30/04/2026
Los niños son un regalo precioso de Dios, reflejo de pureza, sencillez y confianza. Jesús mismo nos enseñó que el reino de los cielos pertenece a quienes son como ellos, recordándonos que la fe verdadera se vive con un corazón sincero, humilde y dispuesto a creer.
En un mundo que muchas veces se complica, los niños nos enseñan a depender de Dios con alegría y confianza.
Cuidarlos, guiarlos y sembrar en ellos la Palabra es una responsabilidad hermosa, porque en sus corazones se forman las generaciones que seguirán amando y buscando al Señor.