10/08/2026
¿SIGUES A CRISTO O A AQUILES?
Joven varón que se dice seguidor de Cristo: ¿Estás seguro que estás siguiendo el ideal de hombre tal como Cristo lo enseñó?
Es muy común encontrar en redes sociales canales de influencers que promueven un cierto tipo de perfil varonil que, partiendo de una intención buena de contrarrestar la visión woke del hombre deconstruido, ha sobredimensionado ciertas perspectivas que aunque parezcan conservadoras, en realidad se apartan de las enseñanzas que el Maestro legó en la Escritura. Veamos algunos ejemplos:
1) Obsesión por el éxito, la fama y la gloria:
Al joven cristiano de hoy se le enseña que si quiere ser alguien en esta vida, debe tener una cartera llena de billetes grandes, autos deportivos de lujo, terrenos, casas, acciones, objetos de colección, y las mujeres más atractivas. Por otro lado, muchos cristianos, habiendo tenido inicialmente motivos nobles y alineados con Dios, se dejaron llevar por la fama y la vanagloria en canales de Youtube, podcasts o perfiles de TikTok, recurriendo a pleitos, insultos y vulgaridades con el fin de conservar o aumentar sus seguidores. Vivir por el dinero, la fama y la gloria está más en consonancia con la actitud de Aquiles descrita en la Ilíada, quien decidió ir a luchar en la guerra de Troya para que su nombre viviera por los siglos, en lugar de buscar la vida tranquila pero anónima de hombre de familia. Si crees que no serás un varón “completo” hasta que tu cuenta de banco se vea rebasada, hasta que tengas esa camioneta que la gente piense que te dedicas a cosas ilícitas, o si no alcanzas la fama que tiene Mr. Beast, desconfiando del proceso y propósito que Dios tiene para tu vida, te estás apartando de los principios del Reino de Dios, y estás siguiendo la forma de pensar del paganismo grecorromano. No hay nada más agradable para el ego de un hombre que pensar que su éxito y sus posesiones las ha conseguido con su esfuerzo, con el sudor de su frente, o con su ingenio e inteligencia. Y nada más chocante que reconocer que todo lo que ha recibido ha sido del Creador, que nada es suyo y que su vida en la tierra se explica en términos de menguar para que la gloria de Dios crezca.
2) El hombre que no se perturba ante nada:
Es bien común encontrar en TikTok videos que señalan que los hombres no expresan sus sentimientos, ni siquiera ante su esposa. “¿Estás triste ante los retos de la vida? Toma un fuerte respiro y sigue adelante. Estás solo, no esperes nada de nadie. Las mujeres abandonan a los hombres débiles. Llora en silencio y a solas, es lo que un hombre hace”. ¡Qué forma tan miserable de deshonrar al Dios que nos dio nuestras emociones! No nos debe sorprender entonces que la tasa de suicidios en el mundo sea abrumadoramente mayor en hombres que en mujeres. La cultura griega enseñaba la ataraxia y la apatheia, dos de las virtudes cardinales de la escuela estoica, las cuales implicaban la imperturbabilidad del hombre ante los retos de la vida, la cancelación del fluir emocional; pero Cristo nos ha legado la convicción de que las emociones son importantes, y que debemos apoyarnos unos a otros para fortalecernos en la fe, desnudando nuestras vulnerabilidades ante las personas que Dios ha puesto en nuestro camino para hacernos crecer. Jesús lloró frente a sus discípulos antes de resucitar a Lázaro, y reconoció ante ellos que la tristeza lo consumía en el huerto del Getsemaní. ¿Por qué entonces no habríamos nosotros de ser “débiles” con nuestros amigos y mentores que temen a Dios? ¿Por qué no externarle a nuestra esposa nuestras debilidades y luchas, siendo nuestra ayuda idónea? Dios no quiere filósofos estoicos, sino hijos apasionados, imperfectos, débiles en la carne, que clamen y dependan de su gracia, no de su propio temple.
3) El culto a la fuerza física:
Los antiguos griegos estaban obsesionados con la cultura física. La Iliada, esa misma que glorifica la agilidad y la fuerza de Aquiles, también nos retrata el honor de aquellos que tenían la fuerza de soportar en batalla y quedar victoriosos. En la actualidad, muchos varones que se consideran conservadores afirman que es “de hombres” dedicar esfuerzo y tiempo en volverse “peligrosos pero mansos”. Es decir, todo masculino debe buscar aprender ya sea artes marciales, pelea callejera, boxeo, o bien emplear armas de fuego para estar listo cuando la ocasión lo requiera. Por supuesto, se da por sentado que un hombre verdadero debe pasársela en el gimnasio para conseguir una musculatura envidiable. ¿Qué sucede con aquellos que no tienen tiempo, dinero o las condiciones físicas para volverse “peligrosos”? ¿Pierden su virilidad por eso? ¿Qué es más agradable al ego: pensar que se es un tipo fuerte y entrenado para defender a los suyos, o reconocer la propia incapacidad y encomendarse a Dios todos los días para recibir de Él protección y defensa?
Como se puede ver en estos tres ejemplos, el ego es el criterio principal que permite distinguir si un hombre se desempeña piadosamente, a la manera de Dios, o de forma vana, a la manera de los antiguos griegos. Es bueno esforzarse por tener más dinero, es bueno usar nuestros talentos y pasiones para impactar a muchas personas, es bueno buscar la impasibilidad ante los retos de la vida, y es bueno luchar por mejorar nuestra condición física. Pero si estas cosas se vuelven fines y no medios, y si después de un profundo autoanálisis se descubre que se persiguen estos objetivos para la propia auto afirmación, entonces se le estará quitando a Dios la gloria que solo Él merece. Siempre existirá la opción (la mejor, por cierto) de depender en el propósito y el camino que Dios tiene preparados para nosotros.