24/12/2025
Buenos días
Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.
La Palabra se cumplió, se cumple y se cumplirá. Lucas 24:7
Navidad en el Corazón
«Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor». (Lucas 2:10-11)
Este mensaje ha sido preparado especialmente para ti.
La Navidad no es simplemente un evento en el calendario; es, ante todo, un estado del alma. Al observar este bastón de dulce, descubrimos que su diseño no es producto del azar, sino una invitación a recibir el regalo más sublime de la historia y a entregar a Dios lo más valioso que poseemos: nuestra propia vida. Como afirma la Escritura en Santiago 1:17: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto»; hoy recordamos el don más perfecto de todos: Jesucristo.
Si Jesús llamara hoy a la puerta de su corazón, ¿encontraría un lugar dispuesto para recibirlo, o se hallaría este saturado por las preocupaciones cotidianas?
Al reflexionar en esto, comprendemos que la Navidad adquiere su verdadero sentido cuando aplicamos su Palabra. Por lo tanto, descubramos a través de este sencillo símbolo cuatro verdades fundamentales que nos conducirán a recibir su salvación y a consagrarle nuestro ser.
1. Acepta al Buen Pastor (La salvación) El bastón posee la forma de una «J», en referencia a Jesús, y de un cayado de pastor. Él descendió del cielo con el propósito de buscar aquello que se había extraviado.
o : «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas» (Juan 10:11).
o El primer paso para experimentar la Navidad en el corazón es reconocer nuestra necesidad de Cristo. Él conoce tu nombre y desea guiarte hoy hacia su paz.
2. Limpia nuestra vida (La santidad) El color blanco simboliza la pureza de Cristo. Él es el único capaz de ofrecernos una vida renovada y libre de mancha.
o «Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos» (Isaías 1:18).
o Consagrar la vida implica permitir que Jesús limpie nuestro interior. Que su pureza transforme tus pensamientos y te otorgue un nuevo comienzo en este día.
3. Acepta su regalo de amor (La entrega) Las franjas rojas representan la sangre que Jesucristo derramó en la cruz. No existe salvación sin sacrificio, ni redención sin entrega.
o «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8).
o Así como Él se entregó por nosotros, hoy podemos decidir vivir para Él. Aceptar ese regalo de salvación es responder a ese amor, encomendando nuestra vida, anhelos y proyectos a su soberana voluntad.
4. Endulza nuestro entorno (El testimonio) Cuando Cristo mora en nosotros, nuestra existencia adquiere un matiz distinto, colmado de gracia y bondad.
o «Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él» (Salmo 34:8).
o Que tu vida consagrada a Él sea el testimonio que brinde «dulzura» a quienes te rodean. Lleve este mensaje de esperanza con mucho amor, demostrando que Jesús es el motivo de tu alegría constante.
Llevar la Navidad en el corazón significa aceptar que Jesús nació para salvarnos y decidir vivir cada día para honrarle. Como está escrito en Apocalipsis 3:20: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él».
Estas verdades solo trascienden cuando las hacemos propias. Si Jesús aún no ha nacido en tu corazón, hoy te invito a tomar esa decisión que trasciende para la eternidad. Pero si ya le has invitado, y por alguna razón no has permitido que Él te guíe, hoy es el tiempo oportuno para consagrar tu vida. Te invito a que juntos realicemos la oración según la decisión que hoy dicte tu corazón; el Señor te escucha y conoce tu intención más sincera.
Señor Jesús, hoy reconozco mi necesidad de ti. Agradezco que seas mi Buen Pastor y que hayas dado tu vida en la cruz para limpiar mis pecados. Te recibo hoy como mi Salvador y te entrego mi vida entera para que la guíes y la santifiques. Que mi corazón sea tu pesebre hoy y siempre.
Amén.
Que Dios te bendiga y guarde en este hermoso y bendecido día.