29/03/2026
Hoy levantamos palmas…
pero en pocos días, muchos levantarán la voz para condenarlo.
Así es el corazón humano cuando no está firme en Dios:
capaz de alabar con los labios… y traicionar con las acciones.
El mismo Jesús que entra hoy como Rey humilde,
será rechazado, abandonado y crucificado.
Y la pregunta no es solo qué hizo aquella multitud…
La pregunta es:
¿qué hago yo con Él?
Porque también nosotros podemos pasar de alabarlo en oración…
a olvidarlo en la vida diaria.
De llamarlo Señor…
a no dejarlo reinar en nuestro corazón.
Hoy no es solo un recuerdo.
Es una invitación.
A no ser una fe de momentos,
sino una fe firme, fiel… y verdadera.
Que nuestras palmas no sean solo un gesto,
sino una decisión:
permanecer con Él… incluso en la cruz.