Centro de Avivamiento Movimiento Radical Reynosa

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21/08/2023

100 CONSEJOS PARA CAMBIAR SU MANERA DE PENSAR

15-Primero el sufrimiento

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
—1 PEDRO 5:10

“¿Por qué tenemos que sufrir?”, o: “¿Si Dios verdaderamente nos ama, por
qué todas las cosas malas nos suceden a nosotros?”.

Escucho esas preguntas a menudo. Durante miles de años, personas más listas que yo han luchado con esas preguntas, y, aun así, todavía no han descubierto las respuestas. Yo ni siquiera trato de responderlas.
No obstante, hago un comentario: “Si Dios solamente nos bendijera después de volvernos creyentes—si les quitara los sufrimientos, las dificultades y los problemas a los cristianos—, ¿no sería una manera de sobornar a las personas a que creyeran?”.

Esa no es la manera en la que Dios obra. El Señor quiere que vengamos a Él por amor y porque sabemos que los necesitamos, tanto, que solamente Él puede llenar esas necesidades por nosotros.

La realidad es que desde el momento del nacimiento hasta que vayamos a casa a estar con Jesús, sufriremos a veces.
Algunos tienen comisiones más difíciles que otros, pero el sufrimiento sigue siendo el sufrimiento.

También creo que cuando las personas nos ven recurrir a Dios en nuestras dificultades y ven nuestras victorias, se convierten en testigos de ello. Ese testimonio puede no siempre hacerlos volverse a Cristo, pero sí muestra la presencia de Dios en nuestra vida y los hace estar al tanto de lo que se están perdiendo.
Así es, sufriremos.

El otro día tuve un pensamiento nuevo: el sufrimiento da como resultado acción de gracias. Cuando nuestra vida se torna caótica y no sabemos qué hacer, acudimos al Señor por ayuda, y Él responde nuestras oraciones y nos libera. Dios nos habla y nos consuela. Y el resultado es que estamos agradecidos.

El tiempo entre el sufrimiento y la acción de gracias es cuando el diablo verdaderamente ataca nuestros pensamientos. Quizá comience diciéndole:
“Si Dios realmente te amara no tendrías que pasar por esto”.

Es una manera sutil de decirnos que servir a Dios es inútil. La verdad es que si somos creyentes tendremos problemas; todos tendremos problemas, incluso si no somos creyentes. Pero como creyentes, también tenemos victorias. Como creyentes en Jesucristo, podemos tener paz en medio de la tormenta. Podemos disfrutar nuestra vida durante las dificultades porque verdaderamente creemos que Dios está obrando a nuestro favor.

El siguiente ataque de Satanás es susurrar: “No va a mejorar. Has servido a Dios para nada. Ves, esto es lo que pasa cuando realmente necesitas ayuda y confías en Dios. Él no se preocupa por ti. Si así fuera, ¿por qué te permitiría sufrir?”.

Es en este momento en que tenemos que permanecer firmes. Podemos obtener valentía de la historia de Job. Pocos de nosotros hemos sufrido como él: perdió a sus hijos, sus posesiones y su salud. Los que lo criticaban lo acusaron de hipocresía y de engaño.

Como conocemos la manera en la que opera el diablo, nos damos cuenta de que sus supuestos amigos eran herramientas de Satanás.
“Estoy seguro de que ellos no se dieron cuenta de que estaban siendo usados por el diablo para desanimar a Job”.
Pero solo porque no estaban al tanto no significa que Satanás no los haya usado.
No obstante, Job, un hombre justo, se rehusó a escucharlos.

Dijo: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15). Se rehusó a permitirle a Satanás que atacara su mente y lo hiciera cuestionar a Dios. No entendía lo que Dios había hecho. No hay indicación de que Job haya entendido. Pero hay algo que sabemos, Dios estaba con él y nunca dudó del amor y la presencia de Dios.

Esa es la actitud que queremos; esa calmada seguridad del amor de Dios que dice:
“Aunque él me matare, en él esperaré”. No tenemos que entender o explicar. De hecho, lo he escuchado expresado en esta manera: “La obediencia es obligatoria; el entendimiento es opcional”.

Finalmente, si sufrimos, bien podría ser un poderoso recordatorio de que estamos andando los mismos caminos que algunos de los mayores santos de Dios. Incluso en la época de Pedro, sufrían. En su caso era por la persecución romana; en nuestro caso quizá sea por personas que no nos comprenden o familiares que se vuelven en nuestra contra. No obstante, el sufrimiento puede y debería terminar en acción de gracias.

Oración:
Mi Amo y mi Dios, perdóname por siempre querer la vida fácil. Reconozco que no quiero sufrir, y no me gusta cuando las cosas no salen bien. Pero te pido que me ayudes a tener una buena actitud y a confiar en que sacarás algo bueno de ello. Te pido esto en el nombre de Jesucristo. Amén.

04/08/2023

100 CONSEJOS PARA CAMBIAR SU MANERA DE PENSAR

10.- Conocidos por nuestro fruto

[Jesús dijo:] O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. —MATEO 12:33–34

Una mujer a la que llamaré Dorothy sabía más acerca de la iglesia y de cada miembro y de los visitantes que nadie más. Era bastante conocida como la chismosa de la iglesia.

“Lo buena de ella—dijo un amigo—es que no tiene prejuicios...porque habla de todos—se rio, y también añadió—: Probablemente entre al cielo, pero Dios va a tener que cortarle la lengua primero”.

Un día mientras estaba cerca de la puerta principal escuché a Dorothy hablar con varias personas acerca de uno de los diáconos: “Pero no me corresponde juzgarlo”, dijo. El veneno se escurría por su boca, y continuó mencionando a varios otros. Por supuesto, a todos los criticó.
La escuché y me di cuenta de algo. Ella solamente estaba diciendo lo que ya estaba en su corazón. Eso es obvio, pero entendí algo más. Dorothy se criticaba tanto a sí misma, y estaba tan a disgusto con ella misma que ¿cómo podría hablar bien de los demás?

Con demasiada frecuencia las personas prometen que hablarán mejor de los demás y que chismearán menos. Realmente lo intentan, pero nada cambia. Esto sucede porque están tratando de cambiar sus palabras sin cambiar sus pensamientos. Esa es una solución equivocada, porque comienzan en el extremo contrario.

Lo que necesitan hacer es echar una mirada hacia adentro y preguntarse: “¿Qué está pasando dentro de mí?”.

Jesús dijo: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Mientras consideraba esas palabras sentí una profunda compasión por Dorothy. Le había permitido a Satanás que llenara su mente con ásperos pensamientos de crítica. Ella no hablaba mucho de sí misma, pero estoy seguro de que se criticaba a sí misma por completo, al igual que a los demás, y cuando hablaba, las palabras malas salían de su boca.

Jesús dijo que el árbol se conoce por su fruto. Lo mismo es verdad de nuestra vida. Todo comienza con un pensamiento. Si permitimos que los pensamientos poco amables llenen nuestra mente, darán fruto. Si moramos en lo malo, produciremos fruto malo.

Al observar a las personas, es fácil ver el fruto de su vida. Pueden mostrar ya sea un fruto bueno o malo. Es así de sencillo. Pero el fruto es el resultado de lo que está sucediendo en el interior. Podemos aprender mucho del carácter de una persona simplemente escuchando su conversación. Entre más amorosas sean nuestras palabras y acciones hacia otros, más amorosos y amables serán nuestros pensamientos.

Si creo que Dios verdaderamente me ama, y si disfruto una comunión diaria con Él, estoy plantando buenas semillas en mi propio corazón. Entre más buenas semillas plante, más buen fruto produciré. Entre más piense en pensamientos amorosos, más veré a los demás como amables y amorosos.
“Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Las palabras amables o de crítica no solo nos vienen a la mente; salen de nuestra boca porque las hemos alimentado en nuestra mente. Entre más nos abrimos a los pensamientos positivos y amorosos del Espíritu, entre más oramos y leemos la Palabra de Dios, más fruto producimos en el interior, y ese buen fruto se muestra por sí solo en la manera en que nos comportamos con los demás.

Oración:
Querido amoroso y perdonador Dios, te pido que me perdones por todas las cosas ásperas que he dicho de otras personas. También perdóname por permitir que pensamientos ásperos llenen mi mente; acerca de mí mismo o de otros. Sé que no me puedo hacer más amoroso, pero tú sí puedes hacerlo. Por favor, ayúdame a enfocarme en pensamientos saludables y positivos, porque te lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

30/07/2023

100 CONSEJOS PARA CAMBIAR SU MANERA DE PENSAR

7.- El juego de echarle la culpa a los demás

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.
—1 CORINTIOS 10:13

Hace años, la frase cómica favorita de un comediante era: “El diablo me
hizo hacerlo”.
La audiencia reía a carcajadas. ¿Por qué se reía tan fuerte la gente? ¿Era porque querían que fuera cierto? ¿Querían ser absueltos de la responsabilidad de sus acciones por señalar como culpable a una fuerza externa? Siempre es fácil culpar a alguien más o a fuerzas externas de nuestras acciones.

Todo el tiempo escuchamos a personas que nos dicen: “Mi padre nunca me dijo una palabra amable”, “Mi primo abusó de mí”, “La gente del vecindario me despreciaba porque usaba ropa vieja y remendada” y: “Nunca tuve dinero de chico, así que ahora en el momento en que llega mi sueldo, desaparece”.

Esas declaraciones son probablemente ciertas, y quizá expliquen la razón por la que sufrimos. Esas son situaciones terribles, y es triste que la gente tenga que pasar por un dolor semejante en su vida.

No obstante, no tenemos el derecho de culpar a otras personas o a las circunstancias por nuestro comportamiento. No podemos usarlas como una excusa para permanecer en cautiverio.
Cristo vino a liberarnos.

En el epígrafe de este capítulo, Pablo aclara que todos nosotros tenemos nuestro propio conjunto de tentaciones y que, para cada uno de nosotros, las circunstancias pueden ser diferentes. Pero la promesa que da Dios es la certeza de una ruta de escape, sin importar nuestras circunstancias. Se nos brinda el escape, pero debemos utilizarlo.

En las noticias matutinas, apareció un restaurante que se había incendiado. El reporte decía que durante el incendio una mujer se había quedado parada a veinte pies [seis metros] de distancia de la salida trasera, pero que no se movía. Solamente estaba allí gritando. Un compañero de trabajo corrió de vuelta al interior y la tomó fuertemente del brazo. Ella se resistió, pero él finalmente se las arregló para sacarla.

¿No es así como algunas veces sucede con el pueblo de Dios? Conocemos la vía de escape, pero al parecer nos quedamos paralizados. O culpamos a alguien o a algo por nuestra incapacidad para movernos. O bien, pensamos: Aquí viene otra vez. Sé que debería aprender cómo tratar con estas situaciones, pero voy a ceder como siempre he cedido. Me siento demasiado débil para tratar con esto justo ahora.

Nuestra debilidad es una de nuestras mayores excusas. Posiblemente seamos débiles, pero Dios es fuerte, y Él está dispuesto a ser nuestra fortaleza.
Si confiamos en Él y tomamos los pasos de fe necesarios, nos ayudará a liberarnos de nuestras ataduras.

Lo que necesitamos entender es que Satanás toma nuestras circunstancias—sin importar cuáles sean—y las usa para desarrollar fortalezas en nuestra vida. El diablo utilizará lo que pueda: nuestro sentir de debilidad, nuestros problemas de la ñ infancia o las cosas equivocadas que hicimos cuando teníamos doce años. Si el diablo puede oscurecer nuestra mente y hacernos pensar que no hay posibilidad de que ganemos, hemos perdido.

Necesitamos seguir recordándonos que servimos a un Dios victorioso, quien nos ha provisto las armas espirituales que necesitamos para destruir las fortalezas del diablo.

Una cosa más: cuando cedemos a la tentación, ¿no estamos diciendo sutilmente que Dios no es capaz de ayudarnos? Parecer ser que no disfrutamos de responsabilizarnos por completo de nuestras acciones—o en muchos casos, de nuestra falta de acción—, pero necesitamos hacerlo. Necesitamos dejar de sentir autocompasión, de culpar a otros y de ignorar las situaciones.

Necesitamos creer en la promesa de Dios que declara que Él es fiel y que siempre nos liberará con abundante tiempo de sobra.

No necesitamos vivir en temor, sintiendo siempre que nuestros problemas son demasiado para que los manejemos. Debemos tener una actitud “yo sí puedo”. Una que diga: “Puedo hacer lo que se necesite en el momento que se necesite”.

Algunas veces incluso somos tentados a culpar a Dios por nuestros problemas, pero debemos recordar las palabras citadas anteriormente: “...pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir...”.

Esa es la promesa de Dios, y Él pone su reputación en la línea con esa promesa. Dios nunca nos abandona ni nos deja indefensos. Podemos ser como la mujer que gritaba, pero que no se movía. O podemos decidir decir: “¡Miren! ¡Allí está la puerta de escape! ¡Gracias por proveerla!”.

Nuestros problemas son personales y, con frecuencia, internos.

Tienen que ver con nuestros pensamientos y con nuestras actitudes.

Los resultados son que la conducta externa fluye de esos pensamientos y actitudes.

Si mantenemos nuestra mirada dirigida hacia Jesús, y si escuchamos su voz, sabemos que siempre hay una ruta de escape para nosotros.

Oración:
Padre Dios, perdóname por culparte a ti, a mis circunstancias o a otras personas por mis fracasos. Tú eres el que abre camino para mí en cada tentación. Voy a confiar en ti para destruir las fortalezas del diablo en mi mente, en el nombre de Jesús. Amén.

28/07/2023

100 CONSEJOS PARA CAMBIAR SU MANERA DE PENSAR

6.- Corrientes subyacentes

[Jesús dijo:] El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.
—LUCAS 4:18–19

Testimonio:
Mi esposo Dave y yo hemos estado activos en la iglesia durante mucho tiempo.
En la iglesia, teníamos unas sonrisas resplandecientes y nos relacionábamos bien con los demás miembros de la iglesia.
Estoy segura de que pensaban que éramos la pareja ideal. Pero no éramos ideales.
Teníamos un matrimonio plagado de contiendas; y eso se veía en casa.
Cuando llegábamos a la iglesia, dejábamos a un lado la contienda un rato.
Después de todo, no queríamos que nuestros amigos supieran cómo eran las cosas en casa a puertas cerradas.
Dave y yo teníamos una contienda constante; pero la contienda no siempre es una guerra abierta.
La contienda es parcialmente definida como una corriente subyacente de enojo.
Reñíamos y discutíamos en ocasiones, pero también con frecuencia aparentábamos que todo estaba bien entre nosotros.

Ahora veo en retrospectiva y creo que no caíamos en cuenta plenamente de que teníamos un problema.
La Biblia nos enseña que hablamos de lo que tenemos en abundancia en el corazón.
Si solamente hubiéramos escuchado lo que decíamos acerca del otro, y al otro, nos habríamos dado cuenta de que algo andaba mal.

Por ejemplo, hacíamos chistes públicamente el uno del otro: “Ella cree que es la que manda—decía Dave—. Quiere lo que quiere y me persigue hasta obtenerlo. Joyce quiere controlar todo y a todos”. Entonces hacía una pausa para besarme en la frente y sonreír.
“No creo que Dave escuche muy bien que digamos—decía yo—. Casi siempre le tengo que pedir cuatro veces que saque la basura”. Sonreía y se suponía que todos sabían que era una broma.

No todos identificaban las corrientes subyacentes, pero ahí estaban.

Los que nos visitaban con frecuencia finalmente veían todavía más caos y enojo subyacente.
Pero sonreíamos y decíamos: “Solo estoy bromeando”, cuando nos criticábamos, así que ¿cómo podría existir un problema real?
Cuando la atmósfera en casa es terrible, al diablo le encanta.

La división es su meta y lamentablemente, con frecuencia lleva las de ganar en esa situación. Le encanta cuando la gente aparenta y nadie en la familia de hecho enfrenta los problemas. Eso es ideal para las potestades de maldad. Satanás habría continuado ganando si Dave y yo no hubiéramos descubierto los peligros de la contienda y hubiéramos enfrentado la verdad acerca de nosotros mismos.

Tuvimos que vernos a nosotros mismos y admitir cómo le habíamos fallado a Dios y el uno al otro. Necesitábamos reconocer que nuestras sonrisas y bromas solamente enmascaraban el dolor.
Si Dave y yo íbamos a derrotar los ataques del diablo, teníamos que realizar cambios drásticos. Teníamos que luchar contra las corrientes subyacentes y traer las tinieblas a la luz.

Este es el mismo mensaje para todos nosotros.

Necesitamos abrirnos a la Palabra de Dios y ver nuestros fracasos y fallas. Necesitamos ser capaces de decir: “Me he estado equivocando”.

Tanto Dave como yo habíamos desarrollado un mal hábito—lo voy a decir todavía más fuerte—: Satanás había hecho incursiones en nuestra mente. Habíamos estado justificando nuestro comportamiento y culpándonos el uno al otro por nuestros problemas. Necesitábamos que se nos mostrara el error de nuestros caminos y, gracias a Dios, nos los mostró.

Tuvimos que estudiar la Palabra de Dios extensivamente, y ambos tuvimos que estar dispuestos a humillarnos con el fin de que la atmósfera de nuestra casa cambiara de riñas, discusiones, desacuerdos acalorados y de una corriente subyacente de enojo a una de paz y gozo.
El Espíritu Santo trabajó con nosotros, y ahora disfrutamos paz.

Nos respetamos y tratamos de usar buenas maneras tanto en privado como en público.
Finalmente dejamos de escuchar las mentiras de Satanás.

Comenzamos a usar las armas de la Palabra de Dios, la alabanza y la oración y hemos experimentado una gran victoria sobre las fortalezas que una vez existieron en nuestra mente.

Oración
Señor Jesús, estoy tan contento de que hayas venido a liberar a los oprimidos. Gracias por ayudarme a caer en cuenta de que mi opresión proviene de Satanás y por proveerme las armas de tu Palabra y la oración que puedo usar para liberarme de las poderosas garras del diablo. Te pido, Señor Jesús, que permanezca libre tanto ahora como para siempre. Amén.

26/07/2023

100 CONSEJOS PARA CAMBIAR SU MANERA DE PENSAR

5.-Conozca la verdad
[Jesús dijo:] Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
—JUAN 8:31–32

En el libro El campo de batalla de la mente, se habla del marido de Maria, Juan, una persona de bajo perfil. Era un hombre que había sido maltratado verbalmente por su madre y era molestado por sus compañeros de juego en la niñez. Odiaba la confrontación y no podía enfrentar la fuerte voluntad de Maria. A su propio modo, se podía decir que Juan era un prisionero tanto como su esposa. Él la culpaba; ella lo culpaba a él, y aquí volvemos a ver los caminos engañosos de Satanás de nuevo.
Juan estaba convencido de que no valía la pena enfrentar a nadie; de todos modos iba a perder. Él pensaba que la única manera de ir por la vida era ser tranquilo y aceptar lo que sucediera.

Juan también creía otra mentira del diablo: que no era verdaderamente amado por Dios. ¿Cómo podría serlo? No era digno de ser amado. Ya que se sentía así, había creído las mentiras del diablo. “Sentía como si Dios le estuviera diciendo al mundo: ‘Cree en Jesús y serás salvo’. Entré en cierto tipo de oferta o paquete que Dios me ofrecía, pero nunca sentí que fuera digno de ser amado”.

Esa es una de las mayores mentiras de Satanás: “No eres nadie. No vales nada”. Si el enemigo de su mente lo puede convencer de que usted es demasiado malo o de muy poca dignidad, ha establecido una fortaleza en su mente.

Aunque Juan era cristiano, su mente había sido aprisionada por su enemigo. Juan tuvo que aprender que Él es importante para Dios. Durante mucho tiempo no supo la verdad. Su madre no le había dicho que fuera bueno, digno o un hijo de Dios. Sus amigos no lo alentaban, y en los primeros años de su matrimonio con Mary sus críticas lo convencieron todavía más de que era un fracaso sin esperanza.

Juan necesita saber que es amado, y que es tan valioso para el Reino de Dios como Pablo, Moisés o cualquier otro. Jesús se preocupa por él, y está con él. Para que Juan gane esta batalla y derribe las fortalezas mentales que el diablo ha construido, necesita conocer la verdad. Jesús dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31–32).

Juan ha ido conociendo la verdad a medida que lee la Palabra de Dios, ora y medita en lo que dice. También aprende a medida que aplica la Palabra de Dios a su vida diaria y tiene la experiencia de verla funcionar como Jesús dijo que lo haría. La experiencia con frecuencia es la mejor maestra. He aprendido de la Palabra de Dios y de las experiencias de la vida que la Palabra de Dios está llena de poder y que destruirá las fortalezas que Satanás ha edificado en nuestra mente.

Usted no puede ser libre a menos que conozca que todas las armas para la guerra están disponibles para usted y que puede aprender a usarlas.

A medida que aprenda a resistir a Satanás y a llamarlo un mentiroso, su vida cambiará dramáticamente para bien.

Oración
Señor Dios del cielo, recuérdame que soy importante para ti y que soy amado por ti, incluso si no me siento amado. Ayúdame a descubrir que soy tan importante para ti como cualquier otro cristiano y que me amas tanto como los amas a ellos. Te agradezco en el nombre de Jesucristo. Amén.

25/07/2023

100 CONSEJOS PARA CAMBIAR SU MANERA DE PENSAR

4-Las mentiras del diablo

[Jesús dijo:] Ustedes son de su padre el diablo, y quieren cumplir con los deseos de su padre, quien desde el principio ha sido un homicida. No se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de lo que le es propio; porque es mentiroso y padre de la mentira.
—JUAN 8:44, RVC

El diablo miente. De hecho, el diablo no sabe cómo hablar la verdad.

La mayoría de los cristianos lo saben; y, no obstante, todavía escuchan sus palabras malignas.

Algunas veces las mentiras al parecer entran a nuestra mente sin razón aparente; algunas veces, Satanás incluso nos habla a través de otras personas. Pone crítica o algo que nos pueda ofender en su mente, y ellas nos lo dicen para que lo escuchemos.

Si escuchamos y aceptamos lo que escuchamos, nuestro enemigo se regocija. Si escuchamos la información engañosa que hemos recibido el tiempo suficiente, nos encontraremos enfrentando problemas serios.

En lugar de escuchar y absorber las medias verdades y los engaños satánicos, usted puede observar lo que hizo Jesús y seguir su ejemplo.

Después de ayunar durante cuarenta días en el desierto, Satanás lo tentó tres veces.

Cada vez, derrotó al diablo declarando: “Escrito está”, y citando la Palabra de Dios. No es maravilla que el diablo haya huido de Él (vea Mateo 4:1–11).

Apréndase la verdad de la Palabra de Dios, y cada vez que Satanás le mienta, cítele de vuelta una escritura. ¡Aprenda a responderle al diablo!

Demasiadas personas no saben cómo usar la Palabra para derrotar las mentiras de Satanás. Muchas personas, incluso los cristianos, al parecer, no caen en cuenta de que pueden rehusarse a escuchar esa voz. Demasiadas personas no se dan cuenta de que el diablo ataca su mente con pensamientos negativos o equivocados.

Su naturaleza es mentir; su propósito es esclavizar a todos.

Aliento a las personas a caer en cuenta de que no están solas en sus batallas espirituales; su mente no es la única que está bajo ataque. Satanás viene en contra de todos. Su meta entera es hurtar y matar y destruir; pero Jesús vino para que tengamos y disfrutemos vida, y vida en abundancia (vea Juan 10:10).

Al volvernos más conscientes de las armas espirituales que el Señor ha puesto a nuestra disposición y al aprender cómo usarlas, podemos obtener la victoria.

Podemos destruir las fortalezas que el diablo ha construido en nuestra mente. La Biblia nos dice que cuando conocemos la verdad, la verdad nos hace libres de las fortalezas de Satanás (vea Juan 8:32).

En la ilustración de Mary mencioné que el diablo le había susurrado por años que todos los hombres eran iguales y que querían lastimar a las mujeres y aprovecharse de ellas. A medida que Mary leía la Biblia y oraba con más eficacia, aprendió que había sido el diablo quien la había estado manipulando. Ahora ella sabe que puede ser libre.
A medida que Mary desarrolla su relación con Dios, se está equipando para ganar la batalla de su mente. Está aprendiendo más acerca de Dios y más acerca de cómo orar con eficacia.

“Jesús se ha convertido en mi amigo”, dijo Mary. Ella lo había conocido como su Salvador y lo había adorado como Dios, pero esta era una nueva revelación para ella. Un día ella leyó Hebreos 2:18 bajo una luz totalmente nueva. Dice de Jesús: “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”.

Ese pasaje vino a la vida de Mary porque ella vio a Jesús no solamente como Dios, sino como su amigo: uno que sabe lo que es ser tentado y que sabe lo que es sufrir. “Yo sabía que había mu**to en la cruz, pero no había pensado en todo el dolor que sufrió por mí. Darme cuenta de que entiende mi dolor y mis problemas fue un pensamiento nuevo para mí”.

Mary también dice que cuando vienen a su cabeza pensamientos crueles o feos, está aprendiendo a detenerlos. “Jesús no hablaría de esa manera. Jesús no criticaría ni juzgaría, así que ese es el diablo batallando por mi mente”.

Mary no ha ganado todas las batallas, pero ha aprendido cómo pelear contra el gran engañador. Cada vez que ella gana una batalla, la siguiente se vuelve más fácil.

Oración
Dios de todo poder, gracias por darme las armas para derrotar las mentiras del diablo. Ayúdame a siempre usarlas bien. Gracias, Jesús, por ser mi amigo y por estar conmigo en mis dificultades y luchas. Amén.

23/07/2023

100 CONSEJOS PARA CAMBIAR SU MANERA DE PENSAR

3.-Las fortalezas de Satanás

Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.
—2 CORINTIOS 10:4

Una fortaleza es un área en la que somos mantenidos en cautiverio;
cualquier parte de nuestra vida en la que Satanás nos aprisiona.

El diablo hace esto por medio de hacernos pensar en cierta manera; una manera que está basada en las mentiras que se nos han dicho. Mientras creamos cosas que no son ciertas, permaneceremos aprisionados por esas fortalezas. Para disfrutar la libertad, debemos aprender a utilizar las poderosas armas de Dios.

En el libro El campo de batalla de la mente la autora se refiere a Mary, a quien su padre había maltratado y lavado el cerebro, y quien, para cuando llegó a ser adolescente, ya no confiaba en los hombres. No es maravilla por qué ella y su marido enfrentaron tantos conflictos en su matrimonio. Durante años, Satanás le había mentido y ella creyó las mentiras.

Mary no es un caso aislado. Conozco a un hombre llamado Daniel quien es bastante inteligente. De hecho, su familia solía decirle que era el hombre más listo de la ciudad. Dios le había dado una mente buena, pero Satanás usó eso para aprisionarlo. Hasta que conoció a Jesucristo, Daniel creía que era más listo que todos los demás y que era superior a ellos. A causa de este orgullo, era fácil para él ser engañado y pensar más alto de sí mismo de lo que debía. Criticaba y juzgaba a los demás porque sentía que no eran tan brillantes como él creía que era.

Patricia era semejante en cierta manera a Mary, excepto que su padre le decía constantemente que era buena para nada; que no servía y que debería casarse con el primer hombre que quisiera estar con ella. Eso fue exactamente lo que hizo y vivió una vida miserable. Ella sentía que nunca era lo suficientemente buena para nadie.

Mary, Daniel y Patricia estaban atrapados en prisiones distintas, pero Satanás era el carcelero. Los tres vivieron miserablemente hasta que aprendieron lo que Pablo quería decir con “las armas de nuestra milicia”. La Palabra de Dios fue el arma que los liberó. Esa arma se volvió eficaz por medio de predicaciones, enseñanzas, libros, grabaciones en audio, seminarios, pequeños grupos de estudio bíblico y sus propios estudios privados. También aprendieron a recurrir a otras armas espirituales como la alabanza y la oración. Aprendieron que cuando alabamos genuinamente a Dios desde nuestro corazón derrotamos al diablo más rápido que por medio de usar cualquier otra estrategia de batalla.

No vencieron todos los problemas el primer día; fue un proceso lento, pero valió la pena la espera. Patricia más tarde dijo: “Me tomó años quedar aprisionada por las mentiras de Satanás, así que, ¿por qué no darle a Dios abundante tiempo para desarrollar su buen plan en mi vida? Nuestra victoria no es un gran evento único; es un proceso”.
“Entre más me daba cuenta de la facilidad con la que Satanás jugaba con mi mente—dijo Daniel—, más podía resistir en su contra. La verdad de la Palabra de Dios me liberó”.

La alabanza y la oración son armas excelentes que el pueblo de Dios debería utilizar para vencer el poder del maligno. La alabanza nos ayuda a mantener nuestra mente en Dios, en su poder y en las cosas buenas que están sucediendo en nuestra vida. Es una prueba de que creemos que Él puede y quiere ayudarnos.

La verdadera oración refleja una relación con Dios, y muestra que dependemos de Él. Somos sus hijos y Él es nuestro Padre. Cuando oramos, abrimos la puerta para la ayuda de Dios. Le pedimos que libere nuestra mente y que nos dé la victoria sobre las fortalezas de Satanás. Dios responde esas oraciones. De hecho, Dios está más dispuesto a responder nuestras peticiones de ayuda que lo que nosotros estamos de hacerlas. Considere la oración de esta manera: cuando oramos en fe, tenemos un poder tremendo a nuestra disposición.

A medida que entendamos verdaderamente que somos hijos de Dios, obtendremos confianza para usar las armas de nuestra milicia. Las armas están allí. Solamente necesitamos ser instruidos sobre cómo usarlas y ser animados a no rendirnos. Jesús ha prometido estar siempre con nosotros (vea Mateo 28:20).

Podemos ganar con nuestras armas porque son armas espirituales. El diablo pelea una batalla carnal, pero podemos ganar porque tenemos el poder de Dios de nuestro lado.

Precioso Espíritu Santo, enséñame a entender que las armas de nuestra milicia son espirituales y que podemos ganar en contra de cada ataque del diablo. Te lo pido en el nombre de Cristo. Amén.

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