02/04/2026
Hoy entramos en uno de los momentos más íntimos y profundos del amor de Dios.
Jesús no solo se despide…
Jesús se queda.
En la Última Cena, Cristo instituye la Eucaristía, el mayor regalo que pudo dejarnos:
no un recuerdo, no un símbolo…
sino su misma presencia real.
Se hace Pan para no irse.
Se hace Alimento para nuestra alma.
Se queda… aun sabiendo que muchos lo abandonarían.
Pero ese amor no se queda solo en palabras.
Ese mismo Jesús, siendo Dios, se arrodilla y lava los pies de sus discípulos.
Ahí nos enseña algo que rompe toda lógica humana:
amar no es dominar…
amar es servir.
Y mientras todo esto sucede… la traición ya está en marcha.
Judas ya decidió.
Pedro aún no lo sabe, pero también fallará.
Los demás huirán.
Y aun así… Jesús no se detiene.
Ama.
Se entrega.
Se queda.
Hoy no es un día para solo “recordar” lo que pasó.
Es un día para preguntarnos:
¿Permanezco con Él… o también lo dejo solo?
Porque Jesús sigue en la Eucaristía, esperando.
Sigue presente, esperando compañía, amor, fidelidad.
Hoy, en medio del ruido, de las distracciones, de todo lo que compite por nuestro corazón…
haz silencio.
Acompáñalo.
Visítalo.
Quédate con Él.
Porque en Jueves Santo aprendemos que
el verdadero amor… no se va.
Se queda