22/08/2026
Parece que estamos viviendo en una bancarrota espiritual, pretendiendo cumplir nuestro llamado desde nuestras propias fuerzas, recursos y capacidades.
Dios permite que el llamado sea mayor que nuestra capacidad natural para llevarnos al reconocimiento de nuestra dependencia absoluta de Él.
La Palabra dice: “nuestra competencia proviene de Dios” (2 Corintios 3:5).
La insuficiencia humana no es un obstáculo para el propósito de Dios; muchas veces es precisamente el escenario donde Su gracia se hace evidente.
Jesús lo expresó con absoluta claridad: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos” y “separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).
El pámpano no produce fruto por independencia, sino por permanecer conectado a la vid. De la misma manera, nuestro llamado no puede sostenerse únicamente mediante talento, inteligencia, experiencia o esfuerzo.
Dios no nos llama a demostrar que somos suficientes; nos llama a permanecer en Él para que Su suficiencia se manifieste a través de nosotros.