24/08/2026
SALMO 17
"Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño." Salmos 17:1. El Salmo 17 lleva un título que lo dice todo: "Oración de David". No es un canto, no es un poema, es una oración desesperada que sale del corazón cuando la vida te acorrala.
David está rodeado de enemigos poderosos, injustos, que lo quieren destruir. Y hace lo que todo creyente debe hacer: corre a la sala del tribunal del cielo. Este Salmo es también mesiánico, porque solo hay uno que pudo orar con labios totalmente sin engaño: nuestro Señor Jesucristo.
Con frecuencia nuestras oraciones son solo pliegos petitoriosr: dame, dame, dame. Santiago nos advierte: "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites."Santiago 4:3. David nos enseña a orar diferente: a orar por una causa justa.
1. La oración que Dios escucha: David empieza con tres verbos urgentes: Oye... Está atento... Escucha... No es repetición, es intensidad. Es como tocar la puerta del cielo con confianza. ¡Qué bendición que la oración sea la llave que abre la presencia de Dios en cualquier circunstancia!
David pide algo muy directo: "De tu presencia proceda mi vindicación; vean tus ojos la rectitud. Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste". (Salmos17:2-3). David no dice que nunca ha pecado. Dice: "En esta causa que traigo delante de ti, Señor, soy inocente. Examíname". Es el hombre que se conoce, que reconoce sus fortalezas y debilidades, pero que en este caso específico, sabe que está actuando con rectitud.
Y nos deja dos claves para mantenerse recto: "En cuanto a las obras humanas, por la palabra de tus labios yo me he guardado de las sendas de los violentos. Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen". (Salmos 17:4) David no se mantuvo fiel por su fuerza, se mantuvo fiel porque obedeció la Palabra. El justo no confía en su firmeza, confía en que Dios lo sostiene.
2. La petición del hijo amado: "Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra... Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas". (Salmos 17:6-8).
Aquí hay dos imágenes bellísimas: La niña de tus ojos: En hebreo es (ishon), la pupila. La parte más sensible, más protegida del cuerpo. Así nos guarda Dios. Cualquiera que toca a un hijo de Dios, toca la pupila del ojo de Dios. Zacarías 2:8. Bajo la sombra de tus alas: Como la gallina que cubre a sus polluelos del gavilán. Cristo usó la misma imagen en Mateo 23:37. Es protección tierna y total.
David describe a sus enemigos: son como leones hambrientos que lo rodean: Envueltos están con su grosura; Con su boca hablan arrogantemente. Han cercado ahora nuestros pasos; Tienen puestos sus ojos para echarnos por tierra. Son como león que desea hacer presa, Y como leoncillo que está en su escondite”. (Salmos 17:10-12). . Así también Satanás anda como león rugiente. Pero el que está bajo las alas de Dios, no teme al león.
3. La esperanza que va más alla de la muerte: "Levántate, oh Jehová; sal a su encuentro, póstrales; libra mi alma de los malos con tu espada... En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”. (Salmos 17:13-15).
David termina con dos contrastes: Los malos tienen su porción en esta vida. “Su tesoro es aquí. Comen, se sacian y dejan herencia”. (Salmos 17:14). Pero todo se queda aquí.
David cierra con la declaración más gloriosa de todo el Salmo: "Yo... estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza". (Salmos 17:15).
David sabía que iba a morir. Pero sabía que iba a despertar a la semejanza de Dios. Es la resurrección. Esto apunta directamente a Cristo. Él es el único Justo que oró con labios sin engaño, que fue probado y hallado perfecto, que murió rodeado de enemigos, y que despertó a la semejanza gloriosa del Padre. Y porque Él despertó, nosotros despertaremos con Él. Como dice Pablo: "El postrer enemigo que será destruido es la muerte" 1 Corintios 15:26.
La mayor vindicación de Dios no es que te saque del problema hoy, es que un día despertarás y verás su rostro en justicia, y eso te dará satisfacción para siempre.
Vivamos como David: orando con sinceridad, sostenidos por la mano de Dios, escondidos bajo sus alas, esperando muy pronto ver su rostro.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.