22/05/2026
ESPÍRITU SANTO
¿Quién es el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo quien hace posible que la verdad acerca de Dios, del hombre y de su destino, llegue hasta nuestros días sin alteraciones.
El Espíritu Santo, el don de Dios
"Dios es Amor" (Jn 4,8-16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". (Rom 5,5).
Puesto que hemos mu**to, o al menos, hemos sido heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión de nuestros pecados. La Comunión con el Espíritu Santo, "La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros." 2 Co 13,13; es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado. Por el Espíritu Santo nosotros podemos decir que "Jesús es el Señor ", es decir para entrar en contacto con Cristo es necesario haber sido atraído por el Espíritu Santo.
Mediante el Bautismo se nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo.
Vida de fe. El Espíritu Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva. Él es quien nos precede y despierta en nosotros la fe. Sin embargo, es el "último" en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad.
El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del Designio de nuestra salvación y hasta su consumación. Sólo en los "últimos tiempos", inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo, es cuando el Espíritu se revela y se nos da, y se le reconoce y acoge como Persona.
El Paráclito. Palabra del griego "parakletos", que literalmente significa "aquel que es invocado", es por tanto el abogado, el mediador, el defensor, el consolador. Jesús nos presenta al Espíritu Santo diciendo: "El Padre os dará otro Paráclito" (Jn 14,16). El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, la salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna. Esto es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado "otro paráclito" porque continúa haciendo operante la redención con la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna.
Espíritu de la Verdad: Jesús afirma de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). Y al prometer al Espíritu Santo en aquel "discurso de despedida" con sus apóstoles en la Última Cena, dice que será quien después de su partida, mantendrá entre los discípulos la misma verdad que Él ha anunciado y revelado.
El Paráclito, es la verdad, como lo es Cristo. Los campos de acción en que actúa el Espíritu Santo son el espíritu humano y la historia del mundo. La distinción entre la verdad y el error es el primer momento de dicha actuación.
Permanecer y obrar en la verdad es el problema esencial para los Apóstoles y para los discípulos de Cristo, desde los primeros años de la Iglesia hasta el final de los tiempos, y es el Espíritu Santo quien hace posible que la verdad acerca de Dios, del hombre y de su destino, llegue hasta nuestros días sin alteraciones.
EL SIGNIFICADO DE LOS 7 DONES DEL ESPÍRITU SANTO
Desde la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, en Pentecostés, los cristianos son conscientes de los dones con los que asiste al creyente la tercera Persona de la Trinidad.
EL CIC, en el número 1830, explica que "la vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo".
El Espíritu Santo es, para muchos, el "gran desconocido" de la vida cristiana. No obstante, no es posible sin él la vida de fe, ni la esperanza, ni la caridad. Es él quien actúa en los corazones y quien transforma la vida de las personas.
Él es quien mueve a amar y quien impulsa los actos de valor. Es el Espíritu el que da alas a la evangelización y quien da inteligencia a los hombres para llegar a conocer a Dios. No puede existir la vida cristiana sin que Él la sostenga, ni siquiera la misma Iglesia.
Importante: No hay que confundir los dones del Espíritu con los frutos que el Espíritu produce en la vida de las personas. Los dones del Espíritu son siete y son los "regalos" que el Espíritu da. Mientras que los frutos, según ha enseñado siempre la Iglesia, son las perfecciones que esos dones producen en las personas.
Descubramos, entonces, cuáles son y cuál es el significado de los 7 dones del Espíritu Santo:
1. El don de la Sabiduría
Es el don de entender lo que favorece y lo que perjudica al proyecto de Dios. Él fortalece nuestra caridad y nos prepara para una visión plena de Dios.
El mismo Jesús nos dijo: "Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros" (Mt 10, 19-20).
La verdadera sabiduría trae el gusto de Dios y su Palabra.
2. El don del entendimiento
Es el don divino que nos ilumina para aceptar las verdades reveladas por Dios. Mediante este don, el Espíritu Santo nos permite escrutar las profundidades de Dios, comunicando a nuestro corazón una particular participación en el conocimiento divino, en los secretos del mundo y en la intimidad del mismo Dios.
El Señor dijo: "Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh" (Jer 24,7).
3. El de consejo
Es el don de saber discernir los caminos y las opciones, de saber orientar y escuchar. Es la luz que el Espíritu nos da para distinguir lo correcto e incorrecto, lo verdadero y falso.
Sobre Jesús reposó el Espíritu Santo, y le dio en plenitud ese don, como había profetizado Isaías: "No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra" (Is 11, 3-4).
4. El de ciencia
Es el don de la ciencia de Dios y no la ciencia del mundo. Por este don el Espíritu Santo nos revela interiormente el pensamiento de Dios sobre nosotros, pues "nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1Co 2, 11).
5. El don de piedad
Es el don que el Espíritu Santo nos da para estar siempre abiertos a la voluntad de Dios, buscando siempre actuar como Jesús actuaría.
Si Dios vive su alianza con el hombre de manera tan envolvente, el hombre, a su vez, se siente también invitado a ser piadoso con todos.
En la Primera Carta de San Pablo a los Corintios escribió: "En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: "¡Anatema es Jesús!"; y nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!" sino con el Espíritu Santo" (1Co 12, 1-3).
6. El de fortaleza
Este es el don que nos vuelve valientes para enfrentar las dificultades del día a día de la vida cristiana. Vuelve fuerte y heroica la fe. Recordemos el valor de los mártires. Nos da perseverancia y firmeza en las decisiones.
Los que tienen ese don no se amedrentan frente a las amenazas y persecuciones, pues confían incondicionalmente en el Padre.
El Apocalipsis dice: "No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida" (Ap 2,10).
7. El don del temor de Dios
Este don nos mantiene en el debido respeto frente a Dios y en la sumisión a su voluntad, apartándonos de todo lo que le pueda desagradar.
Por eso, Jesús siempre tuvo cuidado en hacer en toda la voluntad del Padre, como Isaías había profetizado: "Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh" (Is 11,2).
Dones y Carismas ¿Cuál es la diferencia?
Desde el día de Pentecostés, el Espíritu Santo sigue confiriendo dones y carismas (ordinarios y extraordinarios) para el servicio de Dios y de la Iglesia.
Tanto los dones como los carismas son un regalo, un DON gratuito del Espíritu Santo.
DEFINICIÓN DE DONES Y CARISMAS
Existe cierta confusión sobre los dones y carismas; no todo cristiano sabe establecer bien la diferencia. Vayamos al Catecismo de la Iglesia Católica para conocer primero en qué consisten y luego establecemos la diferencia.
Los Dones del Espíritu Santo
«La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo.
Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf Is 11, 1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas (Catecismo de la Iglesia Católica 1830-1831).
Cuando hablamos de dones, nos referimos específicamente a esos siete regalos que recibimos todos en el momento del bautismo. Para más detalle, entra esta publicación en la que hablamos extendidamente sobre ellos: Los Siete Dones del Espíritu Santo.
Los carismas
Qué son los Carismas del Espíritu Santo - Cómo Identificarlos
Los carismas del Espíritu Santo, esos dones divinos que se otorgan a los miembros de la Iglesia. Discutiremos qué son exactamente estos carismas, cómo se manifiestan y cómo pueden ser identificados. También examinaremos las diferentes categorías de carismas, desde los ministeriales oficiales hasta las gracias personales privadas, y cómo cada uno de ellos juega un papel vital en la vida de la Iglesia. Además, abordaremos la acción imprevisible y misteriosa del Espíritu Santo en la distribución de estos dones. Este artículo proporcionará una comprensión más profunda de los carismas del Espíritu Santo y su importancia en la vida de la Iglesia y de los creyentes.
Definición de Carismas del Espíritu Santo
Los carismas del Espíritu Santo son dones especiales otorgados a los creyentes para el servicio de la Iglesia. Estos dones son una manifestación de la presencia y acción de Jesucristo a través de su Espíritu. Son regalos divinos que permiten a los creyentes desempeñar roles y tareas específicas dentro de la comunidad de fe para su edificación y crecimiento.
El carisma significado bíblico se refiere a un regalo gratuito de Dios, no ganado por méritos propios, que se otorga a los creyentes para el bienestar y la edificación de la comunidad cristiana. En el contexto del carisma significado religioso, estos dones trascienden las capacidades humanas y son una muestra de la generosidad y la gracia divina.
Los carismas pueden ser de varias formas y se clasifican en diferentes categorías. Algunos son carismas ministeriales oficiales, como la jerarquía y el sacerdocio, que son roles específicos dentro de la estructura de la Iglesia. Otros son vocaciones particulares, que son llamados específicos a ciertos estilos de vida o formas de servicio. También hay gracias personales privadas, que pueden ser ordinarias o extraordinarias, y son dones especiales otorgados a individuos para su crecimiento personal y espiritual.
Además, hay hechos trascendentales que impactan la historia de la Iglesia. Estos son eventos o movimientos significativos que han tenido un impacto duradero en la Iglesia y su misión. Todos estos carismas son vitales para la vida y misión de la Iglesia, y son una manifestación de la acción imprevisible y misteriosa del Espíritu Santo.
Origen y propósito de los Carismas
Los carismas de Dios tienen su origen en la promesa de Jesús de enviar el Espíritu de la verdad a sus seguidores después de su ascensión. En el día de Pentecostés, los apóstoles recibieron el Espíritu Santo y con él, los carismas necesarios para la misión de evangelización. Desde entonces, el Espíritu Santo ha continuado otorgando estos dones a los miembros de la Iglesia para su edificación y para la realización de la misión de la Iglesia en el mundo.
El propósito de los carismas es ayudar a la Iglesia a cumplir su misión de evangelización y servicio al mundo. Los carismas no son para beneficio personal, sino para el bien común. Son herramientas que el Espíritu Santo otorga a los creyentes para ayudarles a servir a Dios y a los demás de manera más efectiva. Los carismas pueden ser tan variados como la enseñanza, la sanación, la profecía, la interpretación de lenguas, entre otros. Cada carisma es un regalo único del Espíritu Santo, diseñado para satisfacer una necesidad específica en la Iglesia y en el mundo.
Tipos de Carismas
Los carismas de la iglesia católica se pueden clasificar en varias categorías. Los carismas ministeriales oficiales son aquellos que se otorgan a través de los sacramentos del orden, como el sacerdocio y el episcopado. Estos carismas son necesarios para la administración de los sacramentos y la guía de la Iglesia.
Las vocaciones particulares son otro tipo de carismas. Estos son los llamados específicos que Dios da a las personas para vivir de cierta manera, como el matrimonio, la vida religiosa o el celibato por el Reino de Dios. Estas vocaciones son una forma de carisma ya que son una llamada de Dios y requieren la gracia del Espíritu Santo para vivirlas fielmente.
Las gracias personales privadas son otro tipo de carismas. Estos pueden ser ordinarios, como la capacidad de enseñar o aconsejar a otros, o extraordinarios, como el don de profecía o de milagros. Estos dones son dados por el Espíritu Santo para el bien de la Iglesia y para ayudar a las personas a crecer en santidad.
«Extraordinarios o sencillos y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente una utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.» (Catecismo de la Iglesia Católica 799)
Los carismas son regalos que el Espíritu Santo da a quien quiere y en la medida que Él quiere (Cf. 1 Cor. 12, 11) y tienen una utilidad eclesial, que es ya una de las diferencias con los dones. Los carismas se nos dan para ponerlos al servicio de una comunidad, de la Iglesia, mientras que los dones son para uso personal, para nuestra santificación. Los carismas no son para provecho personal, sino de una comunidad: «A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común» (1 Cor 12,7)
El Espíritu Santo actúa por las múltiples gracias especiales [llamadas «carismas»] mediante las cuales los fieles quedan «preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir más y más la Iglesia (Cf. Catecismo de la Iglesia 798).
La palabra CARISMA significa don gratuito. Proviene del griego charis + ma.
Char: algo que causa felicidad. Charis: conceder gracia, favor gratuito de Dios.
Ma: es el objeto y el resultado de una acción. «Charisma «: el resultado de haber recibido el charis (don de Dios).
Los carismas son una riqueza de gracia para la vitalidad apostólica de la Iglesia, siempre que provengan verdaderamente del Espíritu Santo y que se ejerzan de modo plenamente conforme a los impulsos auténticos de este mismo Espíritu (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica 800). Para conseguir esto, se vuelve necesario siempre el discernimiento de carismas y que quienes los reciban estén sumisos a los pastores de la Iglesia, a quienes compete no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y buscar que dichos carismas cooperen, en su diversidad y complementariedad, al bien de una comunidad y de la Iglesia misma (Cf. Catecismo de la Iglesia 801)
Aunque no hay un número exacto de carismas, San Pablo, en 1 Cor. 12, 7-11, enumera 9:
Diferencia entre don y carisma
1. Los dones son solo 7, mientras que los carismas son innumerables. San Pablo menciona solo algunos en 1 Cor 12, 4-12.
2. Los 7 dones se nos dan a todos con el sacramento del bautismo. Todos los bautizados tenemos los mismos 7 dones; pero no todos los bautizados tenemos los mismos carismas. San Pablo dice en 1 Cor 12, 8: «Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu…» y continúa, en los siguientes versículos, mencionando otros carismas que los reciben unos SI y otros NO.
3. El don es una gracia que nos hace santos. El carisma es una gracia que nos permite hacer santos a los demás. El don es para provecho personal, mientras que el carisma es para provecho común, de una comunidad y de la Iglesia. El carisma se recibe, no para usarlo personalmente, sino para usarlo en nuestro servicio a los demás.
4. Los carismas pueden ser transitorios o temporales. Una persona puede tener el don de lenguas o de interpretación de lenguas, por ejemplo, y de un día para otro ya no tenerlo. Mientras que los dones, según el numeral 1830 del catecismo, son «disposiciones permanentes», y Santo Tomás afirma, incluso, que «perdurarán en la patria (cielo) en grado perfectísimo» (a.6)
5. Los carismas no se requieren para la salvación personal; los dones sí. No es más santo el que tenga mayores carismas; pero si es verdad que los santos se caracterizan por el buen uso de los carismas porque los ponen al servicio de la Iglesia motivados por el amor.
A menudo, los carismas espirituales se acoplan a cualidades humanas. Por supuesto, el Espíritu nos eleva más alto de lo que habíamos previsto, pero en la línea de aquello que somos. Por ejemplo, San Pablo era un buen orador ¡y se convirtió en apóstol de Cristo! Ya como apóstol usó bien su carisma de orador para predicar el Evangelio.
¿CUÁLES SON LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO EN LAS PERSONAS?
LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA ENUMERA 12
“Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: 'caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Gálatas 5, 22-23)” (CIC, 1832).
Son los frutos que produce el Espíritu Santo en la vida del cristiano a lo largo de su vida después de recibir sus 7 dones, dones que son recibidos, junto a las virtudes teologales, en el sacramento del bautismo; dones que son aumentados con el sacramento de la confirmación (Catecismo, 1302), dados en plenitud.
El cristiano es como los árboles: cuando está maduro dará sus frutos; por sus frutos os conocerán (Mt 12, 33).
Cuando los árboles están maduros, darán unos frutos que no son agrios, sino dulces y buenos a la vista.
Los santos son quienes han sabido dar todos estos frutos y han sabido practicar las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza). Ojo, que no hay que confundir estos frutos con la vivencia de los valores humanos.
Veamos ahora en qué consisten dichos frutos del Espíritu en la vida de las personas:
1. Amor o caridad
Quien da este fruto hace ver a Cristo en su vida; es quien permite actuar a Cristo en su vida (Ga2, 20). Si falta el amor no puede encontrarse acción sobrenatural, ni mérito para la vida eterna, ni tampoco verdadera y completa felicidad.
2. Alegría o Gozo
Es el fruto que emana naturalmente del amor; es como la luz del sol, o el perfume de la flor, o el calor del fuego. Esta alegría no se apaga en medio de los problemas; todo lo contrario, crece y se robustece en medio de ellos pues se hace más necesaria que nunca. Cuando se está en comunión con Dios amor, la persona es feliz; y busca también hacer felices a los demás. Es una alegría que supera todo goce fundado en la carne o en las cosas materiales.
3. Paz
La paz es la perfección de la alegría, porque supone el goce del objeto amado. El "objeto" amado, por excelencia, no puede ser otro sino Dios, y de ahí, la seguridad de la paz que brota de tener a Dios en el corazón. La paz nos hace ser personas serenas y mantiene al alma en la posesión de una constante alegría a pesar de todo.
4. Paciencia
Quien da este fruto, supera las turbaciones que implica la lucha permanente contra los enemigos del alma y sus fuerzas invisibles y visibles. También facilita un encuentro armonioso con las criaturas con las que nos relacionamos. La paciencia nos hace ser cristianos que se saben controlar e impide que seamos resentidos o vengativos. Este fruto ayuda a superar la tristeza e impide que nos quejemos ante los problemas y sufrimientos de la vida.
5. Longanimidad
Longanimidad es el mismo coraje o el ánimo en las dificultades que se oponen al bien; es un ánimo sobrenatural para concebir y ejecutar las obras de la verdad. Este fruto permite al cristiano saber esperar la acción de la Divina Providencia, cuando ve que, según la lógica humana, se retrasa el cumplimiento de sus designios. Es un fruto que permite mantenernos perseverantes ante las dificultades.
6. Benignidad
Es una disposición permanente a la indulgencia y a la afabilidad. Es un fruto que nos ayuda a ser gentiles y ayuda a defender la verdad sabiendo ‘discutir’. Da una dulzura especial en el trato con los demás. Es una gran señal de la santidad de un alma y de la acción en ella del Espíritu Santo.
7. Bondad
Es la fuerza que nos ayuda a ocuparnos del prójimo y beneficiarlo. Es como consecuencia de la benignidad, pero de manera más incisiva en quien sufre y necesita ayuda. Quien da este fruto no critica malsanamente y tampoco condena a los demás; es más, ayuda a sanar a ejemplo de Jesucristo, la bondad infinita.
8. Mansedumbre
Ayuda a evitar la cólera y las reacciones violentas. Se opone a la ira y al rencor, evita que el cristiano caiga en sentimientos de venganza. La mansedumbre hace al cristiano suave en sus palabras y en el trato frente a la prepotencia de alguien. Es el fruto que nos asemeja a Jesús manso y humilde de corazón.
9. Fidelidad
Quien da este fruto defiende la fe en público y no la oculta por miedo o vergüenza. La fidelidad es cierta facilidad para aceptar todo lo que hay que creer; es firmeza para afianzarnos en ello y tener la seguridad de la verdad que creemos sin sentir dudas. Al dar este fruto estamos glorificando a Dios quien es la verdad absoluta.
10. Modestia
Quien da este fruto excluye todo lo que sea áspero y mal educado; este fruto se le nota al cristiano en el vestir, en el hablar, en su comportamiento, etc... Ayuda para que nuestros sentidos no se fijen en cosas indecorosas y vulgares. Ayuda a ser discreto y cuidadoso con el cuerpo, evitando ser ocasión de pecado para los demás; así como también a preparar y mantener nuestro cuerpo para ser, en medio de nuestra debilidad, digna morada de Dios.
11. Continencia
Como indica su nombre, ayuda a contener o a tener a raya la concupiscencia en lo que concierne al comer, al beber, al divertirse y en los otros placeres de la vida terrenal. La satisfacción de estos instintos es ordenada por la continencia como consecuencia de la dignidad de los hijos de Dios que tenemos. La continencia mantiene el orden en el interior del hombre.
12. Castidad
La castidad es la victoria conseguida sobre la carne y ayuda a que el cristiano sea más un templo vivo del Espíritu Santo. Quien da este fruto eESPÍRITU SANTO
¿Quién es el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo quien hace posible que la verdad acerca de Dios, del hombre y de su destino, llegue hasta nuestros días sin alteraciones.
El Espíritu Santo, el don de Dios
"Dios es Amor" (Jn 4,8-16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". (Rom 5,5).
Puesto que hemos mu**to, o al menos, hemos sido heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión de nuestros pecados. La Comunión con el Espíritu Santo, "La gracia del Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sean con todos vosotros." 2 Co 13,13; es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el pecado. Por el Espíritu Santo nosotros podemos decir que "Jesús es el Señor ", es decir para entrar en contacto con Cristo es necesario haber sido atraído por el Espíritu Santo.
Mediante el Bautismo se nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo.
Vida de fe. El Espíritu Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva. Él es quien nos precede y despierta en nosotros la fe. Sin embargo, es el "último" en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad.
El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del Designio de nuestra salvación y hasta su consumación. Sólo en los "últimos tiempos", inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo, es cuando el Espíritu se revela y se nos da, y se le reconoce y acoge como Persona.
El Paráclito. Palabra del griego "parakletos", que literalmente significa "aquel que es invocado", es por tanto el abogado, el mediador, el defensor, el consolador. Jesús nos presenta al Espíritu Santo diciendo: "El Padre os dará otro Paráclito" (Jn 14,16). El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, la salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna. Esto es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado "otro paráclito" porque continúa haciendo operante la redención con la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna.
Espíritu de la Verdad: Jesús afirma de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). Y al prometer al Espíritu Santo en aquel "discurso de despedida" con sus apóstoles en la Última Cena, dice que será quien después de su partida, mantendrá entre los discípulos la misma verdad que Él ha anunciado y revelado.
El Paráclito, es la verdad, como lo es Cristo. Los campos de acción en que actúa el Espíritu Santo son el espíritu humano y la historia del mundo. La distinción entre la verdad y el error es el primer momento de dicha actuación.
Permanecer y obrar en la verdad es el problema esencial para los Apóstoles y para los discípulos de Cristo, desde los primeros años de la Iglesia hasta el final de los tiempos, y es el Espíritu Santo quien hace posible que la verdad acerca de Dios, del hombre y de su destino, llegue hasta nuestros días sin alteraciones.
EL SIGNIFICADO DE LOS 7 DONES DEL ESPÍRITU SANTO
Desde la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, en Pentecostés, los cristianos son conscientes de los dones con los que asiste al creyente la tercera Persona de la Trinidad.
EL CIC, en el número 1830, explica que "la vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo".
El Espíritu Santo es, para muchos, el "gran desconocido" de la vida cristiana. No obstante, no es posible sin él la vida de fe, ni la esperanza, ni la caridad. Es él quien actúa en los corazones y quien transforma la vida de las personas.
Él es quien mueve a amar y quien impulsa los actos de valor. Es el Espíritu el que da alas a la evangelización y quien da inteligencia a los hombres para llegar a conocer a Dios. No puede existir la vida cristiana sin que Él la sostenga, ni siquiera la misma Iglesia.
Importante: No hay que confundir los dones del Espíritu con los frutos que el Espíritu produce en la vida de las personas. Los dones del Espíritu son siete y son los "regalos" que el Espíritu da. Mientras que los frutos, según ha enseñado siempre la Iglesia, son las perfecciones que esos dones producen en las personas.
Descubramos, entonces, cuáles son y cuál es el significado de los 7 dones del Espíritu Santo:
1. El don de la Sabiduría
Es el don de entender lo que favorece y lo que perjudica al proyecto de Dios. Él fortalece nuestra caridad y nos prepara para una visión plena de Dios.
El mismo Jesús nos dijo: "Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros" (Mt 10, 19-20).
La verdadera sabiduría trae el gusto de Dios y su Palabra.
2. El don del entendimiento
Es el don divino que nos ilumina para aceptar las verdades reveladas por Dios. Mediante este don, el Espíritu Santo nos permite escrutar las profundidades de Dios, comunicando a nuestro corazón una particular participación en el conocimiento divino, en los secretos del mundo y en la intimidad del mismo Dios.
El Señor dijo: "Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh" (Jer 24,7).
3. El de consejo
Es el don de saber discernir los caminos y las opciones, de saber orientar y escuchar. Es la luz que el Espíritu nos da para distinguir lo correcto e incorrecto, lo verdadero y falso.
Sobre Jesús reposó el Espíritu Santo, y le dio en plenitud ese don, como había profetizado Isaías: "No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra" (Is 11, 3-4).
4. El de ciencia
Es el don de la ciencia de Dios y no la ciencia del mundo. Por este don el Espíritu Santo nos revela interiormente el pensamiento de Dios sobre nosotros, pues "nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1Co 2, 11).
5. El don de piedad
Es el don que el Espíritu Santo nos da para estar siempre abiertos a la voluntad de Dios, buscando siempre actuar como Jesús actuaría.
Si Dios vive su alianza con el hombre de manera tan envolvente, el hombre, a su vez, se siente también invitado a ser piadoso con todos.
En la Primera Carta de San Pablo a los Corintios escribió: "En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: "¡Anatema es Jesús!"; y nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!" sino con el Espíritu Santo" (1Co 12, 1-3).
6. El de fortaleza
Este es el don que nos vuelve valientes para enfrentar las dificultades del día a día de la vida cristiana. Vuelve fuerte y heroica la fe. Recordemos el valor de los mártires. Nos da perseverancia y firmeza en las decisiones.
Los que tienen ese don no se amedrentan frente a las amenazas y persecuciones, pues confían incondicionalmente en el Padre.
El Apocalipsis dice: "No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida" (Ap 2,10).
7. El don del temor de Dios
Este don nos mantiene en el debido respeto frente a Dios y en la sumisión a su voluntad, apartándonos de todo lo que le pueda desagradar.
Por eso, Jesús siempre tuvo cuidado en hacer en toda la voluntad del Padre, como Isaías había profetizado: "Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh" (Is 11,2).
Dones y Carismas ¿Cuál es la diferencia?
Desde el día de Pentecostés, el Espíritu Santo sigue confiriendo dones y carismas (ordinarios y extraordinarios) para el servicio de Dios y de la Iglesia.
Tanto los dones como los carismas son un regalo, un DON gratuito del Espíritu Santo.
DEFINICIÓN DE DONES Y CARISMAS
Existe cierta confusión sobre los dones y carismas; no todo cristiano sabe establecer bien la diferencia. Vayamos al Catecismo de la Iglesia Católica para conocer primero en qué consisten y luego establecemos la diferencia.
Los Dones del Espíritu Santo
«La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo.
Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf Is 11, 1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas (Catecismo de la Iglesia Católica 1830-1831).
Cuando hablamos de dones, nos referimos específicamente a esos siete regalos que recibimos todos en el momento del bautismo. Para más detalle, entra esta publicación en la que hablamos extendidamente sobre ellos: Los Siete Dones del Espíritu Santo.
Los carismas
Qué son los Carismas del Espíritu Santo - Cómo Identificarlos
Los carismas del Espíritu Santo, esos dones divinos que se otorgan a los miembros de la Iglesia. Discutiremos qué son exactamente estos carismas, cómo se manifiestan y cómo pueden ser identificados. También examinaremos las diferentes categorías de carismas, desde los ministeriales oficiales hasta las gracias personales privadas, y cómo cada uno de ellos juega un papel vital en la vida de la Iglesia. Además, abordaremos la acción imprevisible y misteriosa del Espíritu Santo en la distribución de estos dones. Este artículo proporcionará una comprensión más profunda de los carismas del Espíritu Santo y su importancia en la vida de la Iglesia y de los creyentes.
Definición de Carismas del Espíritu Santo
Los carismas del Espíritu Santo son dones especiales otorgados a los creyentes para el servicio de la Iglesia. Estos dones son una manifestación de la presencia y acción de Jesucristo a través de su Espíritu. Son regalos divinos que permiten a los creyentes desempeñar roles y tareas específicas dentro de la comunidad de fe para su edificación y crecimiento.
El carisma significado bíblico se refiere a un regalo gratuito de Dios, no ganado por méritos propios, que se otorga a los creyentes para el bienestar y la edificación de la comunidad cristiana. En el contexto del carisma significado religioso, estos dones trascienden las capacidades humanas y son una muestra de la generosidad y la gracia divina.
Los carismas pueden ser de varias formas y se clasifican en diferentes categorías. Algunos son carismas ministeriales oficiales, como la jerarquía y el sacerdocio, que son roles específicos dentro de la estructura de la Iglesia. Otros son vocaciones particulares, que son llamados específicos a ciertos estilos de vida o formas de servicio. También hay gracias personales privadas, que pueden ser ordinarias o extraordinarias, y son dones especiales otorgados a individuos para su crecimiento personal y espiritual.
Además, hay hechos trascendentales que impactan la historia de la Iglesia. Estos son eventos o movimientos significativos que han tenido un impacto duradero en la Iglesia y su misión. Todos estos carismas son vitales para la vida y misión de la Iglesia, y son una manifestación de la acción imprevisible y misteriosa del Espíritu Santo.
Origen y propósito de los Carismas
Los carismas de Dios tienen su origen en la promesa de Jesús de enviar el Espíritu de la verdad a sus seguidores después de su ascensión. En el día de Pentecostés, los apóstoles recibieron el Espíritu Santo y con él, los carismas necesarios para la misión de evangelización. Desde entonces, el Espíritu Santo ha continuado otorgando estos dones a los miembros de la Iglesia para su edificación y para la realización de la misión de la Iglesia en el mundo.
El propósito de los carismas es ayudar a la Iglesia a cumplir su misión de evangelización y servicio al mundo. Los carismas no son para beneficio personal, sino para el bien común. Son herramientas que el Espíritu Santo otorga a los creyentes para ayudarles a servir a Dios y a los demás de manera más efectiva. Los carismas pueden ser tan variados como la enseñanza, la sanación, la profecía, la interpretación de lenguas, entre otros. Cada carisma es un regalo único del Espíritu Santo, diseñado para satisfacer una necesidad específica en la Iglesia y en el mundo.
Tipos de Carismas
Los carismas de la iglesia católica se pueden clasificar en varias categorías. Los carismas ministeriales oficiales son aquellos que se otorgan a través de los sacramentos del orden, como el sacerdocio y el episcopado. Estos carismas son necesarios para la administración de los sacramentos y la guía de la Iglesia.
Las vocaciones particulares son otro tipo de carismas. Estos son los llamados específicos que Dios da a las personas para vivir de cierta manera, como el matrimonio, la vida religiosa o el celibato por el Reino de Dios. Estas vocaciones son una forma de carisma ya que son una llamada de Dios y requieren la gracia del Espíritu Santo para vivirlas fielmente.
Las gracias personales privadas son otro tipo de carismas. Estos pueden ser ordinarios, como la capacidad de enseñar o aconsejar a otros, o extraordinarios, como el don de profecía o de milagros. Estos dones son dados por el Espíritu Santo para el bien de la Iglesia y para ayudar a las personas a crecer en santidad.
«Extraordinarios o sencillos y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente una utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.» (Catecismo de la Iglesia Católica 799)
Los carismas son regalos que el Espíritu Santo da a quien quiere y en la medida que Él quiere (Cf. 1 Cor. 12, 11) y tienen una utilidad eclesial, que es ya una de las diferencias con los dones. Los carismas se nos dan para ponerlos al servicio de una comunidad, de la Iglesia, mientras que los dones son para uso personal, para nuestra santificación. Los carismas no son para provecho personal, sino de una comunidad: «A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común» (1 Cor 12,7)
El Espíritu Santo actúa por las múltiples gracias especiales [llamadas «carismas»] mediante las cuales los fieles quedan «preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir más y más la Iglesia (Cf. Catecismo de la Iglesia 798).
La palabra CARISMA significa don gratuito. Proviene del griego charis + ma.
Char: algo que causa felicidad. Charis: conceder gracia, favor gratuito de Dios.
Ma: es el objeto y el resultado de una acción. «Charisma «: el resultado de haber recibido el charis (don de Dios).
Los carismas son una riqueza de gracia para la vitalidad apostólica de la Iglesia, siempre que provengan verdaderamente del Espíritu Santo y que se ejerzan de modo plenamente conforme a los impulsos auténticos de este mismo Espíritu (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica 800). Para conseguir esto, se vuelve necesario siempre el discernimiento de carismas y que quienes los reciban estén sumisos a los pastores de la Iglesia, a quienes compete no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y buscar que dichos carismas cooperen, en su diversidad y complementariedad, al bien de una comunidad y de la Iglesia misma (Cf. Catecismo de la Iglesia 801)
Aunque no hay un número exacto de carismas, San Pablo, en 1 Cor. 12, 7-11, enumera 9:
Diferencia entre don y carisma
1. Los dones son solo 7, mientras que los carismas son innumerables. San Pablo menciona solo algunos en 1 Cor 12, 4-12.
2. Los 7 dones se nos dan a todos con el sacramento del bautismo. Todos los bautizados tenemos los mismos 7 dones; pero no todos los bautizados tenemos los mismos carismas. San Pablo dice en 1 Cor 12, 8: «Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu…» y continúa, en los siguientes versículos, mencionando otros carismas que los reciben unos SI y otros NO.
3. El don es una gracia que nos hace santos. El carisma es una gracia que nos permite hacer santos a los demás. El don es para provecho personal, mientras que el carisma es para provecho común, de una comunidad y de la Iglesia. El carisma se recibe, no para usarlo personalmente, sino para usarlo en nuestro servicio a los demás.
4. Los carismas pueden ser transitorios o temporales. Una persona puede tener el don de lenguas o de interpretación de lenguas, por ejemplo, y de un día para otro ya no tenerlo. Mientras que los dones, según el numeral 1830 del catecismo, son «disposiciones permanentes», y Santo Tomás afirma, incluso, que «perdurarán en la patria (cielo) en grado perfectísimo» (a.6)
5. Los carismas no se requieren para la salvación personal; los dones sí. No es más santo el que tenga mayores carismas; pero si es verdad que los santos se caracterizan por el buen uso de los carismas porque los ponen al servicio de la Iglesia motivados por el amor.
A menudo, los carismas espirituales se acoplan a cualidades humanas. Por supuesto, el Espíritu nos eleva más alto de lo que habíamos previsto, pero en la línea de aquello que somos. Por ejemplo, San Pablo era un buen orador ¡y se convirtió en apóstol de Cristo! Ya como apóstol usó bien su carisma de orador para predicar el Evangelio.
¿CUÁLES SON LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO EN LAS PERSONAS?
LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA ENUMERA 12
“Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: 'caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Gálatas 5, 22-23)” (CIC, 1832).
Son los frutos que produce el Espíritu Santo en la vida del cristiano a lo largo de su vida después de recibir sus 7 dones, dones que son recibidos, junto a las virtudes teologales, en el sacramento del bautismo; dones que son aumentados con el sacramento de la confirmación (Catecismo, 1302), dados en plenitud.
El cristiano es como los árboles: cuando está maduro dará sus frutos; por sus frutos os conocerán (Mt 12, 33).
Cuando los árboles están maduros, darán unos frutos que no son agrios, sino dulces y buenos a la vista.
Los santos son quienes han sabido dar todos estos frutos y han sabido practicar las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza). Ojo, que no hay que confundir estos frutos con la vivencia de los valores humanos.
Veamos ahora en qué consisten dichos frutos del Espíritu en la vida de las personas:
1. Amor o caridad
Quien da este fruto hace ver a Cristo en su vida; es quien permite actuar a Cristo en su vida (Ga2, 20). Si falta el amor no puede encontrarse acción sobrenatural, ni mérito para la vida eterna, ni tampoco verdadera y completa felicidad.
2. Alegría o Gozo
Es el fruto que emana naturalmente del amor; es como la luz del sol, o el perfume de la flor, o el calor del fuego. Esta alegría no se apaga en medio de los problemas; todo lo contrario, crece y se robustece en medio de ellos pues se hace más necesaria que nunca. Cuando se está en comunión con Dios amor, la persona es feliz; y busca también hacer felices a los demás. Es una alegría que supera todo goce fundado en la carne o en las cosas materiales.
3. Paz
La paz es la perfección de la alegría, porque supone el goce del objeto amado. El "objeto" amado, por excelencia, no puede ser otro sino Dios, y de ahí, la seguridad de la paz que brota de tener a Dios en el corazón. La paz nos hace ser personas serenas y mantiene al alma en la posesión de una constante alegría a pesar de todo.
4. Paciencia
Quien da este fruto, supera las turbaciones que implica la lucha permanente contra los enemigos del alma y sus fuerzas invisibles y visibles. También facilita un encuentro armonioso con las criaturas con las que nos relacionamos. La paciencia nos hace ser cristianos que se saben controlar e impide que seamos resentidos o vengativos. Este fruto ayuda a superar la tristeza e impide que nos quejemos ante los problemas y sufrimientos de la vida.
5. Longanimidad
Longanimidad es el mismo coraje o el ánimo en las dificultades que se oponen al bien; es un ánimo sobrenatural para concebir y ejecutar las obras de la verdad. Este fruto permite al cristiano saber esperar la acción de la Divina Providencia, cuando ve que, según la lógica humana, se retrasa el cumplimiento de sus designios. Es un fruto que permite mantenernos perseverantes ante las dificultades.
6. Benignidad
Es una disposición permanente a la indulgencia y a la afabilidad. Es un fruto que nos ayuda a ser gentiles y ayuda a defender la verdad sabiendo ‘discutir’. Da una dulzura especial en el trato con los demás. Es una gran señal de la santidad de un alma y de la acción en ella del Espíritu Santo.
7. Bondad
Es la fuerza que nos ayuda a ocuparnos del prójimo y beneficiarlo. Es como consecuencia de la benignidad, pero de manera más incisiva en quien sufre y necesita ayuda. Quien da este fruto no critica malsanamente y tampoco condena a los demás; es más, ayuda a sanar a ejemplo de Jesucristo, la bondad infinita.
8. Mansedumbre
Ayuda a evitar la cólera y las reacciones violentas. Se opone a la ira y al rencor, evita que el cristiano caiga en sentimientos de venganza. La mansedumbre hace al cristiano suave en sus palabras y en el trato frente a la prepotencia de alguien. Es el fruto que nos asemeja a Jesús manso y humilde de corazón.
9. Fidelidad
Quien da este fruto defiende la fe en público y no la oculta por miedo o vergüenza. La fidelidad es cierta facilidad para aceptar todo lo que hay que creer; es firmeza para afianzarnos en ello y tener la seguridad de la verdad que creemos sin sentir dudas. Al dar este fruto estamos glorificando a Dios quien es la verdad absoluta.
10. Modestia
Quien da este fruto excluye todo lo que sea áspero y mal educado; este fruto se le nota al cristiano en el vestir, en el hablar, en su comportamiento, etc... Ayuda para que nuestros sentidos no se fijen en cosas indecorosas y vulgares. Ayuda a ser discreto y cuidadoso con el cuerpo, evitando ser ocasión de pecado para los demás; así como también a preparar y mantener nuestro cuerpo para ser, en medio de nuestra debilidad, digna morada de Dios.
11. Continencia
Como indica su nombre, ayuda a contener o a tener a raya la concupiscencia en lo que concierne al comer, al beber, al divertirse y en los otros placeres de la vida terrenal. La satisfacción de estos instintos es ordenada por la continencia como consecuencia de la dignidad de los hijos de Dios que tenemos. La continencia mantiene el orden en el interior del hombre.
12. Castidad
La castidad es la victoria conseguida sobre la carne y ayuda a que el cristiano sea más un templo vivo del Espíritu Santo. Quien da este fruto es cuidadoso y delicado en todo lo que se refiere al uso de la sexualidad. Quien es casto (ya sea virgen o casado) experimenta la alegría de la íntima amistad de Dios: felices los limpios de corazón, porque verán a Dios.
CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Recibid ¡oh, Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh, Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Améns cuidadoso y delicado en todo lo que se refiere al uso de la sexualidad. Quien es casto (ya sea virgen o casado) experimenta la alegría de la íntima amistad de Dios: felices los limpios de corazón, porque verán a Dios.
CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Recibid ¡oh, Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh, Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén