un día al encuentro feliz contigo
y con tu divino Hijo nuestro Salvador Jesús. Amén