23/07/2026
Las tres preguntas más importantes de la vida cristiana
Desde que nacemos buscamos respuestas: ¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí? ¿Hacia dónde va mi vida? El mundo suele responder con el éxito, el dinero o la aprobación de los demás, pero esas respuestas cambian con el tiempo. Dios, en cambio, nos da una verdad que permanece para siempre.
•¿Quién soy?
No eres un accidente ni un simple resultado del azar. Fuiste creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27) y, por el Bautismo, has sido hecho hijo(a) suyo (Jn 1,12). Tu dignidad no depende de tus logros, de tus errores ni de la opinión de los demás; depende del amor con el que Dios te creó y del llamado que te hace a vivir en santidad.
•¿A dónde voy?
Nuestra vida en la tierra es un peregrinar. No fuimos creados para quedarnos aquí para siempre, sino para alcanzar la vida eterna. Cristo abrió las puertas del Cielo con su muerte y resurrección, y Él mismo nos dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Nuestro verdadero destino es vivir eternamente en comunión con Dios.
•¿Cómo llego?
No caminamos solos. Dios nos ha dejado los medios necesarios para alcanzar la meta: escuchar su Palabra, perseverar en la oración, vivir los sacramentos, practicar la caridad y convertirnos cada día. La santidad no consiste en no caer nunca, sino en levantarse siempre con la gracia de Dios y seguir caminando detrás de Cristo.
Cada decisión que tomamos nos acerca o nos aleja de nuestro destino eterno. Por eso vale la pena preguntarnos con frecuencia: ¿Estoy viviendo como hijo(a) de Dios? ¿Voy caminando hacia el Cielo? ¿Estoy siguiendo realmente a Jesús?
Que estas tres preguntas no sean solo una reflexión, sino una guía para nuestra vida diaria.
«Nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo.» (Flp 3,20)