14/05/2026
Fiesta de Nuestra Señora de Fátima.
Fátima es una región ubicada en el centro de Portugal, unos 100 kilómetros al norte de Lisboa. Consta de numerosas pequeñas aldehuelas escondidas en la elevación conocida como la Sierra de Aire. Una tal aldehuela se llama Aljustrel; y es aquí, y más precisamente en los rocosos pastizales circundantes, que nuestra historia toma lugar.
Allí, cuando Europa vivía en medio de la Gran Guerra, Nuestra Señora quiso manifestarse a tres niños: dos hermanos, Jacinta (7 años) y Francisco Marto (8 años), y su prima Lucía Dos Santos (10 años), de familias muy humildes, eran medio analfabetos, de profesión pastores y dotados de una profunda religiosidad.
Aunque los tres eran Videntes, pues observaron a Nuestra Señora como gracia espiritual, tan sólo Lucía hablaba con Ella; Jacinta solo la escuchaba y su hermano Francisco también gozaba de la visión pero no podía escuchar a la Virgen.
La Santísima Virgen, Nuestra Señora, se les apareció en seis ocasiones entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. En el transcurso de estas apariciones, Nuestra Señora les dijo a los niños que el Cielo le otorgaría la paz al mundo entero si sus peticiones por la oración, la reparación y la consagración eran escuchadas y obedecidas.
“Si hacen lo que Yo les diga...tendrán paz.”
Nuestra Señora les explicó a los niños que la guerra es un castigo por el pecado, y les advirtió que Dios castigaría la desobediencia del mundo a Su Voluntad con la guerra, el hambre y la persecución en contra de la Iglesia, del Santo Padre y de los fieles católicos. La Purísima Virgen profetizó que Rusia sería el "instrumento de castigo" elegido por Dios que esparciría los errores del ateísmo y del materialismo alrededor de la tierra, fomentando guerras, aniquilando naciones y persiguiendo a los fieles en todas partes.
“Si no atendieran a mis deseos, Rusia esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas.”
En todas sus apariciones en Fátima, Nuestra Señora hizo énfasis repetidamente en la necesidad de rezar el Santo Rosario diariamente, de llevar impuesto el Santo Escapulario y de llevar a cabo actos de reparación y sacrificios.
Para impedir el terrible castigo a manos de Rusia, y para convertir a “esa pobre nación”, Nuestra Señora pidió la Consagración solemne y pública de Rusia a Su Corazón Inmaculado, hecha por el Papa y todos los obispos católicos del mundo. Pidió también que los Fieles practicaran una nueva devoción de reparación el primer sábado durante cinco meses consecutivos ("los Cinco Primeros Sábados").
El Mensaje de Nuestra Señora al mundo está contenido en lo que ha venido a llamarse el “Secreto” que Ella le confió a los tres niños videntes en julio de 1917. El Secreto consiste en realidad de tres partes, las dos primera de las cuales ya han sido públicamente reveladas. La primera parte del Secreto fue una horrorizante visión del in****no “donde van las almas de los pobres pecadores”, y contenía una urgente súplica de Nuestra Señora para llevar a cabo actos de oración y sacrificio para salvar almas. La segunda parte del Secreto profetizó específicamente el estallido de la Segunda Guerra Mundial y contenía la solemne petición de la Madre de Dios, de la Consagración de Rusia, como condición para la paz mundial. También predijo el inevitable triunfo de Su Corazón Inmaculado después de la consagración de Rusia y la conversión de “esa pobre nación” a la Fe Católica.
La última parte del Secreto (a veces llamada el "Tercer Secreto") fue escrita por Lucía dos Santos, la última viviente de los videntes de Fátima, en 1944 y ha estado en posesión de la Santa Sede desde 1957 hasta el 13 de mayo del 2000. El Papa San Juan Pablo II lo dio a conocer en la fiesta de Nuestra Señora en Fátima. Muchos eclesiásticos afirman que esta porción del secreto se refiere a la perdida de la fe, que vive en la actualidad la Iglesia Católica.
Recordemos las últimas palabras de Nuestra Señora en Fátima, el 13 de octubre de 1917:
"Es preciso que se enmienden, que pidan perdón de sus pecados. No ofendan más a Dios Nuestro Señor que ya está muy ofendido".