10/04/2026
Cómo cada jueves nos reunimos para adorar a Jesús Eucaristía...."Aleluya ha resucitado".
La irrupción de Cristo resucitado y el resurgimiento dinámico de la comunidad son los dos aspectos de la pascua que celebramos. Después de Semana Santa ha comenzado una nueva semana en la historia de la humanidad -semana definitiva-, y estamos en su primer día: el día del Señor. Esta es la importancia y el significado del domingo, día del Señor, un día distinto de los demás porque significa el comienzo, la génesis de algo nuevo y distinto.
La resurrección de Jesús se hace cierta y creíble en y por la Iglesia, que es la comunidad creyente. Sin una auténtica vida comunitaria la resurrección será cierta, pero no será creíble. Por lo que hay una relación de correspondencia entre la fe de la Iglesia y la credibilidad de la resurrección.
Se requiere una auténtica vida de comunidad para que los demás puedan creer y experimentar a Cristo vivo y resucitado. Si la comunidad es mejor, si la comunidad cambia, si la comunidad acoge a sus miembros y si los ayuda a crecer, si la comunidad irradia el espíritu de Jesús, entonces será posible creer en el resucitado.
Al considerar la tragedia que vivieron los apóstoles, cabe preguntarse: ¿Cómo se le hace para seguir creyendo, sobre todo cuando ha habido fracasos y dificultades? ¿Cómo le hicieron los discípulos para seguir creyendo cuando les habían matado a su Maestro? En medio del miedo y la desilusión se mantuvieron unidos. La comunidad, reunida en torno a María Santísima, sostuvo la fe de los hermanos, especialmente en los momentos de oscuridad, crisis y peligros.
La presencia de Cristo resucitado hace posible que los hermanos den el gran testimonio de caridad y fraternidad: “Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran dueños de bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido entre todos, según las necesidades de cada uno… Alababan a Dios y toda la gente los estimaba”.
El fundamento de la fe pascual está en la comunidad creyente que sigue dando testimonio alegre de Jesucristo, como los apóstoles cuando le decían a Tomás con emoción: “Hemos visto al Señor”. El Señor vive y está en la comunidad creyente, y sólo hace falta que la comunidad sepa transparentar y hacer perceptible en sí misma la presencia del Señor. (PP. Francisco)