25/05/2026
LUNES. BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA, memoria obligatoria
Laudes
Si las Laudes empiezan con el Invitatorio se omite la siguiente invocación y se dice el himno.
Invocación inicial
V.Dios mío, ven en mi auxilio.
R.Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno
Oh, Virgen, resplandeciente estrella
de caridad para los santos
y manantial vivo y fecundo de esperanza
para nosotros, los mortales.
Tanto vales, gran Señora,
ante el piadoso corazón de tu Hijo,
que quien pide con confianza,
por ti, seguro lo alcanza.
La ayuda de tu bondad
no solo auxilia al que te implora,
sino que con gusto das
y el deseo de los suplicantes colmas.
En ti la misericordia,
en ti la grandeza;
tú contienes la bondad
que las criaturas poseen.
Gloria sea dada al Padre y al Paráclito
y al Nacido de ti,
que te han llamado a ser
la santa Madre de la Iglesia.
Himno latino
O gloriósa dómina,
excélsa super sídera,
qui te creávit próvide,
lactas sacráto úbere.
Quod Eva tristis ábstulit,
tu reddis almo gérmine;
intrent ut astra flébiles,
sternis benígna sémitam.
Tu regis alti iánua
et porta lucis fúlgida;
vitam datam per Vírginem,
gentes redémptæ, pláudite.
Patri sit et Paráclito
tuóque Nato glória,
qui veste te mirábili
circumdedérunt grátiæ. Amen.
Salmodia
Ant. 1.
Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.
Salmo 89
Baje a nosotros la bondad del Señor
Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día (2 Pe 3, 8).
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Por la mañana sácianos de tu misericordia, Señor.
Ant. 2.
Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.
Cántico
Is 42, 10-16
Cántico nuevo al Dios vencedor y salvador
Cantan un cántico nuevo delante del trono de Dios (cf. Ap 14, 3).
Cantad al Señor un cántico nuevo,
llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las costas y sus habitantes;
alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las costas.
El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al enemigo.
«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba, aguantaba;
como parturienta, grito,
jadeo y resuello.
Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran;
ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano».
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Llegue hasta el confín de la tierra la alabanza del Señor.
Ant. 3.
Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.
Salmo 134, 1-12
Himno a Dios, realizador de maravillas
Vosotros sois... un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa (1 Pe 2, 9).
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.
Lectura breve
Jdt 8, 25-26a. 27
Recordad cómo fueron probados nuestros padres para ver si verdaderamente servían a su Dios. Recordad cómo fue probado Abrahán, nuestro padre; y, purificado por muchas tribulaciones, llegó a ser amigo de Dios. Del mismo modo, Isaac, Jacob, Moisés y todos los que agradaron a Dios, le permanecieron fieles en medio de muchos padecimientos.
Responsorio
V.Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
R.Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
V.Cantadle un cántico nuevo.
R.Que merece la alabanza de los buenos.
V.Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
Cántico evangélico
Ant.
Los discípulos perseveraban unánimes en la oración, con María, la Madre de Jesús.
Benedictus
Lc 1, 68-79
El Mesías y Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado
y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra
de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró
a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta
del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia
de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Los discípulos perseveraban unánimes en la oración, con María, la Madre de Jesús.
Preces para consagrar a Dios el día y el trabajo
V.Ya que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él, diciendo:
R.Te alabamos, Señor, esperamos en ti.
1.Te damos gracias, Señor, por el gran amor con que nos amaste;
—
continúa mostrándote con nosotros rico en misericordia.
2.Tú que, con el Padre, sigues actuando siempre en el mundo,
—
renueva todas las cosas con la fuerza de tu Espíritu.
3.Abre nuestros ojos y los de nuestros hermanos,
—
para que podamos contemplar hoy tus maravillas.
4.Ya que nos llamas hoy a tu servicio,
—
haznos buenos administradores de tu múltiple gracia en favor de nuestros hermanos.
Pueden añadirse intenciones particulares que concluyen con la respuesta propuesta más arriba.
Oración dominical
V.Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
Oración conclusiva
V.Oh, Dios, Padre de misericordia, cuyo Unigénito, clavado en la cruz, proclamó a la bienaventurada Virgen María, su Madre, como Madre también nuestra, concédenos, por su cooperación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por la santidad de sus hijos y atraiga a su seno a todas las familias de los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
R.Amén.
Conclusión
1.En la recitación individual, o si el que preside no es un ministro ordenado, se concluye:
V.El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.
2.Si el que preside es un ministro ordenado, bendice al pueblo diciendo:
V.El Señor esté con vosotros.
R.Y con tu espíritu.
V.La paz de Dios,
que sobrepasa todo juicio,
custodie vuestros corazones
y vuestros pensamientos
en el conocimiento y el amor de Dios
y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R.Amén.
V.Y la bendición
de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo
V.+
V.y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros
y os acompañe siempre.
R.Amén.
Si se despide a la asamblea se añade:
V.Podéis ir en paz.
R.Demos gracias a Dios.