14/06/2026
EL SAGRADO CORAZÓN
Entronización y lucha contra el mundo moderno
"¡He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que de ellos no recibe más que ingratitudes!"
Estas palabras, dirigidas por Nuestro Señor a Santa Margarita María Alacoque, resumen el drama de nuestra época. El mundo moderno rechaza a Cristo Rey, desprecia su ley y pretende construir una civilización sin Dios. Frente a esta rebelión, la Iglesia ofrece un remedio poderoso: la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y su entronización en las familias.
¿Qué es el Sagrado Corazón de Jesús?
No adoramos simplemente un símbolo. Adoramos el Corazón humano de Jesucristo, unido hipostáticamente a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Ese Corazón es:
El Corazón que amó a María y a José en Nazaret.
El Corazón que lloró por Jerusalén.
El Corazón que se compadeció de los pecadores.
El Corazón traspasado por la lanza en el Calvario.
El Corazón glorioso que reina eternamente en el Cielo.
Cuando veneramos el Sagrado Corazón, veneramos el amor infinito de Dios manifestado en Jesucristo.
El ataque del mundo moderno
La Revolución moderna declaró la guerra a Cristo.
Primero expulsó a Dios de la política.
Luego expulsó a Dios de la educación.
Después expulsó a Dios de la familia.
Finalmente intenta expulsarlo del alma humana.
Hoy se nos dice:
"No hay verdad absoluta."
"Todas las religiones son iguales."
"Cada uno crea su propia moral."
"La fe debe permanecer en privado."
Pero Cristo no dijo: "Yo soy una opinión entre muchas."
Cristo afirmó:
> "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6).
La lucha de nuestro tiempo es la misma que en todos los siglos: Cristo Rey contra el reino del pecado.
La Entronización del Sagrado Corazón
La entronización consiste en reconocer públicamente a Jesucristo como Rey y Señor del hogar.
No es una decoración religiosa.
No es un simple cuadro en una pared.
Es un acto de consagración mediante el cual la familia declara:
"Jesús reina en esta casa."
La imagen del Sagrado Corazón ocupa un lugar de honor porque representa la soberanía de Cristo sobre:
Los padres.
Los hijos.
Las decisiones familiares.
El trabajo.
Las alegrías.
Los sufrimientos.
La familia se convierte así en una pequeña fortaleza católica.
¿Por qué es tan necesaria hoy?
Porque la familia está bajo asedio.
El relativismo corroe la fe.
La impureza invade las pantallas.
La ideología moderna confunde a los jóvenes.
La cultura dominante enseña a vivir como si Dios no existiera.
Por eso la entronización es un acto de resistencia espiritual.
Es levantar el estandarte de Cristo dentro del propio hogar.
Es proclamar:
"Esta casa pertenece a Jesucristo."
El Corazón de Jesús y el combate espiritual
Muchos imaginan al Sagrado Corazón como una devoción sentimental.
Nada más lejos de la realidad.
El Corazón de Cristo es también el Corazón del Rey vencedor.
El mismo Cristo que perdonó a la adúltera expulsó a los mercaderes del Templo.
El mismo Cristo que abrazó a los niños anunció el juicio eterno.
Su amor no es debilidad.
Su misericordia no es complicidad con el pecado.
Su Corazón arde de caridad, pero también de celo por la gloria de Dios.
Por eso los católicos debemos combatir:
El pecado en nosotros mismos.
El error en nuestras ideas.
La indiferencia religiosa.
La cobardía espiritual.
La apostasía del mundo moderno.
Promesas del Sagrado Corazón
Entre las promesas transmitidas a Santa Margarita María destacan:
Dar paz a las familias.
Consolar en las aflicciones.
Bendecir los hogares donde su imagen sea honrada.
Ser refugio seguro en la vida y en la muerte.
Derramar abundantes gracias sobre quienes le sean devotos.
Estas promesas no son una fórmula mágica. Son una invitación a vivir unidos a Cristo y a confiar en Él.
El mundo moderno exige que los católicos oculten su fe.
El Sagrado Corazón exige lo contrario.
Exige fidelidad.
Exige valentía.
Exige que Cristo reine.
Entronizar el Sagrado Corazón de Jesús es levantar una muralla espiritual contra el avance del error. Es declarar que, aunque el mundo cambie, aunque las modas pasen y aunque los enemigos de la fe se multipliquen, Jesucristo sigue siendo Rey.
Que en cada hogar católico vuelva a escucharse el antiguo grito de combate:
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
¡Sagrado Corazón de Jesús, reine en nuestras familias!
¡Viva Cristo Rey! ✠