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«Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Colosenses...
15/06/2026

«Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Colosenses 4: 6).

La forma más común que tienen los humanos para pecar es por medio de las palabras. Todos los que tienen el don del habla enfrentan un tremendo desafío: frenar la lengua. Lo más usual es que primero hablan y luego piensan; mucho de lo que dicen es automatizado, cosas que resuelven diariamente, pero también son acciones que se han aprendido con el paso del tiempo, haciéndose un hábito. Estas acciones se pueden traducir a palabras. Por ejemplo, la persona acostumbrada a enojarse con facilidad contestará con palabras fuertes o groseras automáticamente porque lo ha hecho toda su vida. Decirlas será solo una reacción normal en su vida. Esto también puede suceder al contrario: una persona puede estar acostumbrada a responder sensatamente con frases agradables como «gracias», «es usted muy amable», «cariño», «que pase un buen día», «por favor», etc. Responder con gracia y sazonar las palabras es darle un sabor agradable a la conversación. Una conversación con palabras ásperas produce amargura, resentimiento, temor y odio, dejando un mal sabor de boca y lastima la estima propia y daña la salud. El cuerpo queda enfermo, deseando no haber tenido esa conversación. Sin embargo, una conversación con gracia â��sazonada con sal de la buena vidaâ�� produce alegría, gozo, complacencia, amor al prójimo y deseos de seguir hablando con esa persona, dejando un buen sabor de boca, un cuerpo alegre y sano. Independientemente de quién seas, Dios te invita a valorar cómo son tus palabras con tu esposa o con tu esposo, con tu familia, con tus amigos, con tus compañeros de trabajo, con tus vecinos y con las personas con las que te encuentres en la vida. ¿Desean ellos seguir hablando contigo? ¿Aprecian tu conversación o la evitan? Hazte agradable, que todo el mundo quiera hablar contigo y que tus palabras sean siempre con gracia. El único que puede hacerlo así es Jesús como el transformador de la vida y puede hacer de ti una persona que controla sus palabras y su lengua, alguien que habla siempre con gracia. Ven a Jesús; solo él te puede cambiar o mejorar, porque todo es por su gracia.

«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisible...
14/06/2026

«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él»
(Colosenses 1: 16).

La carta a la iglesia de Colosas contiene elementos muy importantes para la Iglesia cristiana. Pablo no quería que esta carta fuera leída solamente por esta iglesia, sino que le aconsejó que tan pronto la hubiera leído la compartiera también con la iglesia de Hierápolis y con la iglesia de Laodicea y que de igual modo leyera la carta enviada a Laodicea. Las cartas eran consejos pastorales emanados de situaciones propias de la vida de la Iglesia en su contexto, pero Pablo pone mucho énfasis en esta carta sobre la prominencia de la supremacía de Dios. El apóstol no quería que la Iglesia tuviera dudas respecto al poder creativo de Dios; por tanto, recalca que creó todas las cosas visibles e invisibles. Las cosas visibles son aceptadas más fácilmente, ya que asombra su diseño tan complejo y completo. Las cosas invisibles a veces cuesta más aceptarlas y, aunque en el siglo en el que vives ahora sabes que existen innumerables cosas invisibles, no se pueden explicar, pero están ahí: elementos, fuerzas y organismos que escapan la vista del ser humano. Todas estas son creaciones de Dios el macrouniverso y el microuniverso-. Dios tiene control de todo; su poder creativo y sustentador lo llena todo. La ciencia puede hacer descubrimientos en el macrouniverso y se asombra, como también puede hacer descubrimientos en el microuniverso y se asombra, pero Dios ha diseñado todo desde el principio. Su poder es inmensurable; cada átomo, cada estrella, cada célula y todo cuanto existe tiene el sello creador de Dios. Para el hombre es nuevo, Dios ya lo había creado. Ese Dios que ha creado todo, también ha creado al ser humano. Lo creó con un propósito y fue diseñado de forma especial: a su imagen para que pudieran vivir juntos por la eternidad. No eres producto de la evolución, sino que eres parte creativa del poder amoroso de Dios. Él desea que comprendas que utilizó su extraordinario poder para crear una galaxia, así como para diseñarte y crearte. ¿Puedes ver lo valioso que eres para Dios? Por tanto, no dudes en aceptarlo como tu creador. El Rey del universo es tu Dios, tu Padre amoroso que te quiere dejar vivir por siempre. Ven al Señor y disfruta de estar en los brazos del todopoderoso Creador del universo, porque todo es por su gracia.

«En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados» (Colosenses 1: 14).El perdón es un tema recurrente en l...
13/06/2026

«En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados» (Colosenses 1: 14).

El perdón es un tema recurrente en la Palabra de Dios, seguramente porque conoce tu incredulidad para creer y aceptar el perdón. Por lo general, entre humanos, aunque se perdonan entre sí no se sienten realmente perdonados y es común volver a pedir perdón por las mismas cosas por las que ya pidieron perdón. Alguien una vez dijo que el perdón es como un cohete que viene de parte de Dios con la palabra «perdonado» inscrita en él. Una vez que le has pedido perdón, el problema es que no tiene dónde aterrizar porque no crees ser merecedor del perdón de Dios; por tanto, lo rechazas, pensando que es demasiado bueno para ser cierto. Se está acostumbrado a que casi siempre se debe dar algo a cambio de un favor, por lo cual, algo tan grande como el perdón resulta muy difícil de aceptar tan fácilmente; es por eso que existen en casi en todo el mundo ceremonias y ritos. de diferentes formas y sacrificios que buscan el favor de Dios. En la antigüedad, las personas llegaban al punto de autoflagelarse para alcanzar el perdón de Dios. La santa Biblia es clara en este hermoso pasaje, ya que está diciendo que en él hay perdón y redención por los pecados cometidos. Nuevamente, la santa Biblia, ayudando a tu incredulidad, vez tras vez reitera el perdón de Dios de forma plena y gratuita. ¿Cómo estás hoy? ¿Qué tan perdonado te sientes? ¿Cuán fácilmente puedes levantar tus ojos al cielo para decir: «Gracias, me siento perdonado»? Si no es así, es hora de que estés en paz con Dios. No tienes que ir frente a un líder religioso para alcanzarlo; basta que dobles tus rodillas a solas con Dios y pidas perdón. Él te perdonará de manera amplia y completa y después, como a la mujer pecadora, te dirá que vayas y no peques más. Esto es cierto; no lo dudes. Es verdad; no lo dejes, porque todo es por su gracia. Ven, Dios te espera.

«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4: 13).Seguramente han llegado a tus oídos historias de misionero...
12/06/2026

«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4: 13).

Seguramente han llegado a tus oídos historias de misioneros en tierras lejanas, la manera como los trataron, las estrategias que usaron para compartir el mensaje de salvación, los peligros de muerte que afrontaron y cómo algunos regresaron a casa después de muchos años, pero cómo otros perdieron la vida en la misión. El apóstol Pablo es el ejemplo más prominente que existe en la Biblia de lo que significa ser un misionero. En este capítulo, el apóstol cuenta que aprendió a vivir en abundancia o escasez, con hambre o saciado y dice que aprendió a contentarse cualquiera fuera su situación. Normalmente, el ser humano quiere vivir bien, tener una calidad de vida cómoda, desea estabilidad, saber que tiene un hogar a dónde llegar, un techo para descansar y comida suficiente. Claro, esto es lo básico, además de que siempre se quiere que la familia viva en condiciones agradables y buenas. ¿Puedes imaginarte por un momento la vida de Pablo? Sin casa permanente, posiblemente sin esposa, con la familia lejos y distante y cuya única pasión era concentrarse en hacer la obra de Dios. Cada pueblo y ciudad no alcanzada se convertía en su objetivo sin importar si había o no un lugar para llegar. Creaba estrategias para buscar dónde quedarse, para trabajar y para poder comer y todo el tiempo disponible que tenía lo dedicaba a predicar. Por supuesto, hubo días de una sola comida, así como días sin comida; días con solo una cama y otras veces en el suelo y al cielo abierto. ¡Qué vida! Ante esto, sencillamente dijo: «He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación». Los que son cristianos saben que Dios los ha llamado a ser misioneros, a compartir el mensaje de salvación a un mundo que no conoce a Jesucristo como su redentor. El Señor no los obliga a ir a una tierra lejana ni tampoco a dejar la comodidad de su hogar y entorno, pero sí les pide predicar en todo tiempo a toda persona. Dios te invita a que compartas lo que otros compartieron contigo y que sin egoísmo hables de su amor transformador para todo corazón. ¿Qué harás? Es posible que pienses que no puedes, que es imposible, pero el Señor te recuerda esta mañana que todo lo puedes en él porque te fortalece. Seguramente Pablo más de una vez se desanimó ante tantas pruebas, pero sus palabras te dan la seguridad de que se aferró a Dios en todo momento. Al decir: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» te da la garantía de que también puedes ser victorioso. ¿Quieres decir lo mismo? Porque todo es por su gracia.

«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo...
11/06/2026

«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Filipenses 4: 8).

Puede alguno tener la mente en blanco por lo menos durante un día? La respuesta es no, porque la mente siempre está activa. Incluso es más activa mientras duermes. Aun cuando estás tranquilo y relajado, los pensamientos están activos y, de forma involuntaria, puede que de pronto te des cuenta cuando estás consciente de lo que estás pensando inconscientemente. Algunos pensamientos te podrían asustar tanto que te hagan preguntarte por qué estás pensando eso. También puede que lleguen ideas malas, corruptas y sucias que optes por desechar. Es una lucha continua entre la mente carnal y la espiritual. La mente carnal no desecha los pensamientos impuros, sucios o corruptos, sino que les da entrada conscientemente. Se deleita en ellos y hasta los provoca, ensanchándose lo más que pueda en ellos. No tiene límite; todo lo que ve, habla, toca y escucha la nutre de lo malo. La mente espiritual, por otro lado, vive en una continua guerra contra el pecado. Aunque su naturaleza es carnal y propicia al pecado, el hombre espiritual se aferra a las promesas de Dios, pidiendo que el Espíritu Santo tome posesión de su mente, de manera que los pensamientos sucios, corruptos y carnales no aniden en su mente ni permite conscientemente que permanezcan en él, sino que los desecha. El apóstol te aconseja pensar en todo lo que es noble, recto, puro, amable y admirable. Definitivamente, para el ser humano carnal hacer esto es imposible, ya que no solo no puede, sino que no quiere. La única manera de lograrlo es que el Espíritu Santo gobierne su mente, es decir, entregar su voluntad a Dios por completo. Mi querido amigo, solo tú sabes cómo son tus pensamientos. Quizá te avergüence lo que piensas, te asuste o te abochorne, pero tu caso no es desesperado, Dios puede hacer el cambio en ti. Está listo no solo para ayudarte, sino para cambiarte, pues entiende y sabe que no puedes solo. Ven a Jesús y entrégale tu voluntad en sus manos, pues solo por su gracia podrás cambiar.

«Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y ex...
10/06/2026

«Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante» (Filipenses 3: 13).

Se dice que en cierta ocasión a Babe Ruth, el famoso pelotero de las grandes ligas, se le oyó decir: «Los home runs de ayer no ganan los partidos de hoy». Como cristiano no puedes vivir del pasado. Puedes recordarlo con aprecio por todas las cosas buenas que viviste o hiciste por las cosas difíciles que enfrentaste que te prepararon para hacerle cara a la vida estando mejor equipado, pero solo eso; el pasado debe quedar en el pasado. El profeta Ezequiel escribe en su libro que si una persona recta se aparta de su buen camino y peca, nada de lo bueno que hizo en el pasado se tomará en cuenta. Esa persona definitivamente morirá por su pecado. Lo mismo sucede con una persona que estaba en un mal camino y se arrepiente: lo malo que hizo en el pasado no se tomará en cuenta y vivirá por haberse retractado y tomado el buen rumbo. He escuchado a muchos cristianos decir: «En el pasado nosotros levantamos la iglesia», «las generaciones de hoy ya no son tan fieles como las del pasado», «la Iglesia se ha echado a perder. Ya no se hacen las cosas como antes». Debes dejar el pasado. Como dice el apóstol Pablo en el versículo: «Me olvido de lo que quedó atrás y prosigo a la meta, al supremo llamamiento». La esperanza está en el futuro, la meta está en el futuro y los desafíos de hoy no serán igual a los desafíos que enfrentarás mañana. El mundo cambia rápidamente porque se aproxima a la recta final, pero los que se aferran a Jesús como su único salvador serán victoriosos. Olvidarse del pasado involucra no solo a las cosas buenas como meritorias, sino también a las malas como el lastre que no te deja de hacer sentir culpable. Con Cristo todo cambia y día a día se obtiene la victoria. Mi querido amigo, si tu pasado es tenebroso, deja esto en las manos de Dios y permite que cambie tu futuro. Pon tus ojos en Jesús, tu salvador amante y perfecto, deja que coloque en ti la meta de la esperanza y de la vida eterna, pon tus ojos en ese objetivo y desecha el pasado que solo sirve como lastre para los que no se arrepienten. Tus días futuros serán victoriosos en Jesús, porque todo es por su gracia.

«Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el se...
08/06/2026

«Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse» (Filipenses 2: 5-6).

El pasaje bíblico de hoy es considerado como una de las declaraciones más importantes de la humanidad, humildad y misión de Jesús. Puedes abordarlo desde diferentes perspectivas y encontrarás una riqueza inigualable, pero en esta ocasión quiero abordar el pasaje desde la perspectiva de la sumisión dentro del seno de la familia. Dios te da en este pasaje una tremenda lección de sumisión, una de las cualidades más discutidas y controvertidas en la pareja. En este tiempo de un reconocimiento total de la igualdad entre el hombre y la mujer es muy complicado hablar de que la mujer debe ser sumisa con su marido. De hecho, esto ha provocado un sinnúmero de pleitos y divorcios, pues se entiende que en el matrimonio se debe tratar con igualdad, concluyendo que la igualdad es no dejarse de nadie, sino exigir los derechos de trato igualitario. Pero Jesús dice que aun siendo Dios eligió despojarse de su divinidad y ser menor que él, «y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (vers. 8). Jesús, quien es Dios, no reclama su lugar como Dios, sino que por amor al ser humano se humilla y se hace siervo con el propósito de salvarlo. No le importa que le digan que es menos que Dios ni le importó morir. Lo que le importaba era salvarte a cualquier precio. No le interesó que otros dijeran que no reclamaba sus derechos, su decisión de hacerse sumiso hasta la muerte tenía un plan específico. Ahora piensa: la mujer es igual al hombre, de una misma posición, inteligente, capaz, digna, competente, pero por amor al funcionamiento de su hogar decide ser sumisa, humilde y obediente hasta morir. ¿Es posible? ¿Dónde se encuentran ese tipo de mujeres? Normalmente, todos pelean por su posición, gritan, arrebatan y hasta se divorcian. ¿Logran ser felices? ¿Tienen un hogar funcional? ¿Acaso no se convierte en una batalla campal donde cada uno exige sus derechos? Lamentablemente, en un hogar donde los dos quieren ser iguales y luchan por eso, las parejas terminan divorciándose porque es imposible vivir con dos generales. Dios quiere que seas sumiso y feliz, mas no orgulloso, digno y destrozado. No hay que olvidar que la gracia de Dios siempre te ayuda.

«Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (Filipenses 1: 21).Hay muchas razones para vivir. Generalmen...
07/06/2026

«Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» (Filipenses 1: 21).

Hay muchas razones para vivir. Generalmente los que son padres le piden a Dios que les dé la vida para ver a sus hijos crecer y quisieran que sus hijos se preparen para la vida y que se puedan valer por sí mismos. Los que tienen hijos dependientes por alguna capacidad especial piensan qué pueden hacer para que ellos aprendan aun con sus capacidades especiales a ser autosuficientes. Bueno, el hecho es que se pueden sentir seguros cuando, humanamente hablando, consideran que los suyos han superado estos obstáculos. Sin embargo, no son pocos los que piensan que no hay razones suficientes para vivir. Algunos caen en un callejón sin salida, la vida les parece un sinsentido, otros son presa de tantas circunstancias que encuentran su única solución en el suicidio. La verdad es que sin Dios en el corazón ni como creencia fundamental de tus acciones la vida no tendría sentido. Es tan desesperanzador pensar que solo naces, creces, te reproduces y mueres. ¿Que razón hay en esto? ¿Para qué sufrir? ¿Qué caso tiene luchar? Pablo, sin embargo, te presenta la razón suprema: «El vivir es Cristo» (Filipenses 1:21), porque con Cristo todo cambia, todo tiene sentido; cada paso, cada acción tiene propósito. Te mueves, actúas y haces con la esperanza de ver muy pronto al Salvador, quien cambiará todas las cosas, creando nuevos cielos y una nueva tierra donde la armonía y la ausencia de enfermedades y sufrimiento será total. Vivir para servir a Cristo es una delicia. Trabajar por una causa eterna es llenador, pleno, deseable y completo, pero si por alguna causa te toca morir, ya no será una muerte desesperanzadora donde todo se acaba, sino que solo será un descanso, un paréntesis. Entre tanto, Cristo viene y tus ojos se abrirán para empezar la eternidad cuando lo haga. Así que morir es ganancia: dejas de luchar, sufrir y llorar porque tu vida está segura en las manos de Cristo. Mi querido amigo, solo Jesús es la esperanza para tu vida. Quítalo de tu lado y estarás solo, sin nada y sin sentido. Por eso te invito esta mañana a que hagas un análisis de cómo vives y, si tu vida carece de sentido, dale una oportunidad a Jesús. Te aseguro que él cambiará el paradigma de tu vida, porque con él vivir es plenitud y morir es esperanzador. Ven a Jesús este día y experimenta que todo es por su gracia.

07/06/2026

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