Iglesia de francisco villa

Iglesia de francisco villa Hospital del alma para gente rota

Algunos vamos por la vida intentando controlar la intensidad de nuestras emociones, creyendo que así nos parecemos más a...
11/05/2026

Algunos vamos por la vida intentando controlar la intensidad de nuestras emociones, creyendo que así nos parecemos más a Dios. Aprendimos a sonreír aunque estemos rotos, a callar dudas, a esconder tristeza, a reprimir enojo y a sentir culpa por disfrutar demasiado la vida. Pero Jesús jamás vino a volvernos personas vacías o emocionalmente anestesiadas.

Las fotografías de Dios no son a blanco y negro.

Nuestro Dios ríe, canta, celebra, llora, se conmueve, se enoja ante la injusticia y ama con una ternura imposible de describir. Jesús lloró por sus amigos, se quebró en Getsemaní, abrazó niños, disfrutó mesas con gente imperfecta y también volcó mesas cuando vio abuso y corrupción. Nunca fingió sentir; expresó plenamente el corazón del Padre.

Muchos hemos sufrido acromatopsia del alma: vemos a Dios sin colores, sin matices, sin cercanía. Conocemos conceptos acerca de Él, pero no su corazón. Y cuando eso pasa, terminamos adorando a un Dios rígido, distante y frío que se parece más a nuestros miedos que al Jesús de los Evangelios.

Pero el verdadero Evangelio nos devuelve la capacidad de sentir. Nos recuerda que no tenemos que fingir fortaleza todo el tiempo. Que podemos llorar sin culpa, descansar sin miedo, disfrutar la vida, abrazar, reír, celebrar y también decirle a Dios exactamente cómo nos sentimos.

Porque la santidad no es ausencia de emociones; es permitir que Dios habite cada una de ellas.

Y quizá hoy alguien necesita escuchar esto:
Dios no está esperando la versión perfecta de ti. Solo quiere un corazón sincero que se atreva a conocerlo de verdad.

No más falsas sonrisas.
No más dolores escondidos.
No más vidas a blanco y negro.

Fuimos llamados a vivir un Evangelio lleno de color.

21/04/2026

“Por mucho tiempo creí que había cosas en mi vida que nunca podrían cambiar. Pensaba que ciertos hábitos, relaciones rotas, errores pasados, e incluso mi propio corazón herido, eran irreversibles. Creí que la muerte era el fin de todo, la última palabra. Pero cuando conocí a Jesús, entendí algo poderoso: Él no vino solo a perdonarnos, vino a restaurarnos. No vino solo a mostrarnos que la muerte no es el final, vino a demostrarnos que lo que parecía irreversible, Él lo puede devolver. Lo que para nosotros se ve como el fin, para Él es solo el comienzo. Él no solo conquistó la muerte; le quitó el poder y la autoridad sobre nuestra vida, nuestra historia, nuestra identidad. Lo que creíamos perdido, Él lo puede restaurar. No hay nada que esté fuera de Su alcance. Con Él, lo imposible se vuelve posible, lo perdido se devuelve, y lo irreversible… es reversible. Si alguna vez sentiste que ya no había esperanza, recuerda: en Jesús, tu historia no está cerrada. ¡Con Él siempre hay un nuevo comienzo!”

Aun cuando los pecados de nuestra familia nos hayan puesto en un pozo -igual que hicieron con José sus hermanos-, cada u...
17/02/2026

Aun cuando los pecados de nuestra familia nos hayan puesto en un pozo -igual que hicieron con José sus hermanos-, cada uno de nosotros es el único responsables de salir de ahí... pero no lo podremos hacer solos. El Señor nos librará sacándonos de cualquier pozo, siempre y cuando nos humillemos a nosotros mismos, dejemos atrás nuestra vanidad, nuestra inseguridad y clamemos sin arrogancia por Su favor. Recordemos que Dios usó para bien lo que los hermanos de José hicieron para causarle daño. ¡Es tiempo de superar y dejar atrás los amargos incidentes que nos atan y de hacer algo con nuestra vida!

“Con el tiempo, la iglesia corre un peligro silencioso:convertirse en un ataúd elegante.Bonito por fuera, ordenado, llen...
25/01/2026

“Con el tiempo, la iglesia corre un peligro silencioso:
convertirse en un ataúd elegante.
Bonito por fuera, ordenado, lleno de actividades…
pero sin vida real por dentro.

A veces estamos tan ocupados haciendo vida de iglesia,
que olvidamos ser iglesia.

Porque la abundancia de actividades,
el cumplimiento de reglas
y la corrección doctrinal
no garantizan transformación.

Cuando Jesús ya no está en el centro,
lo que se forma no son discípulos,
sino jueces.

Personas que usan las Escrituras
no como un espejo para su propio corazón,
sino como una vara para medir
quién pertenece y quién no.

Y eso produce polarización, segregación y división.

Por eso hoy, más que nunca,
tenemos la responsabilidad de asegurarnos
que la iglesia no se convierta
en una gran falsificación espiritual,
sino que siga siendo lo que Jesús soñó:
un lugar donde todos tengan espacio,
sin excepción.

Es tiempo de volver al Jesús simple,
al Jesús que amó antes de corregir,
que abrazó antes de exigir,
y cuyas enseñanzas estaban libres
de legalismo y religiosidad.”

No mires hacia abajoEs difícil caminar cuando estamos rodeados de corredores velocesy de águilas que vuelan tan alto que...
10/01/2026

No mires hacia abajo

Es difícil caminar cuando estamos rodeados de corredores veloces
y de águilas que vuelan tan alto que parecen inalcanzables.
Uno mira alrededor y piensa: “yo no voy a ese ritmo”,
“yo no estoy ahí”, “yo apenas avanzo”.

Pero caminar también cuenta
cuando es lo mejor que hoy podemos ofrecerle a Dios.

Lo importante no es la velocidad,
sino permanecer en la carrera:
obedeciendo aun con miedo,
sirviendo aun cansados,
dando aun con dudas,
orando aun en medio de la batalla.

Sigue caminando.

Porque lo que esperas es tan importante
como lo que Dios está formando en ti mientras esperas.

La semana pasada hablábamos del miedo:
de cómo nos paraliza, nos frena, nos hace enterrar el talento.
Y este año decidimos algo distinto:
no vivir desde el miedo,
sino usar lo que recibimos y ponerlo al servicio de Papá.

Pero aquí viene algo importante:
no siempre vamos a estar bien.
No siempre vamos a poder cambiarlo todo de golpe.
Y está bien.

El crecimiento real comienza con algo pequeño.
Un paso.
Un hábito diminuto.
Un 1%.

Tal vez hoy no puedes hacer un estudio bíblico completo,
pero sí leer un versículo.
Tal vez no todos los días,
tal vez cada dos días…
pero algo que te haga comenzar.

No subestimes ese “pequeño” hábito.
No subestimes ese “pequeño” don.
No subestimes esa “pequeña” ofrenda.

Porque no todos remontamos como águilas.
Algunos volamos como colibríes.
Otros corremos.
Y otros simplemente caminamos.

Y si hoy caminar es lo mejor que puedes ofrecerle a Dios,
entonces eso es suficiente.

Como el trapecista que queda suspendido en el aire,
sin red visible,
confiando en que llegará al otro lado…

Sigue avanzando.
Sigue confiando.
Y pase lo que pase…

no mires hacia abajo.

Todos nosotros, en algún momento de la vida, nos convertimos en osos de felpa rotos, dañados por el pecado, la culpa y l...
28/12/2025

Todos nosotros, en algún momento de la vida, nos convertimos en osos de felpa rotos, dañados por el pecado, la culpa y la vergüenza.
Y aun así, el Señor nos ama, aunque se nos esté saliendo el relleno o tengamos un botón en lugar de ojo.
Hay una clase de amor que va más allá del sentido común:
es incondicional, no exige, no calcula, no descarta.
Es un amor que no ama porque ve valor, sino que al amar, crea valor.
Ese amor no juzga ni condena;
todo lo contrario, otorga gracia a los quebrantados.
Así es el amor de Jesús por nosotros:
Él ama a los osos rotos.
Y si tomamos en serio el amar a Dios, no hay otra opción:
debemos empezar por amar a las personas,
a todas las personas,
especialmente a aquellos muñecos de trapo que el mundo ya decidió desechar.

A muchos nos pasa que, mientras estamos solos, creemos que amamos mucho. Pensamos que somos pacientes, comprensivos, esp...
16/12/2025

A muchos nos pasa que, mientras estamos solos, creemos que amamos mucho. Pensamos que somos pacientes, comprensivos, espirituales. Pero cuando convivimos —cuando compartimos la mesa, el tiempo, el espacio— nos damos cuenta de lo difícil que es amar de verdad.

Vamos por la vida hiriendo con palabras, con actitudes, con silencios, como puercoespines que se defienden clavando sus púas. Nos lastimamos sin querer… o queriendo.

Y aquí está la contradicción: no podemos adorar al que está sentado en el trono, si no toleramos al que está sentado a nuestro lado.

Hoy debemos tomar la decisión de guardar nuestras púas.
Guardar las púas no es negar lo que sentimos, es permitir que el amor sea más fuerte que nuestra reacción.

Amar no es sentir bonito. Amar es decidir guardar las púas.
Decidir no responder igual.
Decidir escuchar más de lo que hablamos.
Decidir no ganar la discusión, sino cuidar la relación.
Tal vez esta Navidad no podamos cambiar a los demás, pero sí podemos decidir cómo vamos a sentarnos a la mesa.

13/12/2025

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

En nuestro peregrinar cristiano no somos transformados de golpe, sino día a día, mientras caminamos con Dios, acercándonos poco a poco a la persona que Él tenía en mente cuando nos creó.

La oración y la lectura de las Escrituras son importantes —Dios las usa para nutrirnos—, pero por sí solas no garantizan una vida transformada.

En el centro de un alma que realmente crece deben habitar el amor y la paz de Dios.
Porque cuando vivimos desde el amor, crecemos.

Recuerda: lo más importante no es lo que hacemos, sino en quién nos estamos transformando mientras caminamos.

Un mensaje retador.

13/10/2025

Muchos cristianos, en el afán por lograr la aceptación de los demás, vamos por la vida siendo impostores, ocultando nuestras heridas por miedo y vergüenza al rechazo o al abandono. Pero lo único que se logra al no ser auténtico, es que nuestra oscuridad interior no pueda ser iluminada, ni pueda convertirse en una luz para los demás. Dios no puede amar al “falso yo”. Debemos darle gloria al Creador, simplemente siendo fieles a uno mismo; y para eso, debemos comenzar por definirnos, radicalmente, como hijos amados por el Padre. Ese es nuestro verdadero yo. Cualquier otra identidad es una ilusión.

“Dios no se asusta de tus desilusiones. Él las quiere sanar.”No le temas a hablar con Dios de lo que te dolió.De lo que ...
08/10/2025

“Dios no se asusta de tus desilusiones. Él las quiere sanar.”
No le temas a hablar con Dios de lo que te dolió.
De lo que hiciste, de lo que no hiciste, y de lo que te hicieron.
Él no se sorprende.
Cuando escondemos la desilusión, se convierte en veneno.
Pero cuando la entregamos a la cruz, se transforma en esperanza.
Habla con Él a corazón abierto.
Él no solo quiere escucharte… quiere sanarte.

“La lluvia no cambió… nosotros sí.”A veces la vida nos golpea tan fuerte que ya no vemos la lluvia igual.Antes nos mojáb...
07/10/2025

“La lluvia no cambió… nosotros sí.”
A veces la vida nos golpea tan fuerte que ya no vemos la lluvia igual.
Antes nos mojábamos sin miedo, ahora buscamos dónde escondernos.
Pero la lluvia sigue siendo la misma: sigue cayendo, sigue limpiando, sigue dando vida.
El problema no está en la lluvia, sino en las heridas que no hemos sanado.
Deja que Dios te vuelva a enseñar a disfrutar la lluvia.
Romanos 5:3–5 Nos alegramos con la esperanza de un día reflejar plenamente la gloria de Dios.
Y no solo eso: también encontramos gozo en medio del dolor, porque entendemos que el sufrimiento no es inútil, sino que nos forma.
El dolor nos enseña a resistir, la resistencia forja un carácter firme, y ese carácter nos lleva a una esperanza más profunda.
Una esperanza que jamás decepciona, porque está sostenida por el amor de Dios derramado en nuestro corazón.

Dirección

Ejido Francisco Villa
San Fernando Centro
85620

Horario de Apertura

10am - 1pm

Teléfono

+528681014384

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Iglesia de francisco villa publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Lugar De Culto

Enviar un mensaje a Iglesia de francisco villa:

Compartir

Categoría