26/03/2023
DÍA DEL SEÑOR, SACRIFICIO Y PIEDAD.
Uno de los privilegios más grandes concedidos a todas las creaturas, y mucho más, a los hijos de Dios, es el Día del Señor. Como creaturas Dios nos ha concedido un día de reposo, pero uno que nos debería dejar delante de nuestro Creador para rendir todo honor y reconocimiento porque como creaturas todo le debemos a Dios.
Pero como nuevas creaturas, tenemos uno de los privilegios más grandes que en el contexto del descanso físico se nos da, a saber, el poder adorar a Dios en Jesucristo como el gran autor de la salvación de nuestras almas y de la constante provisión de su gracia preservadora para hallar el fin de nuestra fe que es la salvación de nuestras almas.
Se supone que tener y recibir tan grandes responsabilidades y bendiciones de aquel día debería ser el anhelo del corazón de todo creyente. Los alcanzados por la gracia deberían querer más de él, más de su influencia y de los beneficios que Dios le confirió al hombre renovado en el contexto de este día únicamente.
Pero la realidad de hoy es espantosa. Gente que profesa ser creyente, desea menos de este día, no quiere que este día le venga a interrumpir su agenda, desea menos de su influencia y de sus bendiciones. Hoy día hay negociaciones en muchas iglesias, que están en la tierra para representar los intereses de Dios y los mayores intereses de los hombres, de si deberían adorar a Dios todo el día o si con medio día estaría bien. Si este día debería ser consagrado o semi-consagrado, si este día además de la adoración podríamos tener un poco para nosotros, pero para el nosotros mundano. Que si acaso es necesario reunirnos para adorar o si mejor lo hacemos virtual.
Iglesias que han derribado los cultos vespertinos los días del Señor, también ha reducido dramáticamente la adoración y exposición de la Palabra en sus congregaciones, apelando a supuestos principios bíblicos, lo que es una locura. Derribar la Escritura con la Escritura es diabólico, pues la Escritura no puede ser quebrantada así.
Uno de los textos usados para tal fin tan mundano es lo que el Señor les dijo a los judíos cuando criticaron a sus discípulos y los acusaron de quebrantar el día de reposo por comer: “Misericordia quiero y no sacrificio”. Y en el contexto de esta generación mundana que desea menos de Dios y de sus medios de gracia, significa que Dios no desea cargar al hombre con estos asuntos de adoración, servicio, entrega, sino que tiene misericordia dejando que el hombre use este día para su placer. Este texto debe ser bien entendido a la luz que el lenguaje en el que fue traducido parece llevarnos en otra dirección. Ya que nuestro Señor unió ese texto a alguna aclaración del día de reposo, se ha levantado este texto para derogar la observancia estricta y fiel de ese día así:
El sacrificio: observar estrictamente el día del Señor;
La misericordia: que el hombre haga lo que le parece que debe hacer.
¿Es esto lo que dice el texto? Nuestro Señor aclaró que atender a las necesidades físicas necesarias el día de reposo es legítimo, citando Oseas 6:6: «Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos». ¿Qué significa esto de misericordia quiero?
La LBLA traduce. «Porque más me deleito en la lealtad que en el sacrificio»; La Biblia de Jerusalén: «Porque yo quiero amor, no sacrificio». Misericordia aquí es la misma palabra que en el v.4 se traduce bondad—chesed—piedad, santidad; esta palabra se usa para denotar toda religión práctica cuando dice: «¿Qué haré a ti, Efraín? ¿Qué haré a ti, oh Judá? La piedad (chesed) vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece».
El texto, dos versículos más adelante (6:6) puede ser mejor entendido en su primera parte como “Porque me deleito en una vida de piedad más que en los sacrificios”. Le recuerdo que la piedad es esa manera consagrada de vivir que el conocimiento verdadero de Dios produce, tanto delante de Dios, como delante del hombre. Jesucristo no estaba abrogando el reposo ni los sacrificios en medio de ellos. Ni siquiera estaba sugiriendo que estos sacrificios eran contrarios a la observancia fiel del reposo en su momento. Lo que está diciendo es que el sacrificio y la ofrenda eran requeridos, y debían ser pagados, y tenían su utilidad, pero jamás deberían dejar de ser acompañados de la piedad y del conocimiento de Dios. Si los sacrificios iban junto a una vida de santidad, eran aceptables para él, pero, sin la piedad, Dios no los consideraba, los despreciaba.
De manera que este texto no puede decir lo que muchos quieren que diga, que ser livianos, descuidados y ponernos nosotros mismos delante en el día del Señor es “misericordia” y que esa observancia estricta, cumplida, fiel, comprensiva, es sacrificio, y Dios no quiere esto. Más bien este texto dice que en cada día del Señor, Dios no quiere la ceremonia externa vacía ni el rito solamente, sino que desea que su pueblo que ofrece los sacrificios espirituales lo haga con piedad, con limpieza y santidad.
Para los que amamos el día del Señor este texto es un aliciente para congregarnos mañana y querer más de los medios de gracia, para el creyente perezoso y liviano (en caso que lo sea), es una excusa para tener más de sí mismo y de sus mundanalidades. Quizás sea la diferencia que se haga mañana entre el servilismo de muchos, y en servicio a Dios de otros.
Pastor Jorge Castañeda.